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Un símbolo de la resistencia en la batalla cultural

Por: Alberto Tasso,  especial para EL LIBERAL.

06/06/2026 14:29 Opinión
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El día de ayer no será fácil de olvidar. 

Pocas veces hemos visto algo semejante: la reacción inmediata de miles de personas saliendo a la calle y llenando plazas para manifestar su dolor por la muerte de un artista. En mi caso no conozco otro precedente, aunque seguramente lo habrá y nos lo recordará algún cronista memorioso. 

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A este acto no lo organizó ninguna institución, no había carteles ni banderas, no lo promovió el periodismo, no lo gestó la oposición, no contenía una demanda ante un problema público, no tuvo discursos alusivos. 

¿Cómo explicarlo entonces?

La primera razón es la coyuntura, la circunstancia, según hubiera precisado José Ortega y Gasset. Sí, el momento que vivimos, tan conocido que no requiere descripción. Como muchos colegas, lo resumo en la palabra odio. Ella condensa la voz del poder -expresada sin ambages por el propio presidente de la Nación- y afirmada con creces por las decisiones que toma el gobierno día tras día. 

En franco contraste, la movida de ayer fue un acto de amor. Es cierto que surgió del dolor de una pérdida, pero también de la esperanza y el deseo de la recuperación, en este momento tan provocativas como una cachetada en el rostro de los mandones de turno.

La sociedad argentina necesita sostener el amor –también nombre de la fraternidad solidaria y la justicia social- como valor fundante. Además de la palabra del arzobispo García Cuerva, nos lo recuerdan expresiones sabidas de la escuela civil o religiosa: amor al/la Otro/a, amor a la Patria. 

Sí, la Patria, cuyo sentido es más amplio y profundo que el de Nación. Basta decir que es madre, y en su etimología tierra de los padres. (Mi otro yo susurra al oído: no olvides decir que está malversada y ofrecida en venta –rifada- ante la banca extranjera –léase USA- cuyo verbo preferido no es amar sino ganar. Se lo agradezco pero no le hago caso: no es novedad, para qué repetir lo ya sabido). 

Ahora bien, el centro de la cuestión es su protagonista: Carlos Alberto Indio Solari. Me informa el chat que nació en Paraná en 1949, y que pasó su infancia y juventud en La Plata, donde formó su banda Patricio Rey y sus redonditos de ricota. 

Me entero que su apodo surgió de sus amigos, a fines de los '60 y comienzos de los '70. Hasta entonces lo llamaban Carlitos, pero entonces alguno lo comparó con el mediocampista de la Selección Argentina de fútbol Jorge Raúl Solari, a quien llamaban "el Indio" por su aspecto físico y su forme enérgica de correr en la cancha. No estaba mal el paralelo, pues vemos la energía al cantar y moverse en el escenario, su cancha. Al cantante le gustó el sobrenombre y lo adoptó por completo. Años más tarde, cuando armó la banda, lo convirtió en su marca de identidad definitiva para toda su carrera musical

La junta espontánea y colectiva de ayer va más allá de su figura de músico, compositor, autor y cantante, como ya lo dijo ayer Eduardo Aliverti en su programa semanal. Tiene que ver con el sentido de su canto, sus palabras, sus actitudes. Aun con las frases crípticas de sus canciones durante la dictadura, Solari fue visto y entendido como un contestatario. 

Hoy la banda ricotera se ha multiplicado y puede ser entendida en clave social y política. Más allá de las marcas partidarias, se inscribe en la contienda ideológica que alguien llamó 'batalla cultural'. Su mensaje es amplio y lo conoceremos mejor en los próximos días. 

Aunque sin duda se convertirá en leyenda es posible una lectura histórica que no es tan menuda como parece. Nos muestra otra faceta de la resistencia, con pueblo en las calles que hizo un altar y recordó la misa clásica del grupo. Lo hizo en paz y por cierto con pasión. Sin embargo fue reprimida con gases por fuerzas de la policía de la ciudad de Buenos Aires, entrenadas para acallar a los y las protestantes de los miércoles: jubilados, universitarios, trabajadores. La del viernes fue una jornada extra. 

En la mentalidad oligárquica de hoy –que emula explícitamente al roquismo- la palabra 'indio' huele mal. Lo saben bien las comunidades originarias (no solo de Santiago del Estero) que padecieron y padecen la política del 'progreso', lo sabemos bien los que apoyamos su causa. Por eso era imposible velar a este Indio en el Congreso, como lo mereció Mercedes Sosa en otro momento.  

Al terraplanismo (terravendismo) de hoy solo cabe recordarle que la tierra, aunque no tenga ricota, es redonda. Y se mueve, como dijo Galileo. 

 

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