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“La Mano de Dios”: una picardía de potrero que salió bien

- 00:57 Deportivo

Argentina no podía con Inglaterra. El primer tiempo había terminado sin goles. Cuartos de final del Mundial México 86. Hasta que a los seis minutos de la segunda etapa Diego intentó una pared en el borde del área con Jorge Valdano. En la búsqueda de la devolución se metió al área y quedó en offside, pero la pelota vino de un rival, Steve Hodge, desesperado en su intento de despeje. El árbitro tunecino Bennaceur miró al juez de línea y dejó seguir, los brazos adelante. Con el gesto le abrió la puerta a una historia irrepetible.

Maradona, 1m65 metro de altura, saltó junto con el arquero Peter Shilton, 1,83. Y ganó. Llegó más arriba. Impactó la pelota y la pelota fue hacia el gol. Maradona salió corriendo hacia un costado, un brazo en alto, los ojos atentos al movimiento del referí, mientras Shilton y compañeros corrían con su reclamo a viva voz. ‘¡Hand, hand!’, le decían a Bennaceur, reproduciendo con sus manos, para enfatizar la queja, lo que había hecho el capitán argentino.

‘Shilton pensó que yo iba a chocar contra él. Es lo que pasa en esas jugadas, siempre. Pero yo me hice chiquito y salté. No sabía si iba a llegar, tampoco si me lo iban a cobrar, pero no la iba a dejar pasar’, contó Diego más tarde, al explicar el gol.

Los ingleses, tan apegados a las formas y a las leyes del juego que inventaron, lo terminaron perdonando. En 1995 fue invitado a exponer en la prestigiosa Universidad de Oxford.

Allí, otra vez, le preguntaron por el gol. ‘Fue un pasaje de un partido de un Mundial que, lamentablemente, fue contra los ingleses. Pero lo hubiese hecho contra cualquiera. Siempre trato de hacer lo que le convenga a mi equipo’, explicó.l


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