Por Dr. Carlos Scaglione | Docente de la UNSE.
El peligro de los libros: enseñan a pensar El peligro de los libros: enseñan a pensar
Cada 15 de junio la Argentina celebra el Día Nacional del Libro, una fecha que trasciende la mera conmemoración de un objeto cultural para recordarnos el valor de una de las mayores creaciones de la humanidad: el libro. La efeméride tiene su origen en 1908, cuando el Consejo Nacional de Mujeres entregó los premios de un concurso literario y promovió que la fecha se recordara anualmente. Años más tarde, en 1924, fue instituida oficialmente como "Fiesta del Libro", denominación que en 1941 pasó a ser el actual "Día del Libro".
No se trata de una fecha menor ni de una simple efeméride cultural. En tiempos donde la velocidad reemplaza a la reflexión, donde la opinión instantánea desplaza al conocimiento y donde las pantallas compiten ferozmente por nuestra atención, defender el libro se ha convertido en una verdadera toma de posición.
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Porque un libro no es solamente un conjunto de páginas encuadernadas. Es una herramienta de resistencia frente a la ignorancia, un instrumento de emancipación intelectual y una de las más extraordinarias conquistas de la civilización humana. Allí donde hay libros hay preguntas; y allí donde existen preguntas, resulta más difícil la obediencia ciega.
No es casual que a lo largo de la historia los tiranos hayan perseguido escritores, censurado obras y quemado bibliotecas. Los libros enseñan a pensar, y quien aprende a pensar deja de ser fácilmente manipulable. La lectura desarrolla el espíritu crítico, amplía el horizonte de lo posible y permite comprender que el mundo puede ser diferente de aquel que los poderosos pretenden presentar como inevitable.
La Argentina nació comprendiendo esa verdad. Apenas iniciada la Revolución de Mayo, Mariano Moreno impulsó la creación de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, convencido de que la libertad política carecía de sentido sin ciudadanos ilustrados. La independencia no debía limitarse a expulsar autoridades extranjeras; debía también liberar las conciencias mediante el acceso al conocimiento.
Mucho antes, la llegada de la imprenta al Río de la Plata había comenzado a sembrar las bases de una cultura propia. Los primeros libros impresos en estas tierras fueron mucho más que publicaciones: representaron la posibilidad de producir ideas, difundir saberes y construir una identidad intelectual autónoma. Cada página impresa era una victoria contra el aislamiento y la dependencia cultural.
Desde entonces, la historia argentina puede recorrerse a través de sus libros. En ellos están las discusiones que dieron forma al país, los sueños de progreso, las luchas sociales, las conquistas democráticas y las voces que se negaron a aceptar el silencio. Los libros preservaron la memoria cuando otros intentaron borrarla y ofrecieron esperanza cuando las circunstancias parecían negarla.
Sin embargo, hoy enfrentamos un desafío diferente. Ya no son las hogueras las que amenazan a los libros, sino la indiferencia. La cultura del consumo inmediato, la fragmentación de la atención y la sustitución del conocimiento por consignas breves erosionan lentamente el hábito de la lectura. El riesgo no es que desaparezcan los libros, sino que dejemos de abrirlos.
Y cuando una sociedad deja de leer, algo más profundo comienza a perderse. Se empobrece el lenguaje, se debilita la capacidad de análisis y se vuelve más difícil distinguir entre información y propaganda, entre verdad y manipulación. Una ciudadanía que lee poco es una ciudadanía más vulnerable.
Por eso, celebrar el Día del Libro es mucho más que rendir homenaje a escritores, bibliotecas o editoriales. Es reivindicar la educación pública, la investigación, el pensamiento crítico y el derecho de todos los ciudadanos a acceder al conocimiento. Es defender la idea de que la cultura no es un lujo para minorías ilustradas, sino una condición indispensable para la democracia.
Cada libro abierto representa una conciencia que se expande. Cada biblioteca es una reserva de libertad. Cada lector constituye una derrota para la ignorancia.
Umberto Eco acuño la frase de "Quien no lee, al llegar a los 70 años habrá vivido una sola vida; quien lee habrá vivido 5.000 años."
Jorge Luis Borges escribió De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y de la memoria."
En una época de ruido permanente, leer sigue siendo un acto de rebeldía. Y quizás por eso mismo, más de cinco siglos después de la invención de la imprenta, el libro continúa siendo una de las herramientas más poderosas para transformar el mundo.
Poco importa si las palabras llegan desde una página impresa, una pantalla o una voz que las narra. Lo verdaderamente importante es no renunciar nunca al hábito de leer. Porque quien lee no acepta verdades prefabricadas: compara, duda, reflexiona y elige. En una época saturada de información, la lectura sigue siendo el camino más seguro hacia el pensamiento propio. Y no existe libertad más valiosa que la de llegar a nuestras propias conclusiones.








