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De básicas a versátiles: cómo evolucionaron las notebooks y qué cambió en el mercado

12/02/2026 20:06 Mundo Web
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Durante años, el "segmento de entrada" en computadoras personales fue casi un sinónimo de resignación: equipos pensados para lo mínimo, con márgenes ajustados y una experiencia que, con el tiempo, se volvía lenta. Sin embargo, en la última década esa categoría se transformó. No porque las notebooks económicas se hayan convertido en máquinas premium, sino porque el uso cotidiano cambió (educación digital, trabajo remoto, consumo en la nube) y la industria respondió con una evolución silenciosa: mejores SSD como estándar, gráficos integrados más capaces, procesadores más eficientes y configuraciones menos extremas.

En Argentina, esta evolución se nota en la forma de comprar y en la forma de usar: hoy una notebook "de entrada" puede ser suficiente para estudiar o trabajar, siempre que esté bien configurada. Al mismo tiempo, el mercado se volvió más segmentado: convivimos con equipos accesibles orientados a productividad, modelos "de entrada con aspiración" y portátiles que, sin ser premium, ya apuntan a rendimiento real para tareas creativas o gaming liviano.

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Qué significa "segmento de entrada" hoy (y por qué ya no es una única categoría)

El error más común al hablar de entrada es pensar que es un solo grupo. En la práctica, hoy se divide en tres niveles:

  • Entrada básica real: pensada para navegación, documentos y tareas livianas. Puede funcionar, pero tiene poco margen para multitarea y envejece más rápido.
  • Entrada equilibrada: mantiene precio controlado, pero prioriza lo que más se siente en el uso diario (SSD, memoria razonable, pantalla decente). Es la categoría que más creció porque se volvió "suficiente" para la mayoría.
  • Entrada "con esteroides": equipos que siguen siendo accesibles en comparación con gamas altas, pero incorporan componentes que los vuelven aptos para trabajo más exigente. En muchos casos, están a un paso de la gama media.

Este desdoblamiento explica por qué el mercado se volvió más competitivo: ya no alcanza con ofrecer "lo más barato"; ahora se compite por valor percibido, por experiencia de uso y por durabilidad.

La evolución que más impactó: del disco rígido al SSD (y la sensación de velocidad)

Si hubiera que elegir un cambio que redefinió la entrada, sería la expansión del SSD como estándar. El salto de un disco rígido a un SSD no es un detalle técnico: es lo que hace que el equipo "arranque rápido", abra programas sin pausa y no se sienta torpe con el paso del tiempo. En términos de impacto real, este cambio fue más importante que muchas mejoras de procesador.

Por eso, hoy una notebook económica con SSD y memoria adecuada puede sentirse más rápida que una más antigua "de gama superior" pero con almacenamiento lento. Y esta es una de las razones por las que el segmento de entrada dejó de ser un callejón sin salida: se volvió una puerta razonable al uso moderno.

Procesadores más eficientes: menos calor, más batería y mejor respuesta en tareas mixtas

La última década también trajo un cambio de enfoque en procesadores: la eficiencia se volvió central. En notebooks accesibles, esto es clave. Un chip más eficiente no solo mejora la autonomía; también ayuda a sostener la fluidez cuando el equipo enfrenta tareas mixtas, como una videollamada con navegador, documentos y mensajería en simultáneo.

En la entrada, esto se traduce en una experiencia más estable: menos microcortes, menos "se colgó porque abrí diez pestañas", menos sobrecalentamiento en chasis delgados. No significa que estos equipos sean ideales para tareas pesadas sostenidas, pero sí que pueden cumplir con el uso real para el que se compran.

Cómo impactó esto en la competencia: marcas tradicionales vs nuevos jugadores

En el segmento de entrada, las marcas tradicionales suelen competir con tres ventajas: presencia, continuidad de línea, servicio y percepción de confiabilidad. Los nuevos competidores, en cambio, empujan con una lógica más agresiva: especificaciones atractivas por precio, variedad de configuraciones y rotación rápida.

