El momento más duro de la pandemia en la Colonia Jaime: Cuando se apagaron las luces del comedor El momento más duro de la pandemia en la Colonia Jaime: Cuando se apagaron las luces del comedor
a cargo del cuidado de la evolución
de los contagiados, aislados
y demás colonos, era quien
recibía las instrucciones de las
especialistas y se encargaba
que se cumplieran sus recomendaciones
y de realizar algunos
controles sencillos.
“Vivo en la Colonia Jaime hace
27 años, nací y crecí en La
Banda. El estudio de la filosofía
que llevamos dentro de la comuna,
unido a la ciencia me ha permitido
adquirir muchos conocimientos,
los cuales estos días
que hemos vivido me han permitido
ponerlos en práctica, lógicamente,
guiada y asesorada
por médicas, licenciadas, que
siempre han estado brindándonos
su apoyo y conocimientos,
de qué manera desenvolverme
y servirles a todos los miembros
de la comunidad”.
Excepcionalmente, porque
seguramente no debe haber muchos
casos similares en el mundo,
la Colonia Jaime logró mantener
fuera de su comunidad casi
dos años al virus del Covid-19,
un caso que varios médicos santiagueños
ya expresaron su voluntad
de investigar más a fondo
y detenidamente.
Claudia relató sobre lo vivido
en ese sentido: “A partir del
primer día de pandemia, hace un
año y 8 meses, todos los miembros
seguimos un protocolo estricto
en su cumplimiento: uso
del barbijo, la desinfección que
para nosotros ha sido muy importante,
el alcohol en gel, en fin
toda la prevención”.
Cuando apareció el primer
caso, la primera medida fue organizar
burbujas: “Eso significa,
a cada familia, darles en su habitación
el desayuno, almuerzo,
merienda y cena. Como se sabe,
nuestro sistema de vida es comer
todos juntos en un comedor.
Pero del comedor se apagaron
las luces, lo que fue muy fuerte
para la comunidad, el día que dio
el primer caso positivo”.
“El segundo paso fue el uso
permanente del barbijo dentro
de la casa, desde el niño hasta
el adulto mayor. Otra medida
importante fue: a los adultos
mayores, que son cinco, hasta la
edad de 91 años, los hemos protegido
de tal forma que no se tuviera
contacto de ninguna manera”,
por tratarse de “los más vulnerables”.
De tal forma que todo
lo que se proveía al resto, a ellos
se lo hacía con mayor cautela.
El aislamiento también pasó
a ser mucho más estricto que lo
que había sido hasta entonces.
“En el momento en que alguna
persona me manifestaba que
estaba con algún síntoma, era
aislado, quedaba dentro de su
habitación. Por más que su familia
no sintiera nada, se aislaba
a la familia completa, se esperaban
los días respectivos (por
eventual aparición de sintomatología)
y, si todo estaba bien, se
reintegraba a sus actividades,
sin romper las burbujas de las
familias. Eso era esencial”, describió
Claudia.
Cocina
Otro gran espacio común en
la colonia es donde se preparan
los alimentos a diario.
“En los 89 años que tiene
la colonia, el comedor comunal
es el lugar del encuentro en
el almuerzo y en la cena, la sobremesa,
recibimos personas
(cuando se podía hacerlo). La
colonia ha transitado momentos
muy difíciles a lo largo de su
historia, pero esas luces, nunca
se habían apagado (pausa). Esto
ha llegado a apagar esas luces,
porque necesitábamos aislarnos,
separarnos y adentrarnos
en nosotros mismos, desde la
familia e individualmente, retrospección,
análisis, por algo esto
estaba sucediendo”, describió.
“La cocina siempre ha estado
manejada por dos personas
con estrictos cuidados y protocolos.
Todo lo que eran los tés,
de limón, jengibre, miel, los jugos
de naranja. Habíamos quedado
un grupo reducido de personas
para todos esos detalles
que, para los que estaban aislados
y los que habían dado positivo,
eran fundamentales”, contó.
“Hemos tenido pacientes
con el índice de masa corporal
(IMC) grado 2, pacientes con asma,
otros con problemas respiratorios,
aunque todos con síntomas
leves, nada de gravedad,
ni nada que se hubiera tenido
que recurrir a una atención de
fuera de la comunidad”.
Las altas
“El día 1° (de septiembre) ya
han recibido el alta las últimas
personas que quedaban con Covid.
Hemos tenido 21 pacientes
positivos (de un total de 90 miembros)
y los demás, que se habían
aislado preventivamente por síntomas,
se han realizado entre dos
o tres hisopados, los cuales dieron
negativo. Y se han reintegrado
a sus actividades en muy buen
estado general de salud”.
Entre los 90 integrantes de la
comuna, “hay adultos mayores,
adultos, jóvenes, niños y bebés;
además, tenemos dos embarazadas,
de entre cinco y cinco
meses y medio, que han estado
siempre muy bien de salud”,
detalló.
La solidaridad que
los sorprendió
Consultada sobre cómo
viven ahora la relación con el
exterior de la colonia, Marcela
Lazo explicó: “El Covid ya
nos llevó a producir cambios
con el interior, en cada uno,
en la comunidad y creo que
va a perfeccionar nuestra relación
con el exterior. Siempre
la hemos preservado y
nos hemos relacionado con
el mundo que nos rodea de
la mejor forma posible y hoy
creo que mejor todavía, porque
de alguna manera, si bien
estudiamos una filosofía que
nos enseña el conocimiento
de uno mismo, el amor, la solidaridad,
la fraternidad, esta
situación te hace llevar a
la práctica todo eso. No solamente
que muchas veces nos
hemos sentido solidarios con
otros y con la comunidad, en
este caso lo ves ahí, se puede
palpar. Hubo mucha gente
que se puso a disposición
de la comunidad sin ser familiar,
siendo amigos, clientes o
gente que nos conocía y nos
quiere. Eso es muy valioso
para nosotros, y lo vamos a
rescatar porque eso alimenta
la vida. Lo otro, lo material,
es una circunstancia”.
Cómo le ganaron a
la incertidumbre
“Además de generarnos
mucha incertidumbre, una palabra
muy válida en esta situación
porque es un día a día
todo, un hora a hora”, como
cambian las situaciones, describió
Marcela Lazo. “El primer
positivo fue un jueves, el
sábado, cuatro positivos más,
el domingo dos familias que se
aislaban por síntomas. Ese fin
de semana fue muy angustiante.
El lunes amanecemos con
una actitud muy positiva, de
personas mayores que son
positivas, y eso fue levantando
un poquito el estado emocional
de todos. Y enseguida,
a los dos, tres días ya se fue
generando más confianza al
ver que los chicos evolucionaban
bien, que los que más síntomas
tenían, ya habían pasado
por un proceso de varios
días y, si bien tenían síntomas,
no eran graves, saturaban
bien. Eso fue dando tranquilidad.
En ningún momento nadie
tuvo un problema de respiración
que nos haya asustado.
Nos empezaron a hisopar el
sábado, el miércoles se hisopó
a toda la comunidad, y aparecen
cinco más. Pero ya sabíamos
qué teníamos que hacer
y lo único que pedíamos
y deseábamos y trabajábamos
era para cortar esto. Que
no se propagara más. Entiendo
que al haber tomado medidas
puntuales apenas empezó
todo, permitió que se pudiera
frenar. Más la responsabilidad
de todos de asumir la tarea de
cuidarnos”.








