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Federico Fellini, cien años del poeta del cine italiano

En su obra logró reunir como él lo popular con lo poético y aun lo erudito.

- 21:28 Pura Vida

Federico Fellini, de cuyo nacimiento se cumplen mañana 100 años, fue un artista de impacto planetario que de la mano de filmes como “La dolce vita” y “Fellini 8 1/2” ingresó con holgura en el pedestal de los más grandes del cine.

El cine italiano tenía entre las décadas del ‘60 y el ‘70 personalidades muy fuertes como Vittorio De Sica, Luchino Visconti, Michelangelo Antonioni, Roberto Rossellini, más la llegada de Pier Paolo Pasolini a esa categoría, pero ninguno logró reunir como él lo popular con lo poético y aun lo erudito.

Con Fellini la pantalla se convierte en arte sublime, en cultura, en registro histórico, en mentiras bellamente narradas, gracias a una sensibilidad que primaba aparentemente sobre la razón y a una formación nada académica que comenzó durante sus estudios secundarios y le dieron gran facilidad para el dibujo y la historieta.

En la adolescencia colaboró con algunos periódicos y revistas, incluida La Domenica del Corriere y un semanario político-satírico, “420”, con inspiración en las películas que veía en los cines de Rímini, la ciudad donde nació en 1920.

A los 19 años dejó el pequeño mundo provinciano y se mudó a Roma junto a su madre con el argumento de inscribirse en la carrera de abogacía, aunque le interesaba el periodismo y el humor: mientras hacía caricaturas en plazas y bares, ingresó a la revista Marc’Aurelio como dibujante satírico.

Eran tiempos difíciles porque en el gobierno estaba Benito Mussolini y el ambiente caldeado de la cultura se refugiaba en esa publicación, por lo que conviene ver la película “Qué extraño llamarse Federico” (2013), de Ettore Scola, que abunda sobre el personaje y el período.

Fue el cronista y el dibujante mejor pago de la revista y poco a poco, por sus vinculaciones, colaboró en los guiones de algunas películas -entre ellas “Roma, ciudad abierta” y “Paisà”- y hasta fue actor en “L’amore”, junto a Anna Magnani, un experimento en dos episodios dirigido por Rossellini.

Realismo mágico con toques oníricos

En su obra hay un realismo mágico con toques oníricos, lleno de humor cotidiano y fantasía, que lo conduce a un crecimiento artístico consagratorio: en “Los inútiles” (1953, foto) hurga en la vida pueblerina y sus personajes, como un anuncio de lo que fue luego “Amarcord” (1973). En esa película es donde Sordi, que se cree a salvo a bordo de un coche descapotable, hace un corte de manga a obreros de vialidad diciéndoles: “Lavoratori...!”, instantes previos a que el motor comience a fallar. En 1954 creó su primer gran éxito de crítica y boletería: “La strada”, ganadora del Oscar como película extranjera, en la que se cuenta una historia de amor entre gente de circo ambulante y en el que su esposa y musa Giulietta Masina creó el personaje que repitió siempre.

Otro Oscar llegó con “Las noches de Cabiria” (1957), también con Masina, que sirvió como aperitivo para la icónica “La dolce vita” (1960)

Películas reveladoras y de fuerte compromiso

En 1960 llegaría “La dolce vita”, una obra que fue caratulada como escandalosa por la Iglesia y donde Fellini depositó en Marcello Mastroianni muchas de sus características personales.

Hubo un intermedio en “Boccaccio 70”, un filme en episodios en el que dirigió “Las tentaciones del doctor Antonio”, donde la Anita (Ekberg) de “La dolce vita” enloquecía de fiebre a un Peppino De Filippo católico y reprimido, obvia referencia a sus detractores. Luego llegó “Fellini 8 1/2”, la mayor de sus películas, en la que mezcla el psicoanálisis, el mundo del cine, la superstición, los amores imposibles y la propia insatisfacción con su arte. Cada película de Fellini era esperada con fruición: “Julieta de los espíritus” (1970), “Roma” (1972), “Amarcord” (1973), “Casanova” (1976), “Ensayo de orquesta” (1979), “La ciudad de las mujeres” (1979), “Y la nave va” (1983), “Ginger y Fred” (1985), y “La voz de la Luna” (1990).l

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