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Mt 10, 26-33

- 01:36 El Evangelio

Jesús enseña a los discípulos a no tener miedo ante la persecución y el sufrimiento. Si al maestro lo persiguieron y terminó muerto en una cruz, de la misma manera cuando los discípulos vivimos en serio nuestro discipulado, es decir, comprometidos con la causa de Jesús, su Reino, de igual manera seremos perseguidos y cosecharemos sufrimientos.

El no temer no nace de una actitud de coraje humano, sino de la confianza en el Padre que es amor y misericordia. Él nunca nos abandona, jamás nos deja solos ante el dolor, ante el sufrimiento a causa de la persecución por dar testimonio de su presencia en el mundo. La confianza en Jesús, el Señor de la historia, que ha vencido al pecado y la muerte, nos ayuda a ser fuertes, a no dejarnos amedrentar por aquellos que viven en la oscuridad y quieren impedir que demos testimonio del amor de Dios.

Si Dios protege a los pájaros del cielo, cuánto más protegerá a sus hijos y a los discípulos de su hijo Jesús. Creer, confiar, esperar, son actitudes del discípulo en el camino de seguimiento de Jesús. No podemos temer a los que matan el cuerpo, a los que puedan con sus maldades e injurias opacar las obras de amor que los cristianos realizamos para gloria de Dios. Poner todo en la manos de Dios, dejar que guíe nuestras vidas, que acompañe nuestros pasos, que proteja nuestras inquietudes y elecciones.

El temor acobarda, paraliza, nos vuelve insensibles al dolor ajeno, nos vuelve autorreferenciales y egoístas. En cambio, el amor nos abre a la comunión con Dios y con los hermanos, nos hace receptores de los gritos de auxilio del prójimo y nos impulsa a la solidaridad.

Es cierto que en nuestra sociedad hay muchos profetas de desesperanza, personas que se esconden detrás de sus críticas altisonantes y que nada hacen por los demás, derrotistas que quieren convencernos de que no vale la pena soñar con un mundo mejor, que las personas podemos ser mejores, que aún en la aflicción se puede seguir soñando, esperando nuevos cielos y nueva tierra. Frente a ese clima, Jesús nos dice “No tengan miedo”, confíen en el Padre Dios y en mí”, yo estaré todos los días junto a ustedes hasta el fin de los tiempos. La certeza de que Jesús camina con nosotros nos hace fuertes en la confianza, y suplicantes en el dolor. No podemos temer, a nada ni a nadie, sólo el amor puede ayudarnos a confiar, a encauzar nuestros pasos hacia la verdad, el bien y la belleza.

Conclusión

El mundo necesita cristianos valientes, personas capaces de amar, de no dejarse asustar por las críticas de quiénes nada hacen y todo cuestionan, discípulos a la escucha de la Palabra de Dios y de la necesidad del hermano, servidores con un corazón generoso, que todo lo den, sin esperar nada a cambio, que no teman hacer el bien y vivir en la verdad, solidarios con los que sufren y amigos de los que el mundo desprecia. Así, con su testimonio, harán posible que la “luz” de Jesús siga brillando y dando calor al mundo. l


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