Aulas para pensar Aulas para pensar
Muchos docentes
simplemente no
saben cómo enseñarles
a sus alumnos
a pensar de
maneras profundas y, por lo tanto,
no lo hacen.
De la misma forma,
muchos alumnos no saben
cómo pensar de maneras más
profundas, porque nadie espera
que lo hagan, y por lo tanto no lo
hacen.
La cultura del pensamiento se
hace visible en aquellas aulas en
donde el pensamiento, tanto individual
como colectivo, se valora,
se hace visible y se promueve
activamente como parte de la experiencia
cotidiana de todos los
miembros del grupo.
Es priorizar
la profundidad el pensamiento
por sobre la velocidad de respuesta.
Cuando preparamos a nuestros
alumnos para pensar, les
estamos dando las herramientas
necesarias para que puedan
resolver problemas, anticiparse,
predecir, tomar mejores decisiones
y disfrutar del buen pensar
dentro y fuera del aula, entre
otras habilidades.
Ahora bien, algunos
docentes piensan que solo
pueden lograr un pensamiento de
orden superior aquellos alumnos
avanzados. Sin embargo, cuando
logramos una cultura del pensamiento
en el aula, modelamos el
buen pensamiento y el pensar se
convierte en un hábito para nuestros
alumnos, todos los alumnos
empiezan a destacarse.
¿Qué significa pensar? Si buscamos
generar un aula que “piense”
debemos poder contestarnos
la pregunta para que podamos no
sólo enseñar a pensar, sino también
a evaluar si ocurrió o no.
Para poder enseñarles a nuestros
alumnos a pensar, debemos
nosotros, los docentes, desarrollar
nuestra propia capacidad metacognitiva.
Esto es, ser conscientes
de las habilidades cognitivas
que promovemos en nuestras clases.
No se puede enseñar lo que
uno no sabe. Diseñar un aula en
donde se pueda pensar sin haber
desarrollado nosotros habilidades
parta poder pensar es como
enseñarle a alguien a patinar
cuando uno mismo nunca patinó.
Al hablar de la
cultura del pensamiento
debemos
considerar
que…
Valoramos
el pensamiento:
el
docente tiene
altas expectativas
en que
sus alumnos
puedan y quieran
pensar. Muchas veces
los “pensadores externos”,
aquellos alumnos que
construyen su respuesta mientras
hablan, levantan la mano o “gritan”
su respuesta, pero esto no
garantiza que sea una respuesta
pensada.
Por otro lado, aquellos
“pensadores internos”, que no
levantan la mano salvo que tengan
su respuesta pensada, muchas
veces se quedan sin contestar.
Al valorar el pensamiento, les
damos a los alumnos unos segundos
de más para poder pensar.
Esto mejora la cantidad y calidad
de las respuestas, que a su vez son
más completas, con más detalles,
y mejora las habilidades cognitivas.
Más que memorizar contenidos,
lo que buscamos es que
los alumnos puedan desarrollar
diversas habilidades para lograr
aprendizajes más profundos.
Cuando hablamos de las habilidades
de pensamiento de orden
superior nos referimos
al cerebro haciendo conexiones
y produciendo
niveles
de comprensión
más profundos.
Esto
tiene que
ver con que
los alumnos
tengan un
repertorio de
habilidades
que les permitan
analizar, observar,
inferir, predecir,
sacar sus propias
conclusiones, contrastar
y cuestionar, entre otras. Pero
atención, no alcanza con utilizar
estas habilidades solamente,
se trata de saber cómo y cuándo
hacerlo.
Las habilidades de pensamiento
de orden superior les permiten
a los estudiantes una mayor
comprensión.
El uso de estas
habilidades es vital si queremos
que nuestros alumnos piensen de
manera crítica y creativa: dos características
del pensamiento de
orden superior. Ahí es donde encuentra
el aprendizaje real, y esto
trasciende conocer las respuestas
para un examen.
Al hacer preguntas que implican
un pensamiento de orden inferior,
ofreciéndoles información
fáctica (datos), sólo les estamos
pidiendo a los alumnos que accedan
al área del cerebro que ha
memorizado un concepto y que lo
duplique en forma de respuesta.
Pero atención, saber algo y
comprender algo son dos cosas
distintas.
Saber algo no implica
que el alumno pueda aplicar ese
conocimiento, crear algo con lo que
sabe, o adaptarlo a otro concepto.
Muchas veces cuando se le pide al
alumno que sepa algo, puede recitarlo
correctamente pero al poco
tiempo se lo olvida. Las habilidades
de pensamiento de orden superior
fortalecen las redes neuronales
lo que implica que los alumnos
retienen más lo aprendido.
