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Fuego en la sala de máquinas

Por Enrique Zuleta Puceiro.

26/03/2026 00:43 Opinión
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Especial para EL LIBERAL

El intento del gabinete casi en pleno por asegurar el apoyo del gobierno a la cada vez masa golpeado Jefe de Gabinete Manuel Adorni no parece haber surtido el efecto deseado. Mas bien todo lo contrario. La estudiada coreografía ensayada por los principales ministros del poder ejecutivo más bien subrayo la importancia casi estructural de la crisis que hoy se abate sobre lo que podríamos llamar la "sala de máquinas" del gobierno Milei.

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Es que de todos los accidentes sufridos por el gobierno en las últimas semanas el más preocupante es, sin duda el conflicto desatado al interior del "triángulo de hierro" del poder presidencial. 

La aparente ruptura de hostilidades entre Karina Milei y Santiago Caputo no solo evidencia la escasa resistencia de los materiales que componen la base institucional del actual esquema de poder. A estas alturas las grietas abiertas son seguramente irreparables. Lo cual agrava su incidencia en momentos que el gobierno inicia la segunda parte de una gestión autodefinida desde un principio como de "reformas estructurales".

Las llamas se propagan alcanza ya hoy, ni más ni menos, a la "sala de máquinas" del poder presidencial. Es decir, el núcleo institucional más directo y cercano al presidente, compuesto por un conjunto de secretarías, organismos y unidades de apoyo que lo asisten en funciones políticas, administrativas, jurídicas, estratégicas y de control. Un núcleo de funciones y funcionarios que jamás se rompió en las experiencias presidenciales de los últimos cuarenta años.

En sistemas presidenciales fuertemente concentrados como el argentino, caracterizado por la inexistencia de todo compromiso partidario que pueda operar como factorordenador o proveedor de algún tipo de disciplina o compromiso, quienes ocupan este primer círculo suelen ser personas de máxima confianza personal, unidos con lazos familiares o de militancia de toda la vida, consintonías profundas y de larga data. 

Sin embargo, en la experiencia Milei gravita además la presencia de un consultor de máxima confianza del presidente como Santiago Caputo, que no parece reconocer marco de pertenencia ideológica ni inserción funcional alguna en la estructura institucional del gobierno. No es, por cierto, la primera vez que ocurre. Baste recordar a David Ratto en el caso de Alfonsin, o Duran Barba en el de Macri. 

Este núcleo duro ocupa la Secretaría General de la Presidencia, que coordina a su vez un amplio arco de funciones políticas y administrativas, la Secretaría Legal y Técnica, con una intensa actividad de planeamiento, desarrollo normativo y, sobre todo filtrado técnico de las iniciativas provenientes de los diversos ministerios. La "sala de máquinas" se completa con una Secretaría de Inteligencia de Estado, multiplicada en sus espacios institucionales y recursos y encargada no solo de la inteligencia estratégica, sino tambien de la seguridad presidencial. El organigrama íntimo de un presidentecomo Javier Miley agrega como componente no menos central, una secretaria de Comunicaciones y Prensa de proporciones elefantiásicas, dedicada a una campaña electoral permanente que enhebra una red inabarcable de comunicadores formales e informales, cargo inexplicablemente ocupado por una figura con el perfil de Manuel Adorni.

A la hora de cerrar esta columna, era obvio que la conferencia de prensa solo ha contribuido a avivar las llamas y que la crisis interna del gobierno se propagaya con las características de un incendio y las llamas que amenaza con atacar las oficinas y los cargos vitales e importantes de la "sala de máquinas".

La velocidad de los acontecimientos dificulta sin duda la crónica detallada de los hechos. Sin embargo, la orientación parece inequívoca. Se disputa poder y se enfrentan estilos, modelos y visiones estratégicas mutuamente inconmensurables y muy difíciles de integrar en el marco de un espacio ideológico que siente aversión y desprecio por la política.

