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EL LIBERAL . Santiago

El proceso de Reorganización Nacional el pomposo nombre de un tiempo oscuro

Por Eduardo Lazzari.

22/03/2026 01:04 Santiago
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Los 53 años que separan el 6 de septiembre de 1930 del 10 de diciembre de 1983 se han convertido en un período histórico consolidado como tal, que a la distancia de más de cuatro décadas desde su finalización, puede considerarse como un único bloque con continuidades y rupturas, en el que transcurrieron cinco golpes de estado que derrocaron gobiernos elegidos según las normas vigentes constitucionales y legales (1930, 1943, 1955, 1966 y 1976), un golpe de estado que quiso ser legal y fue de facto civil encabezado por José María Guido (1962), y varios gobiernos elegidos con diversa suerte: dos períodos constitucionales completos: la presidencia de Agustín P. Justo (1932-38) y la primera presidencia de Juan Domingo Perón (1946-52); y cinco gobiernos truncos: el de Roberto Marcelino Ortíz y Ramón S. Castillo (1938-43), el segundo período de Perón (195255), el de Arturo Frondizi (1958-62), el de Arturo Umberto Illia (1963-66) y las cortas presidencias de Héctor José Cámpora, la tercera de Perón y María Estela Martínez de Perón (1973-76). 

Alianza táctica buscaban la toma del poder con la finalidad de realizar un cambio de régimen político en el país, fue combatido inicialmente desde el Estado por las fuerzas de seguridad, que desbordadas dieron paso a una institución clandestina, la Triple A, y más adelante a la participación de las Fuerzas Armadas a través del operativo "Independencia" circunscripto en 1975 a la provincia de Tucumán, y luego extendido a todo el pais. 

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Las crisis concurrentes

Sin duda, el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, hoy a medio siglo de su consumación, marca un cambio notable respecto de los golpes anteriores: su organización previa de varios meses; la preparación de normas con pretensión de perpetuidad; una duración muy extensa de casi ocho años; y una estructura militar originalmente sólida que no resistió los avatares de la historia. Nadie puede dudar que la década de 1970 fue la más violenta de la vida moderna argentina, y que en la medianía de ese tiempo haya surgido el "Proceso de Reorganización Nacional" es un símbolo del deterioro político y social al que el país había llegado, y que pocos esperaban se precipitaría al abismo tal cual ocurrió. 

Se puede considerar este período de 53 años como el de la "inestabilidad institucional" por la alternancia de gobiernos de facto con democracias fallidas. Lo trascendente de este recorrido por la historia es descubrir que no fue una experiencia vana, por el logroformidable en estos cuarenta y dos años desde la recuperación de las instituciones republicanas, del abandono definitivo a las aventuras que contemplaban la violación de la Constitución, y sobre todo que significaban la pérdida de la noción del derecho, que se ha recuperado y es el gran logro de este tiempo que vivimos. 

 Los meses anteriores al 24 de marzo de 1976 

Desde la muerte del presidente Juan Perón el 1° de julio de 1974, el país entró en una pendiente decadente que el gobierno de la presidente María Estela Martínez de Perón no pudo detener. Isabelita, tal como era conocida la esposa de Perón, no estaba preparada para enfrentar los retos de la época, y que a pesar de los testimonios de sus colaboradores, como el caso de su secretario Legal y Técnico Julio González, quienes aseguran que poseía contracción a las responsabilidades de su cargo, los hechos finalmente la desbordaron, al no contar con el respaldo de una estructura política sólida, debido a que el partido de gobierno estaba atravesado por un conflicto brutal entre sus distintos componentes. 

El incremento de la violencia insurreccional de las organizaciones guerrilleras, fundamentalmente Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo, que en una profunda crisis económica con múltiples causas, como el aumento del precio del petróleo en el mercado internacional, el fracaso del plan "Inflación 0" y el Pacto Social propuestos por el ministro de Economía 

José Ber Gelbard luego de dos años de su implementación, sumado al "Rodrigazo", una gigantesca devaluación sumada a un aumento de los servicios públicos que culminó en una crisis de gobierno, donde la presidente se desprendió del oscuro personaje que dominaba la escena por entonces, José López Rega, y acordó con los sindicatos liderados por el metalúrgico Lorenzo Miguel. 

En un hecho estrambótico, en setiembre la presidente pide licencia médica y se aloja en Ascochinga en una residencia de la Fuerza Aérea junto a las esposas de los comandantes de las tres fuerzas armadas: Alicia Hartridge de Videla, Delia Vieyra de Massera y Lía González de Fautario, conviviendo con ellas un mes. Durante ese tiempo gobernó Italo Luder. Finalmente, y a sólo meses de las elecciones presidenciales, que se preveían para noviembre de 1976, la profundidad y multiplicidad de las crisis, sumada a la habitualidad del recurso al "partido militar" para corregir el rumbo, hizo que para fines de 1975 nadie dudara que estaba en marcha un golpe de estado.