Trabajan todos los alumnos,
no solo algunos: muchas veces
caemos en la tentación de hacer
una pregunta y permitirles
responder siempre a los mismos.
Muchos docentes, inclusive, se
sienten mal al pensar que tal vez,
si ese alumno que levanta siempre
la mano, no recibe la oportunidad
de responder, se frustre y
no siga participando- después de
todo, ¡puede ser uno de los únicos
alumnos activos de la clase y
lo necesitamos! Sin embargo, de
esa manera, participan dos o tres,
de treinta.
Hay tiempo para pensar:
para pensar, necesitamos tiempo
y silencio. Los buenos docentes
hablan menos para que sus alumnos
puedan pensar más.
Hay oportunidades para
pensar: una cosa es saber cómo
pensar de manera creativa, crítica,
o más profunda, pero otra
es tener la oportunidad hacerlo.
Cuando el docente facilita oportunidades
significativas para pensar,
los alumnos se involucran
más. Básicamente, lo que buscamos
es que haya una disposición
por parte de los alumnos para
aprender. En otras palabras,
¿participan de la clase porque
“deben” hacerlo o porque “quieren”
hacerlo?
Se utilizan en el aula recursos
para pensar como las rutinas
y destrezas de pensamientos, los
organizadores gráficos y otras herramientas
para hacer visible el
pensamiento. No nos alcanza con
suponer que entendieron; necesitamos
evidencia que lo hicieron.
Se pone foco en el “proceso”
de pensar y, por lo tanto, se trabaja
por proyectos, a través del pensamiento
de diseño, aprendizaje
basado en desafíos, aprendizaje
basado en la resolución de problemas,
etc. Se modela el buen pensamiento.
Lenguaje: el docente facilita
frases y el vocabulario necesario
para que los alumnos puedan
describir sus pensamientos.
No todos los alumnos tiene facilidad
para expresarse.
Para poder
expresarse con mayor confianza,
necesitan de vocabulario y frases
en que apoyarse.
En relación a lo que dijo
Juan,... Estoy/no estoy de acuerdo
con esa afirmación porque…
Volviendo a esa idea, creo que….
Lo que dijo Mía me hizo pensar
que…. Si volvemos a esa idea, entonces…
Antes pensaba que…pero
ahora pienso que…
Se favorece la personalización:
¿les brindás a tus alumnos
la oportunidad de resolver situaciones
a través de la creatividad
o esperás que todos resuelvan
las actividades o propuestas
de la misma manera?
Necesitamos que el contenido
permita pensar. Es decir, debemos
darles a los alumnos algo
para pensar que valga la pena.
Se favorece la interacción en
el aula.
Se facilita un entorno de
respeto por la forma de pensar y
aprender de los compañeros. Se
trabaja en pos de un aula sana.
Algo a tener en cuenta: aquellos
alumnos que han experimentado
altos niveles de estrés en sus
hogares, poseen un hipocampo
significativamente más pequeño,
la parte del cerebro responsable
de convertir memorias de
corto plazo en memorias de largo
plazo (Bremmer, 2006).
Además,
aquellos alumnos que han
atravesado situaciones de estrés
post traumático registran una
mayor actividad de la amigdala lo
que genera respuestas de pelear o
huir y menor actividad en la corteza
prefrontal medial, que ayuda
a reducir la ansiedad.
Es decir,
a aquellos alumnos que experimentan
altos niveles de estrés,
ya sea por cuestiones externas o
inherentes al aula (bullying, sentirse
expuestos, pensar que el docente
no los aprecia, miedo a cargadas,
etc) les cuesta mucho más
concentrarse, se muestran más
irritables y les cuesta aprender.
Esto implica que existe una relación
directa entre estrés, nervios,
angustia y rendimiento.
Los alumnos que sienten ansiedad
y nervios reducen su capacidad
de razonar y pensar con claridad.
Por lo tanto, a mayor estrés o
angustia, menor el desempeño, y
claramente, el aprendizaje puede
verse perjudicado por la intensidad
y la duración del estrés.
Como docentes debemos generar
contextos educativos que
brinden seguridad y tranquilidad
y brindar herramientas para que
los alumnos puedan ir manejando
y mejorando su actitud frente
al estrés.
Necesitamos pasar de la escuela
reproductora de contenido
(alumnos repitiendo de memoria)
a la escuela productora de conocimiento
(alumnos pensando,
prediciendo, juzgando, analizando,
contrastando, imaginando,
evaluando, realizando hipótesis,
construyendo, creando, etc).
Pero
para hacerlo, para poder pensar,
el alumno debe sentirse seguro física
y emocionalmente. Generar
aulas seguras emocionalmente es
tan importante como generar una
cultura de pensamiento.








