Piero: “Mi viejo era el tipo que te cuidaba, que te apoyaba” Piero: “Mi viejo era el tipo que te cuidaba, que te apoyaba”
Por Emilio Marcelo Jozami
De la Redacción de EL LIBERAL
¿En qué momento de su vida escribió “Mi Viejo”?
Hace 51 años. Un día le dije a José (Tcherkaski, periodista y escritor), que estábamos componiendo juntos “La piel cansada”, “Si vos te vas”, “Llegando llegaste”, hacer una canción en homenaje a los padres. La mujer de José salía a trabajar de 12 a 20 y nos dejaba el departamento. En esas ocho horas, todos los días, componíamos sin parar hasta que, un día, le digo a José de hacer una canción al padre, pero no “papito lindo, te quiero mucho y yo te canto una canción” sino algo que sea contundente para rescatar la figura del padre, aquél que te tira por el aire, que te ataja, que es Superman. La cosa es que en una semana nos sentamos y la canción salió en cinco minutos. Yo me di cuenta de la otra parte, de que su padre, el de José, había fallecido. No tenía padre y mi padre tenía 48 años, no era un viejo, pero me morí de ganas de ir a cantársela en la casa. Me fui volando. Le dije “chau, José, mañana seguimos”. Mi viejo estaba solo, lo llevo al living, saco la letrita y le digo: “escucha este temita...” y ahí, sin anestesia, empecé con “es un buen tipo mi viejo que anda solo y esperando...”
¿Cómo reaccionó Pascual cuando le cantó “Mi viejo”?
Cuando me levanta la mirada estaba llorando. Estaba llorando mal, de una forma en que yo nunca lo había visto llorar. Entonces, tenía un nudo en la garganta yo y vino la peor parte, que fue el parto, que fue el estribillo. Después viene la otra estrofa, después viene la otra estrofa, después el estribillo también.. ¡ahhh, terminé! Ahora, que diga él lo que quiera. Yo, silencio enmudecido y llorando los dos. Entonces, él se levanta, camina, limpia los anteojos, me mira, viene, limpia los anteojos, se pone los anteojos, me mira de frente y me dice: “¿Ma quién camina lento? La puta que te parió”.
¿Cómo era Pascual, más allá de la descripción que hizo en la canción?
Pascual era una sonrisa que llegaba y después llegaba él. Era un tipo realmente muy simple. Mi viejo era un tipo simple, no tenía ni religión ni equipo de fútbol. Era una persona de todos. Era el tipo que realmente te cuidaba, que asentía, te apoyaba en lo que sea. Yo le dije un día que me iba al Seminario. Yo tenía, en ese entonces, 11 años y él no me puso ningún pero. Siempre estuvo apoyando, a mí como a mi hermana, al vecino y a cualquiera.
¿Qué siente ser el autor de un himno de amor al padre?
Yo agradezco que Dios me haya puesto un instrumento así, cosa que me siento de toda la familia. Yo soy familia de toda la vida de todos. Eso lo veo en toda Latinoamérica y mucho en Estados Unidos. Ahora, por el coronavirus, se suspendieron los shows que teníamos en once ciudades norteamericanas. A estos conciertos van los latinos de veinte países. Es una felicidad poder juntarse con gente en lugares recónditos.
¿Cuál es su mensaje a los hijos del país, a los que tienen vivo su padre y a los que ya no?
A los que lo tienen que lo zamarreen, que los aprieten, que lo sacudan, que lo amen, que lo gasten porque un día se va a ir y no nos va a poder avisar. En ese sentido, tenemos que aprovecharlo. Y los que no los tenemos, bueno, recordarlo, homenajearlo, agradecerle y decirle que ya vamos para ahí.
El dolor por la muerte súbita de su hijo Mariano de Benedictis
Piero es padre de Mariano, Juan, Fiorella y Giuliano de Benedictis.
¿Cuál o cuáles han sido las situaciones límites que le ha tocado vivir como padre?
Muchas, de todos. Yo tuve mi primer hijo, Marianito, que murió de muerte súbita a los 40 días. Se nos fue, se nos escapó. En ese entonces fuimos a un Hospital Militar, que estaba cerca de donde yo vivía. Tardaron un montón y no se pudo hacer nada. Entonces, por el protocolo, lo tuvimos que llevar a la morgue. Mientras estoy con mi nene, recién muerto, en mis brazos, se da vuelta el chofer y me dice: “me firmas, Piero, porque después te van a pedir firmas y no vas a poder firmar...” Esa pérdida me llevó a explorar en el psicoanálisis.
Por otra parte, ¿cómo vive el tener un hijo cantante?
León Gieco dice: “Qué envidia tener un hijo arriba del escenario”. La verdad que es un regalo ir acompañado por él (su hijo Juan) a todos los lugares del mundo. Es un honor, es una maravilla.
Indra Devi y Mayol, sus maestros
¿De qué manera influyeron en usted Indra Devi y el sacerdote Alejandro Mayol?