En los últimos días, la secretaria general de la presidencia -alter ego del propio presidente- avanzaba hacia el núcleo central de la usina de iniciativas gubernamentales, ocupado por Maria Ibarzabal, arquitecta de la usina productora de leyesdecretos y resoluciones,controldesde el filtrado inicial de los textos normativos generados en otras áreas de gobierno, hasta su misma difusión desde el BoletínOficial. 

La movida trasciende ampliamente la lucha por el protagonismo o el control de las herramientas. La disputa no es por las formas sino por el fondo. Las "salas de máquinas"son la última trinchera de las ideas de un gobierno. El mecanismo capaz de transformar caprichos regulatorios, los sueños ideológicos y los delirios ministerialesmás extremos en reglas de juego susceptibles de ser aplicadas en contextos de emergencia permanente. 

De allí su importancia central en todos los gobiernos. En la experiencia argentina, las secretarias legales y técnicas operaron no solo comosecretarias de control de los procesos administrativos. Fueron el corazón y el cerebro del poder presidencial, su coraza defensivaConstituyeron siempre un reducto cerrado, fuertemente consolidado y unido detrás de lospresidentes, capaces de proteger su firma -recordemos a Vilna Ibarra al lado del fantasioso Alberto Fernandez. Capaces por tanto de mantener firme el timón y, por tanto. mantener el rumbo de la navegación en un ese mar de dificultades que se plantean en democracias siempre sometidas a condiciones de emergencia permanente. 

Baste recordar la importancia de esta sala de máquinas en el gobierno de Alfonsin, con German Lopez y luego Carlos Becerra en la secretaria general, sus socios Costa y Giadone en la secretaria de Acción de gobierno, Emilio Gibaja, David Ratto y el querido "Boni" Radonjic en la estructura de medios, junto a sus amigos personales Fernandez Pastor en Legal y técnica y Fassi en la Procuración del Tesoro. En el gobierno de Menem la estructura fue ocupada tambien por personajes de intima confianza y relación personal como Eduardo Bauzá que fue el conductor operativo del gobierno desde sus funciones de secretario general de la Presidencia y luego jefe de Gabinete. Considerado el jefe operativo del gobierno y uno de los hombres de mayor confianza personal. Baste recordar en este primer cinturón de cercanía a figuras como Roberto Dromi, Raul Granillo Ocampo o Alberto Kohan en su rol de secretario general de la Presidencia.  

En el caso de Menem destacaban además fisuras de gran versatilidad y experiencia política tales como Carlos Corach que no solo fue ministro del Interior. Fue tambien vocero y operador político clavey articuladoreficiente de la liga de gobernadores,el Congreso y el aparato peronista. En el plano de la ingenieríainstitucional figuras como Roberto Dromi, José Luis Manzano y Eduardo Menem como senador y presidente provisional del Senado; principal arquitecto jurídico del menemismo y negociador central de la reforma constitucional de 1994. Tambien tuvo Menem su ministro virtual sin cartera en la persona de Juan Carlos Mazzon un un operador todo terreno de envergaduraincomparable, capaz de soldar fisuras y garantizar en todo momento las relaciones con la oposición y los equilibrios del conjunto 

Mi tesis es la de que,si "la sala de máquinas" se incendia, todo el sistema político queda en condiciones de máximo riesgo. 

En la versión argentina del presidencialismo, el poder presidencial depende sustancialmente de este pequeño grupo de operadores de confianza.Estamos frente a una falla estructuralcuya importancia se acrecienta en el caso de un conductor como Javier Milei. Es decir,un presidente y un gobierno sin partido, ni coalición de gobierno estable. Sometido a un clima de transacción interna y externa permanente. Bajo estas condiciones, una guerra sin cuartel como la que acaba de desatarse plantea escenarios de vulnerabilidad extrema.Baste considerar los ejemplos del gobierno de Fernando De la Rua o de Alberto Fernanedez para conjeturar acerca las consecuencias y proyecciones futuras de esta fractura expuesta que amenaza la estabilidad a medio y largo plazo de un experimento político aun en curso de desarrollo.

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