El detonante para fijar un plazo para la "revolución", como se conocían por entonces los derrocamientos de los mandatarios constitucionales, fue el ataque de Montoneros al Regimiento de Infantería de Monte 29 de Formosa, donde por primera vez la organización terrorista se presenta como "Ejército de Liberación Montonero", ataque que fue una derrota y produce más de 20 muertos. Este operativo incluyó el secuestro de un avión de Aerolíneas Argentinas que fue destruido.

Algo que la historia espera confirmar es la versión que dice que cuando Videla fue intimado por los generales en actividad para llevar adelante el golpe de estado, pidió ver a la presidente y pidió el retiro, ya que no podía cumplir su compromiso legalista. Isabel le habría pedido que se quedara, para evitar que la tragedia fuera mayor. El silencio de la primera mujer que ejerció la presidencia en el país, que nunca aceptó hablar desde su derrocamiento sobre esos acontecimientos impide completar el cuadro de situación de esos tiempos aciagos.

En diciembre de 1975 un levantamiento dentro de la Aeronáutica causa el relevo del único comandante contrario a la intentona golpista, Héctor Luis Fautario, que sostenía ante sus pares que "había que llegar a las elecciones para que el peronismo fuera derrotado en las urnas". El golpe estaba tan anunciado que decenas de diputados y senadores aprovecharon el receso veraniego para vaciar sus despachos en el Congreso Nacional y ante la requisitoria pública, los líderes políticos negaran tener una solución a la mano. 

El "proceso de reorganización nacional" 

El diario "La Razón" en su edición vespertina del 23 de marzo de 1976 anunciaba con tipografía de catástrofe: "TODO ESTÁ DICHO". Sólo la lealtad del jefe del Regimiento de Granaderossalvó algo de honor para la historia al no permitir la detención de Isabel Perón en la Casa Rosada. Por eso, la mandataria fue puesta presa durante el vuelo del helicóptero presidencial, desviado hacia el Aeroparque, iniciando la prisión más extensa de un presidente derrocado en la historia nacional: 5 años.  

El 24 de marzo asumió el poder la Junta Militar, que se atribuyó ser el órgano supremo del Estado, formada por el general Jorge Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti. Ese día se conoció el "Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional", pomposo título para el documento que otorgaba un enorme poder discrecional a los comandantes y ponía al presidente de facto un plazo de cinco años de mandato a la usanza de la dictadura brasileña de entonces. La Comisión de Asesoramiento Legislativo, formada por tres oficiales de cada fuerza, actuaba en reemplazo del Congreso. El cambio de los miembros de la Corte Suprema completaba la concentración del poder, que no iba a estar exento de conflictos feroces entre Videla y Massera, el marino con mayor ambición política del último siglo de historia nacional. 

En una curiosa división de tareas, para intervenir las provincias se optó por repartir las 24 jurisdicciones (22 provincias, 1 territorio nacional y la Capital Federal) entre las tres fuerzas: 8 para cada una. El 29 de marzo asumía Videla como presidente de facto y las políticas que se implementaron fueron un cambio copernicano en la orientación del Estado. La pretensión de "reorganizar la nación", casi en una imitación exagerada de los constituyentes de 1853, se convertiría en el motor que se impulsaría desde la falsa idea de la perpetuidad en el poder.

Iba a cobrar una notable preponderancia en el gobierno la figura del ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, que finalmente sería recordado por uno de los instrumentos más ruinosos para el país: la "tablita" que fijaba un precio del dólar estadounidense con años de anticipación, a pesar de la cual el gran enemigo, la inflación, no pudo ser doblegado. La dificultad en corregir los desajustes fiscales provocaron que el costo de vida se incrementara por sobre la previsión del aumento del dólar y eso produjo un aumento exponencial de la especulación bancaria, que condujo a una crisis hacia fines de 1980. 

 El Mundial '78 y la CIDH 

 En 1978 el Campeonato Mundial de Fútbol, con el triunfo de la selección argentina, significó un respiro para el gobierno militar, acosado sobre todo desde el extranjero por las acusaciones por las violaciones de los derechos humanos. La disputa entre Videla y Massera terminó en el retiro de ambos como comandantes, con la permanencia de Videla como "presidente civil", a tal punto que dejó de usar el uniforme militar y vestía de paisano. Es una obligación moral recordar que en su presidencia Videla era considerado con simpatía por amplios sectores de la población, que lo visualizaba como un factor de orden. 

1979 marca la apertura de la caja de Pandora: la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hace público el drama de las desapariciones de personas cometidas en el marco de los operativos militares, hasta entonces un rumor generalizado. En ese contexto Videla pronunció una de las frases más crueles en boca de un mandatario argentino: "los desaparecidos no son, no están…" para tratar de explicar lo inexplicable. Este tema iba a convertirse en el estigma más grave que la historia cargaría sobre los que mandaron en esos años oscuros.

Sobre las consecuencias posteriores y las locuras que vendrían, si Dios quiere, nos encontraremos en estas queridas páginas de EL LIBERAL el próximo domingo.    

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