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Lenguaje inclusivo sí o no, en la opinión de los expertos

La irrupción del concepto “lenguaje inclusivo” ha generado, y lo sigue haciendo, innumerables voces a favor y en contra. En el día a día se escuchan posiciones que condenan los argumentos de uno y otro lado. EL LIBERAL reúne las opiniones de cuatro expertos en temas relacionados con la lengua. A cada cual les efectuamos ocho preguntas con la libertad de responderlas a todas o sólo aquellas que consideraran pertinentes. El objetivo es acercar a los lectores los fundamentos sobre los cuales apoyan su postura y, enriquecer con ello el debate que de seguro continuará produciéndose en todos los ámbitos.

- 01:20 Santiago

OCHO PREGUNTAS

1_ Desde su perspectiva, ¿por qué cree que nació el lenguaje inclusivo?

2_ El reemplazo de las vocales O, A por E ¿tiene explicación, según la lingüística? ¿Por qué no reemplazarlas por la I o la U?

3_ ¿La lengua castellana tenía ya de antemano formas, en sus vocablos, inclusivas de los géneros humanos?

4_ ¿Está de acuerdo con el uso del lenguaje inclusivo? ¿Por qué?

5_ Teniendo en cuenta el proceso iniciado en estos años, ¿cuál cree que puede ser el avance del lenguaje inclusivo en nuestra forma de hablar y escribir? ¿Se reducirá al reemplazo de vocales o puede ir por más aspectos del habla?

6_ Puede convivir el lenguaje inclusivo con el tradicional?

7_ Aconsejaría su incorporación a la enseñanza formal?

8_ ¿A su juicio, qué rol deberían sostener los medios de comunicación frente a la aparición del lenguaje inclusivo?

Dr. José Andrés Rivas. Miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras por Santiago del Estero. Profesor y Doctor en Letras por la UBA

1_ Surgió por la confusión de la gramática con las ideas -muy respetables, por cierto- de los derechos de género, en especial los de las mujeres. O sea, la idea surgió de una mezcla de la gramática con una línea de la sociología con connotaciones ideológicas o políticas.

2_  No tiene ninguna explicación. Por eso se puede emplear tanto la E, la J, la X adentro de la O, la W y hasta el signo @, que pertenece al correo electrónico. O sea, se puede poner cualquier cosa, que se le ocurra.

3_  Por supuesto. La lengua castellana, como todas las lenguas son fascinantes creaciones humanas, en cuyo proceso forman parte circunstancias históricas, geográficas, sociales, culturales, antropológicas, raciales, etc., que INCLUYEN todas las posibilidades. Hasta esta exótica idea de un lenguaje “inclusivo”. Y no hay que olvidar que a las lenguas las hace la gente común. Querer modificarlas desde arriba no pertenece ni a la lengua, ni a la gramática, ni a las leyes elementales de la cultura, sino a otros campos,

4_  Para nada. En este sentido comparto la indignación del novelista español Arturo Pérez Reverte por esta idea (¿Con qué derecho alguien se mete a cambiarme mi instrumento de trabajo?, bramó en una entrevista). Y con la de los lingüistas mexicanos, que califican esta “idea” como un disparate. ¿Se imaginan que El Quijote comenzara “En un luguer de le Menche…”. O que en el comienzo de la encendida acusación de Sor Juana dijera “Hombres necies que acus@is a le mujer sin razén…”. O que Domingo Faustino Sarmiento, uno de los mayores feministas del siglo XIX, que había escrito que “el grado de civilización de un pueblo se demuestra en el nivel social que ocupa la mujer”, hubiera comenzado su fascinante libro diciendo “Sombre terrible de Facund@...”

5_ Cuando se quiere imponer algo como esto, todos los avances son posibles. En este caso, sugiero hacer lo que aconsejaba Borges sobre ciertos libros: tener la precaución de NO leerlos. Yo modestamente sugiero: tener la precaución de no usar esta jerga. Ya atentamos demasiado contra la lengua, que es de todos, como para agregarle este galimatías. Por ese camino sólo se llega al silencio. A la “inespresabile nulla”, como advertía el poeta vanguardista Giuseppe Ungaretti.

