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El momento más duro de la pandemia en la Colonia Jaime: Cuando se apagaron las luces del comedor

04/09/2021 23:10 Interior
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El momento más duro de la pandemia en la Colonia Jaime: Cuando se apagaron las luces del comedor El momento más duro de la pandemia en la Colonia Jaime: Cuando se apagaron las luces del comedor

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE EL LIBERAL Y ESTAR SIEMPRE INFORMADOClaudia Lazo estuvo y está

a cargo del cuidado de la evolución

de los contagiados, aislados

y demás colonos, era quien

recibía las instrucciones de las

especialistas y se encargaba

que se cumplieran sus recomendaciones

y de realizar algunos

controles sencillos.

“Vivo en la Colonia Jaime hace

27 años, nací y crecí en La

Banda. El estudio de la filosofía

que llevamos dentro de la comuna,

unido a la ciencia me ha permitido

adquirir muchos conocimientos,

los cuales estos días

que hemos vivido me han permitido

ponerlos en práctica, lógicamente,

guiada y asesorada

por médicas, licenciadas, que

siempre han estado brindándonos

su apoyo y conocimientos,

de qué manera desenvolverme

y servirles a todos los miembros

de la comunidad”.

Excepcionalmente, porque

seguramente no debe haber muchos

casos similares en el mundo,

la Colonia Jaime logró mantener

fuera de su comunidad casi

dos años al virus del Covid-19,

un caso que varios médicos santiagueños

ya expresaron su voluntad

de investigar más a fondo

y detenidamente.

Claudia relató sobre lo vivido

en ese sentido: “A partir del

primer día de pandemia, hace un

año y 8 meses, todos los miembros

seguimos un protocolo estricto

en su cumplimiento: uso

del barbijo, la desinfección que

para nosotros ha sido muy importante,

el alcohol en gel, en fin

toda la prevención”.

Cuando apareció el primer

caso, la primera medida fue organizar

burbujas: “Eso significa,

a cada familia, darles en su habitación

el desayuno, almuerzo,

merienda y cena. Como se sabe,

nuestro sistema de vida es comer

todos juntos en un comedor.

Pero del comedor se apagaron

las luces, lo que fue muy fuerte

para la comunidad, el día que dio

el primer caso positivo”.

“El segundo paso fue el uso

permanente del barbijo dentro

de la casa, desde el niño hasta

el adulto mayor. Otra medida

importante fue: a los adultos

mayores, que son cinco, hasta la

edad de 91 años, los hemos protegido

de tal forma que no se tuviera

contacto de ninguna manera”,

por tratarse de “los más vulnerables”.

De tal forma que todo

lo que se proveía al resto, a ellos

se lo hacía con mayor cautela.

El aislamiento también pasó

a ser mucho más estricto que lo

que había sido hasta entonces.

“En el momento en que alguna

persona me manifestaba que

estaba con algún síntoma, era

aislado, quedaba dentro de su

habitación. Por más que su familia

no sintiera nada, se aislaba

a la familia completa, se esperaban

los días respectivos (por

eventual aparición de sintomatología)

y, si todo estaba bien, se

reintegraba a sus actividades,

sin romper las burbujas de las

familias. Eso era esencial”, describió

Claudia.

Cocina

Otro gran espacio común en

la colonia es donde se preparan

los alimentos a diario.

“En los 89 años que tiene

la colonia, el comedor comunal

es el lugar del encuentro en

el almuerzo y en la cena, la sobremesa,

recibimos personas

(cuando se podía hacerlo). La

colonia ha transitado momentos

muy difíciles a lo largo de su

historia, pero esas luces, nunca

se habían apagado (pausa). Esto

ha llegado a apagar esas luces,

porque necesitábamos aislarnos,

separarnos y adentrarnos

en nosotros mismos, desde la

familia e individualmente, retrospección,

análisis, por algo esto

estaba sucediendo”, describió.