Vos nombraste a dos maestros. Indra Devi (foto) es una maravilla, está acompañando, se mata de risa. Es un ángel que está dando vuelta y revoloteando y está tirando una onda de calma, de paz. Y Alejandro es una mayoría. Hicimos un tema los dos, que es el que más vendí. Gracias a los militares que me prohibían las canciones, nos dijimos con Alejandro de hacer algo que no nos puedan prohibir. ¿Y qué no pueden prohibir? Las canciones del cura.
Por la paz y el hambre cero en el mundo
Piero se sumó a varias causas sociales por las víctimas de la guerra en Colombia, la paz, contra la trata de personas y hambre cero a nivel mundial.
“Soy paz, soy pan, soy más” es otro himno consagrado a favor de la paz y que todos lo cantan como a “Mi viejo”.
Tiene tantas versiones también como “Mi viejo”. Es una bendición. Es parte de la bendición. A la bendición la tenemos desde que nacemos. No nos damos cuenta hasta que empezamos a tomar conciencia.l
Piero apuesta a la “Esperanza” siempre
“Esperanza” es la nueva canción que presentó Piero. Compuesta junto al artista cubano Alexis Valdés, “Esperanza” tiene un mensaje pleno de vida, en un texto conmovedor y sensible que ya se ganó el corazón de la gente.
Sobre esta composición y como se inscribe su mensaje en estos tiempos de coronavirus, EL LIBERAL habló con Piero De Benedictis.
Si tenemos en cuenta que esperanza es también una de las tres virtudes teologales, ¿cómo se inscribe, en este concepto, “Esperanza”, tu nueva canción?
Uno es un instrumento y la esperanza se encarga de hacer cosas. Uno realmente agradece estar conectado con esas cosas. Muchas veces la música y la poesía nos están acompañando y nos hacen tocar lo más importante del ser que nos cuesta tanto tocarlo, estamos lejos muchas veces.
¿Cuál es la metáfora que encierras cuando expresas: “Cuando la tormenta pase y se amansen los caminos y seamos sobrevivientes de un naufragio...?
La canción, cuando se termina, es tuya, es mía, es de todos. Entonces, cada uno tiene su interpretación, su fuerza, la parte que complementa lo que uno siente, lo que se mueve.
¿Qué expectativas te genera este nuevo ofrecimiento de amor, de paz y de vida que haces?
Yo, amanezco y agradezco estar vivo y visualizo, visualizo mi gente, mi barrio, mi pueblo y me pongo a trabajar con ellos y es como una militancia real. No pertenecemos a nadie, solamente a nosotros y al de arriba que nos maneja y nos da esa luz.
Esa “militancia real” ¿qué te permite descubrir o redescubrir en todo este tiempo vivido?
Son como cosas que se pasan en limpio. Vos vas, como que fueron, pegaron una vuelta y volvieron y vos también fuiste, pegaste una vuelta y te reencontras con muchas cosas. Todo eso se mueve de una manera muy mágica. La esperanza quiere la paz, busca eso. Y eso, yo no soy nadie, pero, en el interior está mucho más claro que para nosotros la solidaridad en el interior es natural. La solidaridad es lo que nos mueve, lo que nos da la luz, nos cura y nos da un montón de cosas con las que podamos trabajar juntos y entender juntos. La política te defrauda. Es una herramienta, muy bien, pero se la pasan peleando y no consiguen nada y la gente está en el medio. Acá, la esperanza te dice que hay que ir el lado de la solidaridad. Hay que creer y creérselo. No podemos estar en el apocalipsis, inmovilizados y asustados; no, tenemos que irnos al otro lado, al otro lado de la luz, al otro lado con todo lo que uno puede realmente entender, mover y sumarse.
¿El coronavirus es el apocalipsis que presagia la luz?
No importa lo que venga y lo que nos pase. Importa lo que hagamos con eso que vino y que pasó, que no lo conocemos, que está loco, que nos alucina todos los días. Pero nosotros somos un montón que queremos la luz, que tenemos hijos y que queremos darle para adelante.
¿Qué pasa por la cabeza de un creador de arte cuando siente la angustia generali zada por el virus?
Es lógico el dolor, el malestar. Lo que la gente realmente siente es muy duro. Y muy duro para el trabajador de la calle que tiene que conseguir el sustento para ese día. Son millones, millones los que necesitan esa fuerza. Y estamos en eso. Hay que seguir buscándole la vuelta, seguir sumando y seguir creyendo.
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Muchos opinan que sólo Dios puede detener la pandemia, ¿vos qué mirada tienes sobre ello?
Todos somos un poco de Dios. A veces hay un Dios asustado o un Dios disfrazado, como dice la canción. Somos muchos, somos pocos, somos dos y somos Dios. Esta es la guerra del amor, la que vamos a ganar nosotros. Es más fácil despertar que seguir viviendo solos y lo más fácil es decir nosotros. Esta guerra la ganamos recibiendo lo que damos.
¿En algún momento has tenido miedo por vos o por los tuyos en medio de esta peste?
No hay que darle lugar al miedo. El miedo aparece en donde se le da la gana y hay que estar muy alerta y hay que sumarse por el otro lado, hay que sumarse por el lado blanco, por el lado claro, por el lado bueno, por el lado que uno cree y quiere.l