6_ Recuerdo que Rubén Darío en “Los raros”, incorporaba al conde de Lautreamont (seudónimo del escritor uruguayo Isidore Ducasse), porque señalaba irónicamente la unión en una mesa de disección de un paraguas con una máquina de coser. Acá sería lo mismo. O como dice el tango Cambalache, es querer poner “la Biblia junto a un calefón”.

7_  Para nada. A quienes quieren incorporar algo como esto, les sugeriría releer, o al menos leer, el capítulo de la tercera versión de SHUNKO en la que el maestro intenta prohibir hablar quichua en la escuela, Reléanlo y verán cómo fracasa. Y de paso gozarán de la lectura de la más famosa novela de Santiago del Estero.

8_  En lo posible, ignorarlo. No escribir acose, discriminaci@n, violencie de génere u otros inventos similares, que pertenecen más a un feminismo de cotillón que a la verdadera solución de los problemas que acechan a las minorías y a las mujeres.

Dra. Cecilia Canevari. Doctora en Género de la Universidad Nacional de Buenos Aires. INDES-FHCSyS-Unse

1_  El lenguaje es performativo y ordena no solo nuestra manera de comunicarnos entre las personas sino también nuestra mirada sobre el mundo y el contexto. El lenguaje tiene una historia política de dominación, no podemos soslayar que ha sido la intrusión colonial del Reino de Castilla y Aragón -luego España- quien ha impuesto su lengua. El primer paso para el sometimiento de un pueblo, es la imposición de la lengua, y este objetivo ha tenido mucho éxito en toda Abya Yala con la pérdida de la memoria de los pueblos y sus idiomas, aunque también como contrapartida la sobrevivencia en distintos territorios de nuestra América. Recuerdo el diálogo con una señora del departamento Figueroa que me decía: “A mí la quichua me duele”. ¿Por qué? le pregunto. “Porque la maestra me pegaba con el puntero al hablar como mis padres”. Podemos deducir sin temor a equivocarnos que la imposición fue violenta.

Pero además de la arcaica raíz colonial que tiene el castellano (mal llamado español), también es patriarcal. Y en este sentido los grupos subalternizados por el lenguaje han expresado y expresan maneras de resistencia a las exclusiones e invisibilizaciones que provocan malestares.

Y es en este contexto con una nueva emergencia de los movimientos feministas y de las diversidades/ disidencias, en donde surge con bastante contundencia el reclamo por hacer notar que el uso de un masculino que se supone incluyente con el uso de la “o” resulta que hoy se denuncia que no es así. El lenguaje androcéntrico borra en un solo gesto a las mujeres, lo femenino y las personas de la diversidad. Además el binarismo de organizar el imaginario en femenino y masculino como únicas alternativas, obtura a quienes quedan fuera de este ordenamiento.

2_  Las lenguas son dinámicas y tienen una transformación permanente. Basta leer un texto de hace unas décadas o en castellano antiguo para darnos cuenta de sus enormes cambios. La creatividad puesta en la renovación de nuestras maneras de hablar tiene también una larga historia, y en Santiago del Estero hemos incorporado muchas palabras (con sus significados) que vienen de los pueblos originarios o africanos. En estos últimos años hemos incorporado palabras anglosajonas que inundan nuestro léxico cotidiano y esto se agudizó con la necesidad de ampliar nuestras comunicaciones por medios tecnológicos. Entonces ahora sabemos que es un podcast, o un webinar y qué es el youtube o el whatsapp. Aunque parece que incorporar estos términos provoca menos conflicto que la propuesta de revisar el uso de los géneros.

