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La universalización de la ignorancia

Por Marcela Nader.

19/09/2026 16:04 Opinión
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Hace poco se conoció el informe Pisa 2026, que mide el nivel de alfabetización de los escolares en todo el mundo traducido en indicadores de matemática y de ciencia, de comprensión de lectura y de lenguaje.

Sin importar el país –excepto en aquellos en los que la excelencia educativa se ha mantenido por décadas–, los demás han mostrado penosos resultados. Todos los periódicos del mundo buscaban, desesperados, algún ángulo positivo en los datos y sólo encontraban que la brecha dentro de cada país entre los mejores y los peores resultados se ensanchaba.

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Se culpa a los maestros, a los sistemas de educación, a los chicos y a los padres. Sin embargo, esta universalización de la ignorancia es culpa de todos. A alguien conviene que la gente sea ignorante.

Hoy se confunde el acceso a la información –inmediata y global– con conocimientos adquiridos a largo plazo, en un proceso continuo y cambiante. Es cierto que en el mundo todos –y en particular los jóvenes– tenemos acceso a aparatos electrónicos celulares, tabletas y computadoras que nos dan una falsa idea de saberlo todo. De la misma manera que confundimos la inteligencia artificial con la inteligencia humana.

El proceso educativo

Quienes están detrás de la inteligencia artificial necesitaron décadas para reunir datos y conocimientos humanos, con la participación de muchísimas personas que pacientemente seleccionaron, categorizaron y archivaron información y conocimientos para que hoy podamos hacer cualquier pregunta y encontremos una respuesta. Una respuesta, y no siempre la mejor. Son máquinas después de todo.

Paradójicamente, olvidamos el tiempo que toma el proceso en el que un ser humano se educa: 12 años de estudios desde la primaria hasta la secundaria, y hay quienes continúan educándose para lograr un título universitario. Y otros que continúan ese proceso toda su vida. La mayoría de las personas aprende en la escuela lo básico (esos conocimientos mínimos que se evalúan en las pruebas mencionadas al comienzo), pero después depende de cada uno.

Los maestros tienen planes de estudios en los que se debe enseñar lo básico en lectoescritura a chicos que no ven una lapicera desde hace años. Ven a sus padres teclear y leer frunciendo el entrecejo para descifrar la letrita en el celular.

Las noticias les llegan con un sonido que, cual perro de Pavlov, los inmoviliza por minutos y los hace salivar por más. No tienen tiempo para procesar un dato cuando otra campanita les informa de otro. Y así sucesivamente. Se venden más libros, pero los chicos raramente leen. En lugar de pensar, buscan distracciones.

Las adicciones a la tecnología, especialmente en los adolescentes, fueron el centro de un juicio excepcional en los Estados Unidos, en el que, después de unas semanas, Facebook y su CEO –acusados de causar tal adicción, entre otros cargos– decidieron suspender el juicio, prometer cambios irrisorios, pagar una multa (en apariencia multimillonaria, pero que en ese negocio no les produce pérdidas)…, y aquí no ha pasado nada.

Desconexión

No, los jóvenes no son ignorantes por culpa de los celulares: son ignorantes en esas materias básicas para la vida porque no encuentran la conexión entre esos planes de estudios y su futuro. Pero esa es la historia en todo el planeta: la educación siempre va tres pasos detrás del mundo, pero eventualmente corrige su curso.

El problema actual es que no se estimula el pensamiento crítico de los chicos. Los padres, los maestros, la escuela como institución, no invierten tiempo –ese bien irreproducible– con los chicos. No se les enseña a pensar. Como si presentar un problema para resolver fuera mala palabra.

No les advierten del peligro de creer todo lo que ven en las redes sociales; no los alertan del daño que podría producir el no discriminar entre lo real y lo ficticio. Hace años, cuando en literatura leíamos un capítulo de un libro, sabíamos que era fruto de la imaginación del autor. Ahora cualquiera con un podcast manipula la información y la expone de manera verosímil. Y para todos es real. No se detienen a verificar, ni siquiera a pensar si podría ser falsa.

Otro ejemplo de este problema es que tanto chicos como padres tienen fácil acceso a cualquier aplicación de juego o apuestas por dinero y, con el entrenamiento de al menos 15 años de juegos con las tabletas y los celulares, "se les olvida" que ese dinero que juegan es real y que esas deudas que crean no son puntos perdidos. No. Son deudas verdaderas que hay que pagar.

Las excusas de los padres de que los chicos no entienden "la letra chica" no sirven más, porque ellos mismos les facilitan las tarjetas de crédito para que los chicos asuman sus identidades para otras aplicaciones. Si no se les ha enseñado desde niños el concepto de responsabilidad, ¿cómo creen los padres que van a comenzar a los 15 o 16 años a explicárselo?

Cada sociedad se mantiene unida y evoluciona por convenciones sociales de valores compartidos. Es necesario que todos los responsables de mantener un cierto nivel de educación pública revean cuáles son los valores que se deben reforzar en la sociedad para eliminar la ignorancia en los más vulnerables.

Ya se sabe: la fortaleza de una cadena depende de los eslabones más frágiles. Basado en el informe Pisa de este año, no es extraño que estemos viendo situaciones sociales, económicas y políticas extremas en todo el mundo. Sólo nos resta esperar que, cuando haya una corrección en la educación mundial, que la habrá, nos ayude a remontar de la misma manera como con cada crisis social, económica o política las sociedades eventualmente corrigieron su rumbo.

Fuente: La Voz.

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