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¿El celibato en la Iglesia aún tiene sentido en el mundo?

Por Henry Vargas Holguín.

05/02/2026 12:12 Opinión
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Vivir en celibato dentro de la Iglesia significa renunciar al amor de pareja para consagrarse totalmente a Dios, que es algo querido por Cristo para algunas personas.

Entre los consejos evangélicos, según el Concilio Vaticano II en el decreto Presbyterorum Ordinis, sobresale la "perfecta continencia por el reino de los cielos": don "concedido a algunos por el Padre (cf. Mt 19, 11; 1 Co 7, 7) para que se consagren a Dios con un corazón que se mantiene más fácilmente indiviso (cf. 1 Co 7, 32-34) en la virginidad o en el celibato.

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La utilidad del celibato

Es cierto que los apóstoles eran casados y, posiblemente, con hijos; pero también es cierto que lo abandonaron todo para seguir a Jesús.

Muchos sacerdotes fervientes e idealistas vivían en continencia en los primeros siglos aun estando casados, y animaban a otros a hacer lo mismo. Era un idealismo más bien de tipo ritual. Con el tiempo se vio la utilidad del celibato para custodiar los bienes de la Iglesia y no transmitirlos por herencia a los descendientes.

En la primera mitad del siglo IV se convocó el primer concilio celebrado en España, llamado Concilio de Elvira, en el que en sus 81 cánones, todos disciplinares, se encuentra, entre otras cosas, la referencia eclesiástica más antigua concerniente al celibato de los sacerdotes.

En dicho Concilio también, a los que ya estaban casados, se les ordenaba no usar el matrimonio cuando de inmediato tuvieran que administrar sacramentos. Incluso se llegó a mandar que nunca se usara porque en cualquier momento podían ser requeridos para administrar un bautismo.

De institución eclesiástica

El celibato tardó en imponerse del todo hasta el siglo XVI en Trento. No es algo de institución divina sino de institución eclesiástica, es decir algo que disciplinariamente la Iglesia ha decidido. ¿Para qué? Para poder vivir un estilo de vida muy necesario en la vida de la Iglesia.

Pero reducir el celibato y la castidad a mera imposición de la Iglesia es de hecho una falta de respeto a la inteligencia, al mismo Cristo (que era el 'sumo y eterno sacerdote', 'célibe', que dio su vida por todos nosotros y que Él mismo recomendó), a los textos bíblicos que tienen una profunda valoración al celibato y a la castidad por el Reino de los cielos y, finalmente, a los Padres de la Iglesia, doctores y pastores que desde el inicio apostólico han defendido dichos valores.

La debilidad del hombre

Y, viene ahora la pregunta obligada. Si existen estos argumentos (de peso), si se acepta en teoría la validez de dichos argumentos y si libremente se abraza el celibato, entonces, ¿por qué algunos sacerdotes no lo han sabido vivir?

Se puede individuar una causa común: la degradación moral. De ordinario empieza con una crisis de fe y con el rechazo interno de las reglas indicadas por la Iglesia, con una gran falta de humildad.

La mayoría de las veces, la ley del celibato es transgredida por personas demasiado seguras de sí mismas, que no buscan apoyo continuo en el amor de Dios.

La santidad, aunque requiera la colaboración del hombre, es antes que todo una gracia divina, don que hay que pedir humildemente en la oración. Cuando la oración se apaga, el sacerdote se hace más vulnerable a las presiones del ambiente.

La infidelidad

Es claro que, a lo largo de la historia, siempre ha habido infidelidades de todo tipo a la norma del celibato, norma que ha acompañado y fortalecido a la Iglesia, pero son minoría y excepción.

Primero está la norma y luego viene el abuso; no es al revés, no es que a raíz de unos abusos se haya impuesto el celibato. El celibato es norma de vida para mejor servir al Señor y no es para corregir errores.

Los malos ejemplos, consecuencia de la inmadurez y/o la fragilidad humanas que desembocan en el irrespeto o infidelidad a estos valores del celibato y la castidad, no invalidan la buena acción de aquellos a los que Cristo, legítimamente, ha llamado para su servicio y el de su rebaño y sí han sido fieles, responsables y convencidos.

La vocación

Tampoco hacen cuestionable la importancia y razón de ser tanto de la promesa de celibato como del voto de castidad de quienes libremente quieren, como prioridad, dedicarse por vocación a construir el Reino de Dios.

Ahora bien, ante dichos malos ejemplos, también habría que recordar que la eficacia de las acciones sacerdotales, dentro del contexto del ejercicio legítimo del ministerio sacerdotal, no depende de la santidad o no santidad de quien lo desempeña sino de Cristo.

Todos estamos llamados a la fidelidad a una vocación dada y a un estado de vida; y quien ha caído en pecado debe ser objeto de nuestra compasión y misericordia, pues "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra".

Crédito: www,.es.aleteia.org

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