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José Benjamín Gorostiaga, el padre de la Constitución

Por Eduardo Lazzari HISTORIADOR

- 21:15 Santiago

El carácter de nuestros pueblos es algo tan evidente que puede encontrarse a cada paso. A los cordobeses su sentido del humor, a los sanjuaninos su prolijidad y a los entrerrianos su valentía. Los santiagueños, en su gallardía de tiempos inmemoriales, han trazado grandes caminos para el porvenir de la Argentina. Si nuestro convocado de hoy fuera santafesino o mendocino, seguramente ocuparía un lugar más destacado en el discutido y discutible podio de los próceres argentinos. Pero José Benjamín Gorostiaga es santiagueño y por lo tanto austero. Es un personaje central de la organización nacional y un fundador del estado moderno argentino. Esperamos hoy comenzar a forjar la justicia histórica que merece el Padre de la Constitución.

INFANCIA, FORMACIÓN Y JUVENTUD

José Benjamín Gorostiaga nació en Santiago del Estero, en el hogar formado por don Pedro Pablo y doña Bernarda Frías, el 26 de marzo de 1823. Era el último de nueve hermanos. Su padre encabezó el cabildo abierto que nombró gobernador a Juan Felipe Ibarra el 31 de marzo de 1820, y firmó el Manifiesto del 25 de abril, cumbre jurídica de la autonomía provincial. Lo hizo junto al padre Manuel Frías, su cuñado, quien sería fusilado por Juan Manuel de Rosas en 1842.

Las convulsiones políticas de 1830 en Santiago lo encontrarán a Pedro Gorostiaga entre los adversarios de Ibarra, que al retornar al poder lo condenó a destierro perpetua. Fue entonces que la familia abandonó su estancia en Silípica y partió rumbo a Buenos Aires. Luego de la muerte de don Pedro, nunca retornaron al lugar que los vio nacer.

Vivieron madre e hijos en una estancia del sudeste bonaerense, y doña Bernarda decide que los vástagos mayores queden en el campo y el resto de la familia se mude a la capital porteña. Corría 1837 y José Benjamín asiste al colegio que había abierto la Compañía de Jesús. Cuando los jesuitas fueron echados por Rosas, el colegio se expropió y allí fue maestro el santiagueño. Ingresó luego a la Universidad de Buenos Aires, y se doctoró en Leyes a los 21 años, el 10 de abril de 1844. Se dedica a su profesión durante ocho años.

La batalla de Caseros significó el fin del largo gobierno de Rosas, y fue la oportunidad para que el joven letrado fuera nombrado auditor de guerra y marina. Justo José de Urquiza puso en marcha su proyecto institucional y el gobernador santiagueño Manuel Taboada, al firmar el Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos el 31 de mayo de 1852, comenzó a pensar en los enviados de su tierra al congreso que iba a sesionar desde noviembre.

Finalmente fueron elegidos dos nativos de Santiago que no vivían en el pago. No había abogados en la “madre de ciudades” y por eso, que Gorostiaga marcha a Santa Fe. Lo hace junto al párroco de Villa Tulumba, Benjamín Lavaysse, otro olvidado por la historia nacional. Ambos tenían 29 años y eran profundamente católicos. Sin embargo, iban a enfrentarse por la libertad de cultos: el cura a favor y el laico en contra.

EL GRAN CONSTITUYENTE DEL ‘53

En la capital del Litoral, Gorostiaga demostró gran contracción al trabajo y esquivó las reuniones sociales para concentrarse en la tarea jurídica. Presentó su “Anteproyecto” a la Comisión de Negocios Constitucionales, que presidía. Dirá con humildad que: “Nuestra Constitución ha sido vaciada en el molde de la de Estados Unidos”. De su puño y letra surgen el texto liminar del Preámbulo y los artículos de la organización del gobierno y sus facultades. Conocía al dedillo los escritos de Madison, Hamilton y Jay, padres fundadores de la gran nación del Norte.

Según cuenta el juez Horacio Rosatti, en su libro “El molde y la Receta”, Gorostiaga se alojó en los altos de Hermenegildo Zuviría, apodado “Merengo”, creador de los famosos alfajores, que don José Benjamín apreciaba con discreción. En cambio, su compañero de cuarto, el porteño Juan María Gutiérrez, diputado por Entre Ríos y redactor de la primera parte que versa sobre los derechos, deberes y garantías, disfrutaba esas delicias en exceso. El 1° de mayo de 1853 culmina la gloriosa tarea al jurarse la Carta Magna en el antiguo cabildo, hoy demolido.

El santiagueño, siempre orgulloso de su tierra natal, fue el alma mater de las sesiones, con sus discursos elegantes y su paciente escritura de las ideas discutidas, cimiento jurídico de la Nación Argentina. El gran historiador Paul Groussac sostiene que: “...desde el principio al fin domina Gorostiaga la situación parlamentaria. Si fuera lícito admitir que tenga un autor la constitución federal que rige la república, deberá aparecer como tal Gorostiaga y no Alberdi”. El intercambio epistolar con el tucumano, al que reconoce mentor del texto fundacional, marca la reconciliación histórica entre las dos provincias enfrentadas desde antaño.

