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El empleado de un boliche terció en un entredicho y lo asesinaron de una cuchillada en el pecho

La víctima resultó Gustavo Basualdo, de 21 años, del Bº Juan Felipe Ibarra. Murió mientras los médicos le hacían tareas de reanimación. El homicida huyó y anoche era buscado intensamente.

- 00:10 Policiales

En escasos 20 minutos, el empleado de un boliche pasó de la algarabía al horror, al recibir una certera cuchillada afuera de su trabajo y la muerte doblegó su fortaleza en medio de esfuerzos desesperados de médicos en la Sala de Urgencias del Hospital Regional.

La víctima resultó Gustavo Basualdo, de 21 años, domiciliado en calle José Cumalat Nº 246, Bº Juan Felipe Ibarra, en la zona oeste de la ciudad Capital.

Según la investigación de la Seccional Décima y la fiscal de turno, Lorena Nieva, el prólogo de la tragedia estalló poco después de las 7 de la mañana.

El epicentro fue la colectora este y Pedro León Gallo, sede del boliche “Mónaco”, en el Bº Industria.

Los testigos indicaron que después de las 6 de la mañana el boliche cesó sus actividades y la gente comenzó a retirarse.

Un grupo reducido quedó en la salida y se trasladó a un quiosco, ubicado en la misma vereda de “Mónaco”, a no menos de 15 metros.

Hay al menos cuatro versiones sobre las cuales la policía trabajaba anoche, pero todas coinciden en que cerca de las 7.10 uno de los exaltados empezó a insultar a Basualdo y a otro compañero de trabajo: Darío Jorge Luis Ábalos, trascendió.

Algunos dijeron que el agresor estaba solo, pero recibió el respaldo de otros jóvenes.

Estalló una pelea en cuyo transcurso Basualdo intentó dispersar a los revoltosos y uno de ellos extrajo una cuchilla. En segundos, agredió a Basualdo en el centro del pecho y cayó sujetándose, mientras un pequeño surco de sangre tornaba angustiante el cuadro.

Danza de hipótesis y zona de cobro de peajes para el alcohol y las drogas

Los investigadores manejaban, anoche, varios hipótesis mientras buscaban al homicida.

Una señalaba que el agresor sustrajo un cuchillo homicida en el quiosco.

Otra, que el arma estaba oculta en una campera y que Basualdo jamás sospechó que no sería una pelea mano a mano.

También otra hipótesis sostendría que habría otros agresores que rodearon a Basualdo y lo “entregaron” al homicida.

Los vecinos añadieron que todos los fines de semana la zona es “copada” por ebrios y adictos que detienen a la gente y le exigen el pago de “peaje”, en alusión al apriete a cambio de dinero.

Desde la siesta, los policías de la Décima iniciaron una larga ronda de testimoniales, mientras los forenses efectuaban la autopsia a los restos de Basualdo.


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