El crecimiento sostenido de la producción nacional impulsa al país en un momento en que la profunda crisis venezolana redefine los roles entre los mayores productores de Sudamérica
Con el impulso de Vaca Muerta y el colapso venezolano, la Argentina se fortalece en el tablero petrolero regional Con el impulso de Vaca Muerta y el colapso venezolano, la Argentina se fortalece en el tablero petrolero regional
El mapa petrolero sudamericano atraviesa un proceso de reordenamiento acelerado, marcado por dos dinámicas que avanzan en paralelo: el crecimiento sostenido de nuevos polos productivos fuera de la órbita de la OPEP+ con Vaca Muerta como emblema y la profunda crisis que afecta a Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro.
En ese escenario, la Argentina comienza a ganar protagonismo relativo dentro de la región, impulsada por el desarrollo del shale neuquino y por un contexto regional que abre, por primera vez en décadas, la posibilidad de escalar posiciones entre los principales productores de crudo.
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De acuerdo con el último informe de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), la producción mundial de petróleo aumentará en 2026 cerca de 800.000 barriles diarios. La mitad de ese crecimiento será explicada por tres países sudamericanos: Brasil, Guyana y la Argentina, que en conjunto aportarían unos 400.000 barriles diarios adicionales.
El dato confirma una tendencia que se consolidó en los últimos años. Desde 2023, el crecimiento de la oferta global estuvo liderado por países no alineados con la OPEP+, mientras que el cartel compensó ese avance con recortes coordinados. En 2025, tras una contracción en 2024, la producción mundial repuntó con un aumento de 2,2 millones de barriles diarios, de los cuales 1,7 millones provinieron de productores por fuera de la alianza. En ese marco, Brasil, Guyana y la Argentina explicaron casi un tercio del incremento total.
El caso argentino presenta una particularidad clave. Hasta 2021, la producción local mostraba una curva descendente. El quiebre se produjo con la expansión del shale oil en Vaca Muerta, una de las pocas formaciones no convencionales del mundo capaces de alcanzar volúmenes relevantes fuera de Estados Unidos. En 2024, el país promedió 670.000 barriles diarios; en 2025, la cifra trepó a 740.000; y para 2026 la EIA proyecta un promedio cercano a los 810.000 barriles diarios.
Ese crecimiento ya tuvo impacto concreto en el ranking regional. Durante la segunda mitad de 2025, la Argentina superó a Colombia y pasó a ocupar el cuarto lugar entre los mayores productores de América del Sur, detrás de Brasil, Venezuela y Guyana. En noviembre, la producción local alcanzó los 844.386 barriles diarios, con Vaca Muerta aportando cerca del 70% del total. YPF concentra casi la mitad de ese volumen.
Brasil continúa liderando el mapa petrolero sudamericano. En octubre de 2025 superó por primera vez los 4 millones de barriles diarios, impulsado por la incorporación de nuevos buques FPSO en el offshore profundo. Guyana, por su parte, protagonizó uno de los crecimientos más acelerados del mundo: multiplicó por diez su producción entre 2020 y 2025 gracias al desarrollo del bloque Stabroek, operado por ExxonMobil junto a Hess y la china CNOOC. En noviembre pasado ya superaba los 900.000 barriles diarios y se espera un nuevo salto en 2026.
La gran incógnita sigue siendo Venezuela. Aunque aún figura como el tercer productor regional, su situación es extremadamente delicada. Las sanciones de Estados Unidos, la incautación de buques y la crisis política interna golpearon con fuerza a la industria petrolera. Proyecciones citadas por medios internacionales advierten que, si las restricciones se mantienen, la producción podría desplomarse desde niveles cercanos a 1,2 millones de barriles diarios a menos de 300.000 hacia fines de este año.
Un escenario de ese tipo tendría efectos profundos en el mercado regional. Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo, pero años de desinversión y deterioro de infraestructura limitaron severamente su capacidad productiva. Según la consultora Rystad Energy, serían necesarios unos US$183.000 millones a partir de 2026 para que el país pueda volver a producir 3 millones de barriles diarios recién hacia 2040.
En este contexto, algunos analistas empiezan a plantear aunque con cautela la posibilidad de que la Argentina pueda escalar un lugar más en el ranking sudamericano si la parálisis venezolana se prolonga. Las proyecciones alimentan esa hipótesis: mientras Venezuela podría caer a unos 300.000 barriles diarios, la Argentina apunta a consolidarse por encima de los 800.000 en 2026, con Vaca Muerta como motor central.
Puertas adentro del sector, el diagnóstico es prudente. La volatilidad geopolítica, el nivel de los precios internacionales y los cuellos de botella en infraestructura siguen siendo factores determinantes. Sin embargo, el reordenamiento ya está en marcha. Con Brasil y Guyana creciendo desde el offshore y la Argentina desde el shale, América del Sur recupera peso en el escenario petrolero global. Y, por primera vez en mucho tiempo, el país aparece no solo como un actor en expansión, sino también como un eventual beneficiario indirecto del colapso energético de su histórico competidor regional, menciona el portal TN.