En Argentina, este choque se vuelve visible en la oferta online. La categoría se mueve rápido: aparecen modelos con un "dulce equilibrio" y otros que, por precio, recortan donde más duele (memoria, calidad de pantalla o batería).

La entrada "equilibrada" como fenómeno: por qué se volvió la más elegida

Hoy, el grueso de la demanda suele concentrarse en la entrada equilibrada. ¿Por qué? Porque resuelve lo esencial sin saltar a precios premium:

  • Rendimiento correcto para tareas de productividad.
  • Autonomía razonable para movilidad.
  • Experiencia de uso aceptable para jornadas largas.
  • Relación costo–beneficio que se percibe rápidamente.

En este territorio, aparecen líneas que ganaron popularidad porque representan esa promesa de "sirve para todo lo normal sin drama". Por eso no sorprende que muchos usuarios terminen comparando alternativas como Asus Vivobook cuando buscan un equipo accesible, versátil y orientado a productividad, especialmente si la prioridad es estudiar, trabajar y tener un rendimiento fluido sin entrar en gamas profesionales.

La frontera con el gaming y la creación: cuando "entrada" se mezcla con rendimiento real

Otro cambio importante es que el segmento de entrada dejó de ser exclusivamente "ofimática". A medida que más personas editan contenido, hacen streaming liviano, juegan o usan software más exigente, surgió una zona híbrida: equipos relativamente accesibles que apuntan a rendimiento más serio.

Ahí aparecen familias que, aunque se asocien a gaming, funcionan como alternativa para quienes buscan potencia por precio. En ese cruce es común que se mencionen líneas como HP Victus, que suelen ubicarse como opción para usuarios que quieren dar un salto en rendimiento (por ejemplo, para edición más frecuente o tareas con GPU) sin necesariamente ir a la gama alta.

Este fenómeno impacta en el mercado porque "empuja hacia arriba" las expectativas. Si una notebook relativamente accesible ofrece un rendimiento muy superior para ciertas tareas, la entrada tradicional se ve obligada a justificar su propuesta: mejor batería, menor peso, mejor pantalla o mayor confiabilidad.

En ese contexto, opciones como MSI Whitebook se vuelven un punto de referencia para ver la amplitud de configuraciones disponibles dentro de una marca asociada a rendimiento.

El impacto en el mercado: qué cambió en el comportamiento de compra

La evolución de la entrada no es solo técnica; también es comercial. Hoy el comprador suele:

  • Comparar más (por disponibilidad y por variedad de ofertas).
  • Valorar configuraciones mínimas (RAM y SSD) por encima de una etiqueta de marketing.
  • Buscar reseñas y experiencias reales de autonomía y temperatura.
  • Priorizar compras online por conveniencia y por posibilidad de comparar rápidamente.

Esto alimenta una dinámica de "microtendencias": ciertos modelos se vuelven muy demandados por semanas o meses según stock, precio y reputación. Por eso, más que perseguir un modelo exacto, suele ser más inteligente perseguir un perfil de configuración.

Qué conviene mirar para no equivocarse en el segmento de entrada

En un mercado más competitivo, la decisión se vuelve más simple si se baja a lo esencial:

  • SSD sí o sí como unidad principal.
  • Memoria suficiente para multitarea real (no pensar solo en "abre Word").
  • Pantalla correcta para leer y trabajar varias horas.
  • Batería y cargador coherentes con tu movilidad.
  • Construcción básica sólida: bisagras y teclado importan más de lo que parece.

El objetivo no es comprar "lo máximo", sino comprar algo que no quede corto antes de tiempo.

La conclusión es clara: hoy se puede elegir una notebook de entrada con buen resultado, siempre que la compra se haga con criterio. Y ese criterio, en 2026, ya no se define solo por precio, sino por equilibrio y por cómo ese equipo va a sostener tu rutina.

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