Don José Gómez Basualdo, una vida entregada al folclore Don José Gómez Basualdo, una vida entregada al folclore
es una de las figuras
más representativas del folclore
santiagueño y nacional, muy
injustamente olvidado como
otros tantos cultores de nuestra
música popular.
La danza le debe mucho a
don José, siendo que contribuyó
con su creación al enriquecimiento
de los bailarines tradicionales
que tuvo Santiago
desde comienzos del siglo XX
en adelante, impulsando de esa
manera al afianzamiento de la
identidad.
Es te compos i tor , autor y
profesor de danzas nativas, nació
en nuestra provincia un 14
de enero de 1907 y falleció un
25 de julio de 1981. La historia
cuenta que allá por abril de
1915, cuando tenía apenas 8
años de edad, en la casa de la
familia Pastoriza, tuvo a su primer
maestro de danza que fue
su tío, Don “Nachi” Gómez.
Basualdo adquirió notoriedad
en la década de 1920, cuando
trajo a la ciudad de Santiago
ciertas formas renovadoras
de la danza folclórica tradicionalmente
asentada en las zonas
rurales. Fue el primer bailarín
de arte nativo de don Andrés
Chazarreta y cumplió largas actuaciones
en el mítico Teatro
Politeama. Luego, se desvinculó
del Patriarca del folclore argentino
para formar su propia
academia, quedando su vocación
folclórica definida.
Fue campeón de malambo
y zamba interprovincial, y con
el tiempo, llegó a crear un total
de 112 obras. De su inspiración
nacieron algunas expresiones
coreográficas basadas en motivos
populares como el “huayra
muyoj” y “la cortejada”, y
otros clásicos que si bien ya no
son representados por los elencos
de baile, forman parte de la
historia musical y coreográfica
de Santiago del Estero. Tal es el
caso del “achachita”, “el marote
horco”, “Santiago manta”, “el
crespín”, “el champi”, “el turay
o kakuy”, “el tuaj”, “el humam
puca”, entre otros clásicos,
constituidas en verdaderas
obras con su respectiva coreografía,
música y canto, las cuales
fueron declaradas “danzas
tradicionales argentinas”.
En su momento, cada una de
estas danzas tradicionales tuvo
gran representatividad en
el folclore nacional, y aún en la
actualidad, varias de ellas son
tenidas en cuenta como parte
del repertorio coreográfico de
distintas academias de danzas
del país.
Don Gómez Basualdo participó
en numerosos congresos y
equipos de estudios sobre motivos
folclóricos, en los cuales
su nombre implicó respeto y
autoridad. En 1962, se jubiló de
la Administración Pública y se
radicó en Rosario, donde creó
la Academia de Danzas Nativas
en el Centro de Residentes Santiagueños,
luego habilitó una
sucursal en la misma ciudad y
otra en Córdoba, que contó con
un total de 200 alumnos, que
luego de 3 años de estudio, se
recibían con el título de Maestro
de Folclore y a los 5 años de
Profesor en Ciencias del Folclore
y Danzas Nativas. En mayo
de 1965, recibió un Diploma
con la firma de todos los folcloristas
del país en el IV Festival
Internacional y II Congreso Argentino
de Danzas Folclóricas
que se realizó en Termas de Río
Hondo.
Hacia mitad del siglo XX,
sus danzas fueron incorporadas
a la enseñanza escolar y por
ello fue reconocido por folcloristas
e investigadores.
En enero de 1977, fue homenajeado
en vida en el salón
“Triunfal” de avenida Juan B.
Justo de la Capital Federal al
cumplir 60 años como creador
de expresiones nativistas, y se
inauguró la Escuela de Arte Nativo
“José Gómez Basualdo”.
Asimismo, se le hizo entrega de
un pergamino donde se lo proclamó
“Padre de las Danzas Argentinas”.
Algunos homenajes
De los últimos homenajes
que se recuerdan, un 26 de julio
de 2005, la Dirección de
Cultura de la Provincia tributó
la obra de don José Gómez Basualdo
en el Teatro 25 de Mayo.
También, se recuerda cuando
en la apertura del 54° Festival
Nacional de Folclore Cosquín
2014, la Delegación Oficial
de Santiago del Estero presentó
un espectáculo integral
de danza y música para homenajear
a José Gómez Basualdo.
Una banda folclórica ejecutó en
aquella presentación memorable
composiciones propias de
don José, entre ellas la zamba
“Ella y mi zamba”, la chacarera
“Doña Hilaria” (que el músico
santiagueño dedicó a su madre)
y el gato “Santiagomanta”.
Además, los bailarines mostron
las cuidadas coreografías
de las danzas el Huayra Múyoj,
El Tuaj, El Chaupi y El Hachachita,
para luego cerrar la participación
con un malambo. El
grupo de músicos estuvo integrado
por Dady López, Miguel
Simón (h), Isabel Neirot (arpa),
Marcos Capilla (violín),
Ramón ‘Gallito’ Tévez (bandoneón),
Ariel ‘Goma’ Herrera
(percusión), y las voces de Margarita
Torrens, Marcelo Ibarra,
“Carozo” Monge y Motta Luna,
más un importante grupo de
bailes que remarcaron la santiagueñidad
del tributo.
Hoy, su obra es valorada por
reconocidos bailarines y músicos
santiagueños que vieron en
este gran maestro, una verdadera
contribución al engrandecimiento
de la danza. l








