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De la casa al hogar

- 08:24 Opinión

Por Emily Azar. Psicóloga

Antiguamente, el término hogar se utilizaba para referir a “lugar de reposo", "tienda (carpa)" "lugar árido", "desierto" "brasero". Etimológicamente este término proviene del latín. Se origina en focus, foci con el significado de fuego o brasero. Más tarde se transforma en fogar y de allí se transforma la f en h.

La palabra hogar proviene del lugar en el que se reunía la familia a encender el fuego para calentarse y alimentarse. Por ellos es que se aplica también a todas aquellas instituciones residenciales que buscan crear un ambiente hogareño, por ejemplo: hogares de retiros, hogares de crianza, etc. Es decir, que es aquello en el que el individuo tiene sensaciones de seguridad y calma. Mientras que el hogar está asociado a lo emocional,  la casa refiere a la vivienda física-material, vacía o habitada.

La casa, desde el punto de vista físico es la sumatoria de paredes y otros objetos en el cual se llevan a cabo el desarrollo de funciones vitales como descansar, alimentarse, contactarse con otros seres. Además, en la casa algunas personas dedican espacios para trabajar  o simplemente resguardar bienes materiales y emocionales.

El hogar, surge en esa casa mediante la configuración de otros significados, pudiendo ser la expresión de deseos, valores, etc. Es decir que la vivienda, como conjunción de espacio físico (casa) y el hogar en sí abarca un aspecto cognitivo, afectivo y social debido a las actividades que ella se propician.


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Diversos estudios del siglo XXI confluyen en que la vivienda expresa la identidad individual, social, gustos,  ideas, Etc. En síntesis, es en la vivienda donde el self (sí mismo) se inserta y configura la identidad del lugar. Los cambios o permanencia de objetos y de decoración reflejan la construcción y deconstrucción del proceso identificatorio. Además de la identidad, la vivienda está asociada a control, seguridad y orientación temporo espacial, lo que deriva en territorialidad y dominio del espacio.

Adentrándose en la dimensión social, en la década de los 90 se enfatiza en que el hogar es el lugar en que se construye la percepción sobre sí mismo en relación a otros grupos. 

En el 2001 Hidalgo y Hernández desarrolla sobre el apego al lugar, es decir, el vínculo entre la persona  y el espacio, lo que lleva a tratar de mantener cercanía con el mismo.

Al pensar en nuestra vivienda podemos describir su valor estético, su confort o no, su organización, etc. Pero también podemos referir al agrado, al impacto, al control, sobre la misma, a lo afectivo.

Los objetos en nuestra vivienda son instrumentales o funcionales necesarios y comunes y también son símbolos de experiencias y personalidad. 


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Algunas corrientes analizan el significado de las rupturas en el hogar ya que nuestro inconsciente refleja nuestras realidades a través de nuestro cuerpo “material”. Muchas veces observando la realidad en la que cada uno vive puede conocer más sobre la sus bloqueos y las barrera en la relación con los demás. Incluso algunos afirman que la forma en que vemos la casa indica cómo nos vemos a nosotros mismos. Es decir que la forma en que se encuentran nuestros objetos personales hablan de nosotros. Incluso, desde la psicología del color encontramos diversas emociones y sensaciones asociadas a algunos colores.

Por ejemplo, el amarillo es el color por excelencia para activarnos, para esta. El verde según  sea su tono puede ser relajante o estar asociado a hospital. El negro tiene una gama de efectos, desde la elegancia hasta la muerte mientras que el blanco se asocia directamente a la pureza y limpieza. Los analistas de colorimetría encuentran que el color naranja genera calidez y estimula el apetito y que el rosa ya no es un color femenino en sí pero sí evoca sensibilidad y enamoramiento y el azul está relacionado con la seguridad y la salud. El rojo es un color que genera irritabilidad y pasión. El dorado está asociado a la riqueza y el plateado a lo femenino. El morado a la realeza.


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