Ahora el desafío es que si la letra “o” no es representativa de todo un colectivo social, ¿cómo logramos modos de hablar más respetuosos e inclusivos? Hace un tiempo se comenzó a usar el “@” o la “x”, pero con el inconveniente de que no tienen maneras de oralidad, no pueden ser dichas. Entonces recientemente surge el uso de la “e”. ¿Es la “e” incluyente en sí misma de lo femenino, lo masculino y lo diverso? No parece tan sencillo, porque estaríamos subsumiendo nuevamente y ahora en un supuesto neutro. Entonces podría ser que el camino sea decir como ya se escucha: “todos, todas, todes”. Bien. ¿Esto vuelve un poco mas engorrosa la comunicación? Y sí, posiblemente, pero tiene como efecto reparador que se logra la inclusión. Solamente en el andar de los tiempos y la creatividad colectiva, podremos confirmar mejores maneras de comunicarnos que sean más respetuosas.

3_  La lengua castellana en su formato más tradicional nos permite una búsqueda de caminos alternativos para esquivar en la medida de lo posible el uso de palabras generizadas. Así podemos decir en lugar de todos, las personas presentes. Hay muchos manuales con buenas propuestas para aprender a hablar sin sexo.

La lengua castellana como lengua impuesta por el invasor, tiene un curioso custodio del cumplimiento de las reglas: la Real Academia Española. Esta institución bien antigua conformada históricamente por varones, vela por la moral de la lengua, lo correcto e incorrecto y emite resoluciones para tal fin. Que la realeza española sea quien dictamine -luego de más de doscientos años de nuestra independencia-, es al menos sorprendente. Por no decir patético.

Si alguien tuviera dudas sobre el sexismo del diccionario de la RAE, les invito a leer las definiciones de varón y mujer. Allí encontrarán con bastante elocuencia cómo subyace un androcentrismo que vincula en muchas acepciones, a las mujeres con su vida sexual puesta en sospecha moral por un lado y el heroísmo del varón por el otro.

4_ Acordamos que el lenguaje no son solamente palabras, sino también conceptos que organizan las representaciones y el mundo simbólico, y que además se subjetivan. Si la lengua es una herramienta del poder, adquiere gran relevancia el revisar críticamente sus efectos en nuestras vidas y en nuestra convivencia. Reconocer el carácter ideológico y político nos invita al desafío de imaginar nuevas formas de diálogos, en donde nadie sienta que ha quedado afuera o violentado/a/e. Porque estaríamos así trabajando en la construcción de una comunidad más respetuosa, más igualitaria, libre de discriminaciones y violencias. En estas transformaciones que son en definitiva conquistas de derechos; y visibilizaciones de aquello que se obtura, subyace una promesa de un futuro más justo.

7_  La revisión de nuestro lenguaje desde una perspectiva crítica debería formar parte de la educación en todos los niveles del sistema. Porque apunta a señalar los mecanismos de discriminación que contiene, porque busca construir sociedades menos desiguales, más respetuosas de la convivencia con todas las personas en todas las diversidades.

Amanda Anríquez. Profesora y capacitadora docente

1_  Para mí es un modismo que vino como resultado de un movimiento femenino y de sectores de jóvenes que tienen como característica la resistencia a lo tradicional y de presentar nuevas miradas al mundo, se observa en algunos países de América Latina y España. En Argentina se extendió y llegó de la mano de un sector político hacia organismos oficiales inclusive universidades. Se amplió su uso, pero solo en un espacio territorial de la argentina como Buenos Aires y algún lugar de Córdoba. Yo creo que en provincias de mucha tradición como la nuestra le va a costar imponerse. Si lo que se intenta es denunciar la exclusión de mujeres o desterrar lo que llaman el machismo y el reconocimiento de la condición de las personas trans, yo considero que (con el lenguaje inclusivo) se da exactamente lo opuesto, se crea más distancia entre los géneros y sus circunstancias. No obstante sabemos que el término “Lenguaje inclusivo” refiere al reconocimiento de diferencias étnicas, etarias; es decir, no es sólo diferencia de género.

