Dolar Oficial: - Dolar Blue:- Dolar CCL:- Dolar Bolsa: - Dolar Mayorista: -

EL LIBERAL . Viceversa

Crónica de los estudiantes del estero

Por Belén Cianferoni.

21/09/2026 12:08 Viceversa
Escuchar:

Crónica de los estudiantes del estero Crónica de los estudiantes del estero

HACÉ CLICK AQUÍ PARA UNIRTE AL CANAL DE WHATSAPP DE EL LIBERAL Y ESTAR SIEMPRE INFORMADO

¿Cómo les va, mis queridos croniqueros?

Hoy quiero hablarles de una especie que habita entre nosotros y que, a diferencia de otras especies autóctonas, suele trasladarse cargando una mochila, una carpeta, un termo y una cantidad de fotocopias que podrían utilizarse para empapelar una habitación.

También te puede interesar:

Estoy hablando del estudiante santiagueño.

Porque una cosa es estudiar.

Y otra cosa es ser estudiante en Santiago del Estero.

Acá tenemos de todo.

Está, por ejemplo, el estudiante aplicado.

Ese que lee antes de la clase. El que subraya. El que tiene resaltadores de cuatro colores y, si uno le pregunta qué significaba cada color, puede explicar perfectamente: amarillo para conceptos, verde para ejemplos, rosa para autores y celeste para aquello que todavía no entiende.

Yo desconfío un poco de esa gente.

Después está el "yo no estudié nada".

Nunca estudió nada.

Jamás.

Uno lo escucha decirlo antes del examen:

—No sé nada, te juro. Estoy muerto.

Y uno, que sí estudió, comienza a revisar mentalmente todas las decisiones que tomó en la vida.

Empieza el examen.

El "yo no estudié nada" responde la primera pregunta.

La segunda. La tercera.

En la cuarta cita a un autor que uno ni siquiera recuerda haber visto en el programa.

Uno lo mira.

Él sonríe.

—Y… algo había leído.

Claro.

Algo.

Está también el estudiante trabajador.

Ese merece un capítulo aparte.

Llega a clase después de trabajar, con sueño, con hambre, con el cuerpo pidiendo cama y la cabeza pidiendo vacaciones.

Pero llega.

A veces con el uniforme del trabajo debajo del abrigo. A veces con la mochila llena de cosas que no tienen nada que ver con la universidad. A veces directamente comiendo algo mientras intenta escuchar al profesor.

Ese estudiante sabe perfectamente que estudiar no siempre significa sentarse tranquilamente frente a un libro con una taza de café al lado.

A veces estudiar es hacerlo a las once de la noche.

O levantarse a las cinco. O leer en el colectivo. O aprovechar veinte minutos de descanso. O escuchar una clase mientras se prepara la cena.

Y después tenemos al estudiante matero.

No importa la institución. No importa la carrera. No importa si son las ocho de la mañana.

El mate aparece.

El mate siempre encuentra el camino.

Hay estudiantes que llegan con termo, mate, yerba, azúcar, edulcorante, y probablemente una pequeña escribanía dentro de la mochila.

El mate circula. El mate escucha. El mate participa.

Uno podría faltar a una clase y preguntar después:

—¿Qué dieron?

—No sé, pero tomamos unos mates.

Perfecto.

También está el estudiante digital. Tiene todo en el celular. Los apuntes. El calendario. Los PDFs. Los grupos de WhatsApp. El Drive. El aula virtual. El correo institucional. La contraseña que nunca recuerda.

Y aproximadamente 4.783 capturas de pantalla que algún día piensa ordenar.

Ese día nunca llega.

Después está el estudiante que pregunta:

—Profe, ¿esto entra?

Todavía no terminó de explicar el tema.

No sabemos siquiera si el tema existe.

Pero él necesita saber si entra.

Porque el estudiante no quiere saber qué es.

Quiere saber si entra.

Y hay una variante especialmente santiagueña:

—¿Es para el parcial?

Esa pregunta tiene una profundidad filosófica enorme.

No pregunta si es importante.

Pregunta si le sirve para sobrevivir.

Está también el estudiante fantasma.

Uno lo ve el primer día.

Después desaparece.

Vuelve antes del primer parcial.

Desaparece nuevamente.

Aparece en diciembre con una expresión de absoluto desconcierto:

—Profe, qué me falta?

Todo, mi amor.

Te falta todo.

Y finalmente tenemos al estudiante eterno.

Ese que hace años dice:

—Ya me falta poquito.

"Poquito" puede significar una materia.

O nueve.

O una tesis.

O solamente juntar coraje para rendir esa materia que viene postergando desde que existía Facebook.

Pero ahí está.

Porque estudiar también es volver.

Volver después de haber dejado.

Volver después de trabajar.

Volver después de criar hijos.

Volver después de una enfermedad.

Volver después de pensar que ya era demasiado tarde.

Y quizás ese sea uno de los estudiantes que más me conmueven.

El que vuelve.

Porque a veces hablamos de los estudiantes como si fueran solamente jóvenes sentados en un banco, esperando que alguien les enseñe algo.

Pero Santiago está lleno de personas que estudian mientras trabajan, mientras cuidan, mientras esperan, mientras se recuperan, mientras atraviesan crisis económicas, familiares o personales.

Hay estudiantes de veinte años.

De treinta. De cuarenta. De sesenta.

Hay estudiantes que vienen en colectivo desde lejos.

Hay quienes llegan caminando. Hay quienes llegan corriendo. Hay quienes llegan tarde. Hay quienes llegan con bastón. Hay quienes llegan con hijos. Hay quienes llegan cansados.

Y están los que llegan con una carpeta nueva y una esperanza también nueva.

Por eso quizás no exista un solo estudiante santiagueño.

Hay tantos como historias.

El que estudia para conseguir trabajo. El que estudia porque quiere cambiar de trabajo. El que estudia porque sus padres no pudieron. El que estudia porque alguien le dijo que no iba a poder. El que estudia porque sí.

Porque le gusta. Porque necesita aprender. Porque necesita demostrarse algo. Porque nunca es tarde para volver a sentarse frente a un pizarrón.

Y después estamos nosotros, los docentes, tratando de reconocerlos a todos.

Al aplicado. Al colgado. Al matero. Al trabajador. Al fantasma. Al eterno.

Al "¿esto entra?".

Y al que llega sin saber muy bien por qué llegó, pero llegó.

Porque quizá la educación sea también eso: una enorme sala donde entramos todos con nuestras propias mochilas. Algunos llevan libros. Otros llevan apuntes. Otros llevan sueño. Otros llevan problemas. Otros llevan mate.

Y casi todos llevamos alguna esperanza escondida entre las fotocopias.

Aunque después digamos:

—No estudié nada.

Y, por las dudas, preguntamos:

—¿Pero esto entra?

Lo que debes saber
Lo más leído hoy