Por Belén Cianferoni.
Crónicas de los bocinazos, poesía en papeles con forma de corazones, el mercado armonía y un par de cosas más Crónicas de los bocinazos, poesía en papeles con forma de corazones, el mercado armonía y un par de cosas más
Qué semana tan ridículamente rápida pasamos. Es más, febrero siento que no empezó y ya terminó. Es una excusa de mes, hecho con días que sobraron de otros meses.
Estuve haciendo trámites. Acomodando mi salud un poco, no mucho.
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El calor es algo aplanador de decisiones.
La ciudad también está devastada por el calor y la lluvia. Mi pacífico pasaje se volvió una rutina de bocinazos y de ruido de gente frenando y acelerando.
Al bajarme de un auto, mi bastón me antecede. Y siempre alguien se ríe o se impacienta por esa situación. La verdad es que es una seña para que los conductores de atrás vean que una persona con movilidad reducida está saliendo y comprendan que no es el tiempo normal estipulado para un pasajero promedio. Pero aun así hubo peros diría el escritor.
Sinceramente creo que la mayoría de los conductores opina que los bocinazos curan la esclerosis múltiple y empiezan a bocinar para ayudarme. Muchas gracias por sus intentos, chicos, pero desde esta crónica les comentamos que no funciona así. Gracias por el intento, porque lo que quieren es ayudar a una persona con una enfermedad, ¿verdad? No es que sean tan inocentes de creer que con esos bocinazos voy a acelerar mi paso.
Seguro que no, ¿verdad?
¿Verdaaaad?
Hoy no podemos eludir situaciones ni callarnos, para nada. En verdad, nunca pudimos. Las palabras nos acompañan desde que decidimos evolucionar y son el bastión más fuerte de nuestra carrera cognitiva de superación Pero parece que la rabia se ha sobrepoblado en nuestra tierra.
Algunas personas lo viven como el desembarco de aliens en nuestro país. Pero no: de a poco la rabia se fue propagando como una plaga de cochinilla en la cosecha. No la ves pero está burbujeando su espumante maldad.
¿Me acompañan a mis 19 y 20 años? Vamos a viajar a unos recuerdos. Durante esa época de mi vida tenía una idea más performativa del arte literario en Santiago del Estero. La sigo teniendo, pero la intensidad bajó con los años.
Organizamos un evento donde los libros eran libres y las palabras podían moverse entre nosotros. Lo hicimos en el parque y en el Mercado Armonía, con dos mangos. No fue algo muy importante ni brilloso. Gané más experiencia que espectadores; más aprendizaje que aplausos.
Repartíamos poesías en forma de corazones y en trípticos Y la gente que pasaba no quería recibirlos. Recuerdo escuchar muchas veces: "Dejen de hacer basura con esos papeles". Yo estaba ofendida porque pensaba: no es basura, ¡es poesía! ¡Usted no entiende! ¡Usted no sabe de esto! Creo que también se lo respondí a alguien mientras repartía los papelitos.
Tener 19 te hace ver todo más dramático de lo que en verdad es.
Dejamos un libro en blanco para que la gente escribiera al pasar. Cuando lo volvimos a buscar, me asombré al leer que una jubilada que pasaba escribió: "Vayan a bañarse, vagos".
Vamos a pensar en esas personas y en el horario. Voy a compartir lo que la Belén de 40 años viene analizando desde hace mucho.
Hicimos el evento en verano, durante el mediodía Error. Todas las personas están enfocadas en trabajar y en comprar para llegar a sus casas y almorzar lo más rápido posible. Después se puede hacer un análisis sobre el ritmo trabajo/vida/salud mental. Pero hoy no, sigamos.
Esas personas no estaban para abrirse a la poesía, que requiere un esfuerzo de abstracción que no podían realizar a esa hora.
Hicimos el evento en la zona de trabajo más compleja y ajetreada de la ciudad, cerca de bancos y de locales comerciales que albergan buenas y malas noticias. El trayecto de las personas tenía como cuello de botella ese lugar donde había un libro blanco y poesía. Lo iban a usar para descargarse; el lugar iba a generar eso.
A lo largo de estos últimos años hice el recorrido mental con todas esas personas. Me senté a comer en sus mesas, tomé agua con ellas, estuve en sus casas, viendo cómo buscaban plomeros o cómo les rompían el corazón. Viven en silencio y se conforman si pueden llegar aunque sea dos días antes de fin de mes.
La jubilada es otro caso: es una persona que pasó demasiado tiempo en silencio y sola, y vio la oportunidad de expresarse, aunque se trastabilló un poco. Escribir, al igual que volar, requiere práctica.
Me quedé imaginando a esa mujer escribiendo todos los días, sacando su enojo en papel, con palabras atroces e hirientes, hasta que ya no queda nada más por decir. De pronto esas palabras salen y luego, ¿qué pasa? ¿Cómo queda uno? Livianito, como recién venido al mundo.
Hablar del enojo lo calma, lo pasa. Escribir y ser leído también te ayuda a crecer.
Ya no soy esa Belén que se enoja tan fácil. Me acuerdo de ver a esas señoras mayores que leían poesía desde jóvenes y yo las juzgaba y las envidiaba: tenían la cabeza en otra parte, más allá de las deudas que te aquejan.
La poesía te ayuda a bajar el volumen de los bocinazos y de todo lo que uno cree que no se calla.
En fin
¿Cómo los trató "la calor"?
¿Ya anduvieron bocinando discapacitados esta semana?








