Marito: víctima de una secta diabólica o satánica

Por Carlos Ordóñez Ducca Juez de Control y Garantías

01/12/2017 -

Que dolor, a más de incredulidad, sentir tan fuertemente el impacto de la noticia de los supuestos implicados en la muerte de Marito, en quienes mal

practican el umbandismo. Solo pensamos en ese niño y en su familia y nos agobia, nos abruma.

Estas sectas, que en la mayoría de los casos llevan a cabo estas prácticas inhumanas tan extremas y que no son reconocibles en la sociedad ni en la comunidad en donde conviven y que “no van por ahí con crucifijos al revés en sus manos”, normalmente desean permanecer por debajo del barrido de la detección del radar de los comentarios durante su vida, sin que se les detecte y esto llevó al Poder Judicial y policías intervinientes a un verdadero desafío investigativo que debía develarse y profundizar. Con total éxito el esclarecimiento de la muerte de Marito sucedió y conmovió a toda nuestra provincia y al país y volvió a sacudir nuevamente con la participación de los implicados supuestos en estas clases de sectas satánicas y diabólicas.

Obviamente, que las mismas se esconden por cierto, detrás del pretexto de la libertad de expresión o de la tolerancia religiosa y sabemos que este tipo de sectas en la forma en que se mal practican no constituyen la expresión de una libertad, sino una amenaza para la libertad individual, ya que sus miembros practican la manipulación mental, aniquilan la libre determinación del individuo, y pueden desestabilizar e incluso gangrenar todos los ámbitos de la vida política, económica, cultural o social de una determinada comunidad, ahora la de Quimilí violentada por esta noticia de asociación sectaria criminal. No es el primer caso el de Marito Salto en nuestra provincia, tuvimos el de la maestra jardinera Fabiana Raimundi, también el caso de la menor de 14 años de edad que era violada por su padre en ritos grupales, la bañaba en sangre y la ofrecía en matrimonio, y otras varias denuncias en contra de estas sectas.

Basadas estas sectas, muy oscuras por cierto en sus fines, en doctrinas presuntamente humanistas, y de la felicidad que pregonan, disimulan en realidad: la sumisión y esclavitud impuestas a sus futuras víctimas a las prácticas aberrantes y en algunos casos, no menos cierto en donde se puede perder la vida, libertad y dignidad de quienes son sus adeptos, seguidores o de terceros.

No se puede permanecer en silencio ante fenómenos de satanismos, en donde se decide por iluminados sobre la vida y la muerte de personas, en donde la sangre a menudo desempeña un papel importante, y en la práctica con desórdenes sexuales y de ritos repugnantes, alcohol y drogas, etc., que tratándose de un mal insidioso, grave y frecuente, estimo que hay que reforzar la prevención de estos movimientos sectarios que puedan vulnerar la vida, los derechos humanos, las libertades de los ciudadanos y que los incautos o desprevenidos puedan sufrir perjuicios irreparables, quienes sí o sí deben ser alertados y protegidos. l


 
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