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La poesía de Elsa Trejo

- 00:40 Viceversa

Orígenes

Y siempre habrá veranos

con arrullos

sin sosiego de chicharras,

en los que el calor de fuego

deje sin fuerzas

la faz soterrada del pantano

que se vuelve panal

en su agrietada piel

abigarrada y mustia

hostil para el rebaño

en sus trasiegos sordos

horadados de huellas infinitas.

Y siempre habrá un recuerdo

de sandías en tajadas palpitantes

y siestas placenteras en los catres

y árboles enseñoreados en los patios.

Lo habrá

para cuando arrecie el desasosiego

como larva tenaz

esparciendo pestilencias

y miserias,

dolores que contagian

la molicie, la pena y la pavura

como negro frenesí

de un futuro innoble

e innombrable.

 

Yrene

El ovillo tenue el cobijo fuerte

la fogata clara encendida al alba

los panes crujientes la sal de la vida

la sonrisa presta el auxilio urgente.

La hora

Era la hora en que

la muchacha estonia

de piel cetrina

se conecta con el chino

que abrió su comercio

en la calle Murguiondo

del barrio de Liniers.

La hora en que

las cigarras cantan

en enfervorizada sintonía

en los algarrobos

de las acequias,

adormidera de changuitos

sin atención materna

que esperan el regreso

de nodrizas cansadas

y de ancianos aburridos

por el paso del tiempo

en veredas de la nada.

Era la hora en que

los senegaleses

recogen sus bártulos

en las peatonales

y se echan a andar

calle arriba

a sus moradas,

mientras en las calles

de baches eternos

arden señas de fuego

para choferes ofuscados.

Era justo esa hora

cuando nadie oyó

el grito aterido del peligro.

 

Egeo

En el letargo de la tarde espera

una brisa leve que meza los silencios

espantando negros nubarrones

de dolientes presagios,

mensajes del futuro

como el canto de la Esfinge canora.

En un resquicio de la niebla encuentra

los ojos húmedos

mirando las barcas del naufragio.

Cáscaras de nueces los cascos

rotos y cascados

dejaban escapar mil gritos

en lenguas arcaicas y lejanas.

 

Ely

(de la serie Female)

La topadora es poderosa

y su figura, pequeña,

pero la luz de un alma

que cuida lo que es suyo

brilla incandescente,

se enciende y obnubila.

Enfrenta con porfía,

se alza por los niños

por su hombre, por su tierra,

se anima

pero su corazón cede

al miedo, al pavor, al espanto.

Sonkoy, pétreo como el quebracho,

se doblega

ante la codicia

de los millonarios

cuando solo la rabia

sirve de trinchera.

Y así se le va la vida

en la edad de Cristo

en la edad de Evita

en la edad del Che.

 

Tercer milenio

(de la serie Presencias)

En días de odio

podrías sucumbir

de grilletes y cardenales lleno,

sin culpa ni condena,

solo, con el alma lesa

de precariedad, pena y escarnio.

O podrías caer

abatido en pleno asfalto

al fragor del plomo impío,

que vigila el sueño de los cruentos.

Mujeres tenaces huyen

de ávidas y feroces fauces,

de dentelladas ciegas.

Y perros cimarrones ladran

mientras los desesperados

se arrojan por hastío

al paso del transporte público

en calles sombrías,

periféricas.

En el desamparo del alba,

los lunáticos se zambullen

en un encrespado mar

de carcajadas.

Ya no hay faros

encendidos a esa hora…

Ni siquiera algo de lumbre

Ni pan para los parias.


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