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Aulas para pensar

03/05/2022 22:43 Opinión
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Aulas para pensar Aulas para pensar

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Muchos docentes

simplemente no

saben cómo enseñarles

a sus alumnos

a pensar de

maneras profundas y, por lo tanto,

no lo hacen.

De la misma forma,

muchos alumnos no saben

cómo pensar de maneras más

profundas, porque nadie espera

que lo hagan, y por lo tanto no lo

hacen.

La cultura del pensamiento se

hace visible en aquellas aulas en

donde el pensamiento, tanto individual

como colectivo, se valora,

se hace visible y se promueve

activamente como parte de la experiencia

cotidiana de todos los

miembros del grupo.

Es priorizar

la profundidad el pensamiento

por sobre la velocidad de respuesta.

Cuando preparamos a nuestros

alumnos para pensar, les

estamos dando las herramientas

necesarias para que puedan

resolver problemas, anticiparse,

predecir, tomar mejores decisiones

y disfrutar del buen pensar

dentro y fuera del aula, entre

otras habilidades.

Ahora bien, algunos

docentes piensan que solo

pueden lograr un pensamiento de

orden superior aquellos alumnos

avanzados. Sin embargo, cuando

logramos una cultura del pensamiento

en el aula, modelamos el

buen pensamiento y el pensar se

convierte en un hábito para nuestros

alumnos, todos los alumnos

empiezan a destacarse.

¿Qué significa pensar? Si buscamos

generar un aula que “piense”

debemos poder contestarnos

la pregunta para que podamos no

sólo enseñar a pensar, sino también

a evaluar si ocurrió o no.

Para poder enseñarles a nuestros

alumnos a pensar, debemos

nosotros, los docentes, desarrollar

nuestra propia capacidad metacognitiva.

Esto es, ser conscientes

de las habilidades cognitivas

que promovemos en nuestras clases.

No se puede enseñar lo que

uno no sabe. Diseñar un aula en

donde se pueda pensar sin haber

desarrollado nosotros habilidades

parta poder pensar es como

enseñarle a alguien a patinar

cuando uno mismo nunca patinó.

Al hablar de la

cultura del pensamiento

debemos

considerar

que…

Valoramos

el pensamiento:

el

docente tiene

altas expectativas

en que

sus alumnos

puedan y quieran

pensar. Muchas veces

los “pensadores externos”,

aquellos alumnos que

construyen su respuesta mientras

hablan, levantan la mano o “gritan”

su respuesta, pero esto no

garantiza que sea una respuesta

pensada.

Por otro lado, aquellos

“pensadores internos”, que no

levantan la mano salvo que tengan

su respuesta pensada, muchas

veces se quedan sin contestar.

Al valorar el pensamiento, les

damos a los alumnos unos segundos

de más para poder pensar.

Esto mejora la cantidad y calidad

de las respuestas, que a su vez son

más completas, con más detalles,

y mejora las habilidades cognitivas.

Más que memorizar contenidos,

lo que buscamos es que

los alumnos puedan desarrollar

diversas habilidades para lograr

aprendizajes más profundos.

Cuando hablamos de las habilidades

de pensamiento de orden

superior nos referimos

al cerebro haciendo conexiones

y produciendo

niveles

de comprensión

más profundos.

Esto

tiene que

ver con que

los alumnos

tengan un

repertorio de

habilidades

que les permitan

analizar, observar,

inferir, predecir,

sacar sus propias

conclusiones, contrastar

y cuestionar, entre otras. Pero

atención, no alcanza con utilizar

estas habilidades solamente,

se trata de saber cómo y cuándo

hacerlo.

Las habilidades de pensamiento

de orden superior les permiten

a los estudiantes una mayor

comprensión.

El uso de estas

habilidades es vital si queremos

que nuestros alumnos piensen de

manera crítica y creativa: dos características

del pensamiento de

orden superior. Ahí es donde encuentra

el aprendizaje real, y esto

trasciende conocer las respuestas

para un examen.

Al hacer preguntas que implican

un pensamiento de orden inferior,

ofreciéndoles información

fáctica (datos), sólo les estamos

pidiendo a los alumnos que accedan

al área del cerebro que ha

memorizado un concepto y que lo

duplique en forma de respuesta.

Pero atención, saber algo y

comprender algo son dos cosas

distintas.

Saber algo no implica

que el alumno pueda aplicar ese

conocimiento, crear algo con lo que

sabe, o adaptarlo a otro concepto.

Muchas veces cuando se le pide al

alumno que sepa algo, puede recitarlo

correctamente pero al poco

tiempo se lo olvida. Las habilidades

de pensamiento de orden superior

fortalecen las redes neuronales

lo que implica que los alumnos

retienen más lo aprendido.