“La cocina siempre ha estado

manejada por dos personas

con estrictos cuidados y protocolos.

Todo lo que eran los tés,

de limón, jengibre, miel, los jugos

de naranja. Habíamos quedado

un grupo reducido de personas

para todos esos detalles

que, para los que estaban aislados

y los que habían dado positivo,

eran fundamentales”, contó.

“Hemos tenido pacientes

con el índice de masa corporal

(IMC) grado 2, pacientes con asma,

otros con problemas respiratorios,

aunque todos con síntomas

leves, nada de gravedad,

ni nada que se hubiera tenido

que recurrir a una atención de

fuera de la comunidad”.

Las altas

“El día 1° (de septiembre) ya

han recibido el alta las últimas

personas que quedaban con Covid.

Hemos tenido 21 pacientes

positivos (de un total de 90 miembros)

y los demás, que se habían

aislado preventivamente por síntomas,

se han realizado entre dos

o tres hisopados, los cuales dieron

negativo. Y se han reintegrado

a sus actividades en muy buen

estado general de salud”.

Entre los 90 integrantes de la

comuna, “hay adultos mayores,

adultos, jóvenes, niños y bebés;

además, tenemos dos embarazadas,

de entre cinco y cinco

meses y medio, que han estado

siempre muy bien de salud”,

detalló.

La solidaridad que

los sorprendió

Consultada sobre cómo

viven ahora la relación con el

exterior de la colonia, Marcela

Lazo explicó: “El Covid ya

nos llevó a producir cambios

con el interior, en cada uno,

en la comunidad y creo que

va a perfeccionar nuestra relación

con el exterior. Siempre

la hemos preservado y

nos hemos relacionado con

el mundo que nos rodea de

la mejor forma posible y hoy

creo que mejor todavía, porque

de alguna manera, si bien

estudiamos una filosofía que

nos enseña el conocimiento

de uno mismo, el amor, la solidaridad,

la fraternidad, esta

situación te hace llevar a

la práctica todo eso. No solamente

que muchas veces nos

hemos sentido solidarios con

otros y con la comunidad, en

este caso lo ves ahí, se puede

palpar. Hubo mucha gente

que se puso a disposición

de la comunidad sin ser familiar,

siendo amigos, clientes o

gente que nos conocía y nos

quiere. Eso es muy valioso

para nosotros, y lo vamos a

rescatar porque eso alimenta

la vida. Lo otro, lo material,

es una circunstancia”.

Cómo le ganaron a

la incertidumbre

“Además de generarnos

mucha incertidumbre, una palabra

muy válida en esta situación

porque es un día a día

todo, un hora a hora”, como

cambian las situaciones, describió

Marcela Lazo. “El primer

positivo fue un jueves, el

sábado, cuatro positivos más,

el domingo dos familias que se

aislaban por síntomas. Ese fin

de semana fue muy angustiante.

El lunes amanecemos con

una actitud muy positiva, de

personas mayores que son

positivas, y eso fue levantando

un poquito el estado emocional

de todos. Y enseguida,

a los dos, tres días ya se fue

generando más confianza al

ver que los chicos evolucionaban

bien, que los que más síntomas

tenían, ya habían pasado

por un proceso de varios

días y, si bien tenían síntomas,

no eran graves, saturaban

bien. Eso fue dando tranquilidad.

En ningún momento nadie

tuvo un problema de respiración

que nos haya asustado.

Nos empezaron a hisopar el

sábado, el miércoles se hisopó

a toda la comunidad, y aparecen

cinco más. Pero ya sabíamos

qué teníamos que hacer

y lo único que pedíamos

y deseábamos y trabajábamos

era para cortar esto. Que

no se propagara más. Entiendo

que al haber tomado medidas

puntuales apenas empezó

todo, permitió que se pudiera

frenar. Más la responsabilidad

de todos de asumir la tarea de

cuidarnos”.

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