2_ El reemplazo de las vocales sólo tiene la explicación en golpear fuerte en la pronunciación. La a, e y o no son vocales sueltas para usarlas cuando nos parezca. Por ello el rechazo de la Real Academia. Hoy vemos no sin preocupación que el Pami redactará disposiciones diarias en lenguaje inclusivo y la pregunta es ¿Los adultos mayores podrán entenderlo? En este sentido apoyo la posición de los investigadores de la Academia Argentina de Letras, quienes advierten que la injerencia de lo político es un intento de imponerlo con un decreto. Como sucede en provincia de Buenos Aires modificando torpemente la lingüística y filología.

4_ No estoy de acuerdo con el uso del lenguaje inclusivo, me cuesta mucho escucharlo y más aún expresarme como todex, neologismos como “amigues”, “chiques” (en lugar de chicos y chicas), o “niñes” (en lugar de niños y niñas). “estimadx”. Respeto la posición de otros, pero no cuenten que lo usaré.

5_ La editora y escritora Ana Ojeda publicó recientemente “Vikinga Bonsai” la primera novela escrita en lenguaje no binario. Eso significa que algunos que están siguiendo esa corriente tratan desde otros campos, como la literatura, incorporarlo y también las universidades con resoluciones que permiten exámenes en ese lenguaje. Sostengo que es un modismo con apoyos y resistencias. Al no ser reconocida como lenguaje formal sólo quedará en el lenguaje vulgar. El “todos y todas”, creo que podría ser repetido, pero desde allí nada más.

6_ Recordemos que desde las líneas políticas se utiliza la educación para imponer ideologías y sostenerse en el mando, eso se dio siempre y no sorprende que se diseñe un currículo para incorporarlo con esta corriente “progresista”. Desde mi posición de docente lo trabajaría con una visión crítica en su implementación tratando de respetar y aceptar el posicionamiento de los sujetos actores.

8_  En los medios de comunicación hay sectores independientes y otros que dependen exclusivamente de una administración gubernamental. Entonces algunos deberán respetarlo y cumplir acompañando en ese esfuerzo por imponer el “lenguaje inclusivo “ y otros en cambio no lo utilizarán o serán más objetivos en sus redacciones.

Liliana Massara. Doctora en Letras, investigadora, ensayista y escritora

1 2 y 3. Desde hace muchos años que se lo había determinado con la expresión “todos y todas”, o sea marcar la diferencia entre el femenino y el masculino. De alguna manera marcaba cierto binarismo y con el pasar del tiempo en la escritura se comenzó a utilizar la “x” y el arroba, pero sucede que no tenían en la oralidad una expresión que correspondiera para poder decir las palabras por su nombre. Entonces hace unos 10 años se estipuló el uso de la “y” el uso de la “e”, que también es convencional porque pensemos, porque no la “u”, porque no la “i”, es convencional, pero de alguna manera tiene que ver con la parte gramatical y sustantiva porque por ejemplo cuando nosotros queremos agrupar a mujeres escritoras y hombres escritores decimos los escritores invitados; cuando queremos agrupar lectores, decimos los lectores que nos están leyendo no hacemos el binarismo “lectoras-lectoros” por decirte. Entonces a raíz de esa utilización hace cosa de 10 años, se decidió tomarla la “e” para uso del lenguaje inclusivo.

Porqué ahora, y bueno de 10 años para esta parte el mundo ha cambiado en todas las ramas científicas, antropológicas etcétera y el feminismo y lo femenino, no sólo la ideología feminista y las que siguen las corrientes feministas, sino el posicionamiento de la mujer a nivel económico político social, ha sido muy diferente. Por eso, una manera de marcar esta cuestión era ir resistiendo a ese lenguaje excluyente con este lenguaje que supone una inclusión social de todas maneras. Digo supone porque la inclusión no sólo se va a dar por la “e” sino por la sociedad si respeta determinada convención y respete la inclusión de los sujetos sociales e identidades sociales. La “e” pareciera ser más inclusiva y rompe aquella estructura binarista.