Trabajan todos los alumnos,

no solo algunos: muchas veces

caemos en la tentación de hacer

una pregunta y permitirles

responder siempre a los mismos.

Muchos docentes, inclusive, se

sienten mal al pensar que tal vez,

si ese alumno que levanta siempre

la mano, no recibe la oportunidad

de responder, se frustre y

no siga participando- después de

todo, ¡puede ser uno de los únicos

alumnos activos de la clase y

lo necesitamos! Sin embargo, de

esa manera, participan dos o tres,

de treinta.

Hay tiempo para pensar:

para pensar, necesitamos tiempo

y silencio. Los buenos docentes

hablan menos para que sus alumnos

puedan pensar más.

Hay oportunidades para

pensar: una cosa es saber cómo

pensar de manera creativa, crítica,

o más profunda, pero otra

es tener la oportunidad hacerlo.

Cuando el docente facilita oportunidades

significativas para pensar,

los alumnos se involucran

más. Básicamente, lo que buscamos

es que haya una disposición

por parte de los alumnos para

aprender. En otras palabras,

¿participan de la clase porque

“deben” hacerlo o porque “quieren”

hacerlo?

Se utilizan en el aula recursos

para pensar como las rutinas

y destrezas de pensamientos, los

organizadores gráficos y otras herramientas

para hacer visible el

pensamiento. No nos alcanza con

suponer que entendieron; necesitamos

evidencia que lo hicieron.

Se pone foco en el “proceso”

de pensar y, por lo tanto, se trabaja

por proyectos, a través del pensamiento

de diseño, aprendizaje

basado en desafíos, aprendizaje

basado en la resolución de problemas,

etc. Se modela el buen pensamiento.

Lenguaje: el docente facilita

frases y el vocabulario necesario

para que los alumnos puedan

describir sus pensamientos.

No todos los alumnos tiene facilidad

para expresarse.

Para poder

expresarse con mayor confianza,

necesitan de vocabulario y frases

en que apoyarse.

En relación a lo que dijo

Juan,... Estoy/no estoy de acuerdo

con esa afirmación porque…

Volviendo a esa idea, creo que….

Lo que dijo Mía me hizo pensar

que…. Si volvemos a esa idea, entonces…

Antes pensaba que…pero

ahora pienso que…

Se favorece la personalización:

¿les brindás a tus alumnos

la oportunidad de resolver situaciones

a través de la creatividad

o esperás que todos resuelvan

las actividades o propuestas

de la misma manera?

Necesitamos que el contenido

permita pensar. Es decir, debemos

darles a los alumnos algo

para pensar que valga la pena.

Se favorece la interacción en

el aula.

Se facilita un entorno de

respeto por la forma de pensar y

aprender de los compañeros. Se

trabaja en pos de un aula sana.

Algo a tener en cuenta: aquellos

alumnos que han experimentado

altos niveles de estrés en sus

hogares, poseen un hipocampo

significativamente más pequeño,

la parte del cerebro responsable

de convertir memorias de

corto plazo en memorias de largo

plazo (Bremmer, 2006).

Además,

aquellos alumnos que han

atravesado situaciones de estrés

post traumático registran una

mayor actividad de la amigdala lo

que genera respuestas de pelear o

huir y menor actividad en la corteza

prefrontal medial, que ayuda

a reducir la ansiedad.

Es decir,

a aquellos alumnos que experimentan

altos niveles de estrés,

ya sea por cuestiones externas o

inherentes al aula (bullying, sentirse

expuestos, pensar que el docente

no los aprecia, miedo a cargadas,

etc) les cuesta mucho más

concentrarse, se muestran más

irritables y les cuesta aprender.

Esto implica que existe una relación

directa entre estrés, nervios,

angustia y rendimiento.

Los alumnos que sienten ansiedad

y nervios reducen su capacidad

de razonar y pensar con claridad.

Por lo tanto, a mayor estrés o

angustia, menor el desempeño, y

claramente, el aprendizaje puede

verse perjudicado por la intensidad

y la duración del estrés.

Como docentes debemos generar

contextos educativos que

brinden seguridad y tranquilidad

y brindar herramientas para que

los alumnos puedan ir manejando

y mejorando su actitud frente

al estrés.

Necesitamos pasar de la escuela

reproductora de contenido

(alumnos repitiendo de memoria)

a la escuela productora de conocimiento

(alumnos pensando,

prediciendo, juzgando, analizando,

contrastando, imaginando,

evaluando, realizando hipótesis,

construyendo, creando, etc).

Pero

para hacerlo, para poder pensar,

el alumno debe sentirse seguro física

y emocionalmente. Generar

aulas seguras emocionalmente es

tan importante como generar una

cultura de pensamiento.

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