LOS MINISTERIOS

Urquiza lo convoca enseguida como ministro de Hacienda. A principios de 1854 es elegido por su provincia natal como diputado al Congreso Federal, eligiendo seguir su tarea como unificador del sistema monetario. El 5 de marzo, al asumir el entrerriano como presidente de la Confederación, nombra a Gorostiaga ministro del Interior, el primero de la historia.

Es el firmante, junto al vicepresidente Salvador Del Carril, del decreto del 2 de mayo, que ordena la impresión de los discursos de fray Mamerto Esquiú, piezas notables que consolidaron la organización nacional. El 11 de octubre renuncia al ministerio y vuelve a Buenos Aires, donde se dedicará a sus asuntos personales.

La batalla de Cepeda lo devuelve a la actuación pública. Es electo convencional reformador de la Constitución en 1860, buscando unificar el país, y luego en 1866, aunque esta vez no asiste a las reuniones. Urquiza lo elogió con este brindis: “Por los ilustres compatriotas cuyos consejos no me abandonaron en difíciles momentos y a los cuales es debido, tal vez, el triunfo de nuestras instituciones: por los Dres. del Carril y Gorostiaga”.

LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

Desde su creación en 1862, la Corte Suprema de Justicia había funcionado con sólo cuatro jueces, debido a que Valentín Alsina no aceptó el nombramiento del presidente Mitre. El 10 de junio de 1865 se completó el quinteto supremo con el juramento de Gorostiaga, siendo junto a Del Carril hacedores de la Constitución que debían interpretar. Ocupó su sitial hasta el 12 de octubre de 1868, cuando renunció para ser ministro de Hacienda en el gabinete del presidente Sarmiento. En octubre de 1870 se encarga de reformar el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Retornó a la Corte el 9 de agosto de 1871 Se casó con su prima Luisa Frías Molina el 19 de diciembre de 1872, quien dará a luz a los dos meses a María Luisa, su única hija.

El 1° de diciembre de 1877 se convirtió en el cuarto presidente de la Corte Suprema, cargo que ocupó hasta su renuncia como juez en agosto de 1887. Fue reconocido como el líder del afianzamiento institucional del tribunal. Se dictaron los primeros grandes fallos, muchos de ellos inspirados en los antecedentes de la Corte de los Estados Unidos, a la que Gorostiaga consideraba inspiradora de nuestra última instancia. Aún hoy esos dictámenes constituyen, con su enorme peso moral, la base de la jurisprudencia argentina. Su actuación convierte al santiagueño en el fundador de la doctrina judicial argentina.

Es nombrado académico honorario de la Universidad de Buenos Aires, y rechaza el honor para evitar interferencias en sus tareas judiciales. En 1880, convoca a una reunión para evitar la guerra entre los porteños y la Nación. Asisten, entre otros, Alberdi, Mitre y Sarmiento. Pero su gestión no logra evitar el enfrentamiento armado que culminará con tres mil muertos.

En 1883 la Legislatura santiagueña lo elige senador nacional, pero no acepta para seguir a cargo de la Corte. El debate por la ley de educación pública lo encontrará junto a Pedro Goyena y José Manuel Estrada. Esto lo lleva a aceptar en 1885 la candidatura a presidente por la Unión Católica, hecho que le valió la perpetua antipatía de su competidor, el cordobés Miguel Juárez Celman, electo al año siguiente.

RETIRO, MUERTE Y HOMENAJES

Una vez fuera de la Corte, y en franca oposición al nuevo mandatario, participó de la Unión Cívica, junto a Mitre y a Bernardo de Irigoyen, hombres de su generación. Retirado, el 3 de octubre de 1891 muere en su casa porteña, luego de recibir la extremaunción del párroco de la Merced, Antonio Rasore. Tenía 69 años. Fue sepultado en el cementerio de la Recoleta, donde pronunció las honras fúnebres su sucesor en la presidencia de la Corte, el general doctor Benjamín Victorica.

Los homenajes aún no están a la altura del gran personaje. Calles y escuelas lo recuerdan en todo el país. La Escuela Normal de La Banda lleva su nombre. Una estación ferroviaria ocupa el terreno que él donara cerca de Chivilcoy, donde tenía su estancia. El Congreso Nacional tiene entre sus joyas el cuadro de Antonio Alice “Los Constituyentes de 1853” donde aparece Gorostiaga. El pintor retrató a cada personaje iluminado por velas, logrando recrear el oscuro ambiente de las sesiones. El Museo de San Francisco, en Santa Fe, ha montado una escena con los constituyentes, en tamaño natural. Agradezco aquí el trabajo biográfico de Raúl Lima: un monumento a la memoria del prócer.

Se acerca 2023. 200 años del nacimiento de Gorostiaga. Es un buen tiempo el que media entre hoy y esa fecha para pensar en darle al Padre de la Constitución el lugar que merece en el panteón nacional, y hasta hoy se le debe. l


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