4_  Debo ser sincera. Yo vengo marcada por una gramática y por una generación en donde no hubo la vertiginosidad de los cambios sociales e identitarios que tenemos ahora, teníamos mandatos culturales muy conservadores y mandatos culturales muy fuertes o sea habló de la generación de los nacidos del 55 para acá. Entonces creo que es una cuestión de uso, creo que el uso lo va a imponer. Yo uso mucho el binarismo “otros” y “otras” por ejemplo, pero no es que no lo acepte sino que aún en el uso no me acostumbro a utilizar la “e”, pero sí respeto esa decisión aún siendo convencional que se ha tomado. De todas maneras insisto, se sabrá si se impone esta convención del lenguaje inclusivo con la “e”, con el tiempo y con el uso o no de la sociedad, el uso que puedan hacer los hablantes.

5_ Creo que como viene cambiando el mundo y que no sabemos que nos depara mañana mismo y que el cambio lo tenemos pisoteándonos las espaldas, el cambio en el lenguaje no sólo se va a dar por las vocales, sino que quizá tengamos un lenguaje residual y un lenguaje innovador en las diferentes ramas, desde las ciencias y el arte, hasta la medicina, la tecnología etcétera, etcétera. Hace 30 años no decíamos “googlear” y ahora se dice. Yo creo que el lenguaje de la oralidad y el lenguaje que se necesita para la espontaneidad de la comunicación, en algún momento va a pasar a formar parte de las innovaciones de la lengua castellana. Pero además hay que tener en cuenta que nosotros tenemos también nuestra propia lengua, la lengua “argentina” porque por nuestra identidad y diferencias identitarias que se detectan en el uso lingüístico. Y no podemos decir que una es la correcta y otra la incorrecta porque cada zona tiene su modo de representarse por lenguaje y creo que debe ser respetada. Esto implica que las diferencias tienen que ser respetadas y ahí está la igualdad.

6_  Los lenguajes pueden convivir, pero por ejemplo en el caso del orden académico de las universidades instituciones y demás en los escritos, creo que cada institución tiene que evaluar qué tipo de expresión va aceptar, si la de la Real Academia o la inclusiva en la expresiones escritas como en las orales. Por ejemplo yo no acepto la “X” y el arroba en las expresiones escritas porque no me están expresando correctamente lo que quiero decir.

7_  No sé si aconsejaría la incorporación. Yo creo que como viene el desarrollo entre las generaciones jóvenes y no tan jóvenes, ya hay profesionales de 30 y pico de años en adelante, que están usando lenguaje inclusivo. Y creo que, insisto, será ese uso el que terminará por imponerlo. Hasta nosotros mismos que somos de otras generaciones, creo nos tenemos que adecuar a los cambios. Creo que hay determinados cambios a los que nos tenemos que adecuar porque si no nos adecuamos es posible que quedemos detrás, que quedemos escondidos en la sociedad y que luego no nos interpreten. Al no aceptar los cambios, quizás nosotros mismos, tampoco podamos incluirnos en esas sociedades.

8_ Yo creo que el periodismo también tiene que plantearse este tema. Cada institución periodística debe hacerlo. Muchos periodistas están usando el lenguaje inclusivo. A mí no me parece mal, pero me imagino que un canal informativo real debería tener un equilibrio en donde se pongan de acuerdo las partes para ver cómo expresarse. Lo que sí me parece, ya que sale el tema, es que cada zona tiene que tener sus periodistas con la formación de su zona, con la formación de su ritmo y con la expresión de su tono. No tenemos porque hablar como se habla en otros lados, en la zona del Río de La Plata. Cada periodista de su zona tiene que representar su zona, representar el país y representar el continente, pero desde su identidad lingüística, desde su lenguaje y no imponer un tono al que no estamos perteneciendo.

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