Copo: Crece la preocupación en la comunidad menonita por los "malos hábitos" de sus jóvenes Copo: Crece la preocupación en la comunidad menonita por los "malos hábitos" de sus jóvenes
Se trata de la comunidad menonita ubicada a pocos kilómetros de Pampa de los Guanacos, donde viven cerca de ochocientas personas, muchos de los cuales -especialmente los jóvenes y adolescentes- empezaron a adoptar los hábitos menos saludables de la sociedad que los rodea, como el consumo de alcohol, fumar, participar de apuestas e incluso provocar desorden.
Estos desbordes suceden especialmente durante las salidas que los jóvenes tienen los fines de semana hacia esta ciudad para cumplir diferentes compromisos, pero las aprovechan para incursionar en placeres que están prohibidos cuando conviven con sus mayores, como consumir bebidas alcohólicas, comprar cigarrillos, alterar su tradicional vestimenta, realizar apuestas e incitar a las chicas de su congregación a beber con ellos.
Todas estas situaciones fueron tema de análisis en el seno de la comunidad, que tiene como máxima autoridad al obispo Bernardo Becker, reconoció a EL LIBERAL su profunda preocupación.
‘Hemos recibidos los reclamos de algunos integrantes de nuestra comunidad y se les hizo a esos jóvenes un fuerte llamado de atención y se les ordenó que no vayan a la ciudad’, dijo.
‘Esas no son prácticas que caracterizan a nuestra comunidad -agregó- y estamos preocupados porque afecta la conducta de nuestros jóvenes, quienes deben ser corregidos’.
Los mayores de las colonias no ocultan su enojo, aunque prefieren hablar sin revelar su identidad. ‘No queremos que la tranquilidad característica de las colonias menonitas se pierda y pase como se conoció meses atrás en Bolivia’, dijo uno de los miembros, en alusión a una noticia que hablaba de siete hombres de la localidad cruceña de Manitoba que fueron detenidos acusados de haber violado a un centenar de jóvenes, a las que dormían con somníferos.
Esta comunidad está ubicada a 5 kilómetros de Pampa de los Guanacos, donde sus habitantes hablan poco, en un dialecto alemán extinguido en la propia Alemania.
A esta colectividad podría definírsela como una isla que se mantuvo impermeable a la apatía del tiempo, con sus escuelas a cargo de la enseñanza excluyente de la historia de esta cultura y de los enunciados bíblicos, sin otra forma de arte ni de literatura que no esté vinculada con el coro de la iglesia y con las Sagradas Escrituras, con sus calles de tierra, sin energía eléctrica, iluminados con velas y faroles de kerosene, sin cables ni antenas que recojan y transmitan las señales de televisión o de la radio; sin prensa, sin computadoras, sin impulsos telefónicos.
Aún así, los más viejos sienten que las nuevas generaciones están amenazadas por lo peor de la sociedad moderna.








