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“Vivir dos veces”: amor y dolor en un gran filme lleno de humanidad

- 08:31 Opinión

Por Marcelo Emilio Jozami. Peridosta de EL LIBERAL.

TÍTULO: “Vivir dos veces”

PROTAGONISTA: Oscar Martínez, Inma Cuesta, Mafalda Carbonell y Nacho López.

DIRECTOR/A: María Ripoll.

PROCEDENCIA: España

PROYECCIÓN: Netflix

AÑO: 2019

DURACIÓN: 101 minutos

GUIÓN: María Mínguez

MÚSICA: Arnau Bataller

GÉNERO: Comedia. Drama

SINÓPSIS: Emilio (Martínez) descubre que tiene Alzhéimer y decide embarcarse con la familia en una última aventura: encontrar a su amor de juventud. En este viaje lo acompañarán su hija Julia (Cuesta) y su nieta Blanca (Carbonell)

CRÍTICA: “Mujer, si puedes tu con Dios hablar, pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar”. En la letra del bolero “Perfidia” está la clave de ese amor de juventud que Emilio quiere reencontrar antes que la enfermedad del Alzheimer mine por completo su memoria.

Con “Perfidia” como eje rector y una narración llana, pero emotiva y conmovedora, la directora, María Ripoll, aborda esta historia dura. Desarrolla con oficio el dolor y el amor de este Emilio, que puede ser cualquier ser humano del planeta.

La realizadora de “No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas”, en “Vivir dos veces” revaloriza la importancia de los vínculos familiares, a pesar de esa familia en la que los conflictos afloran permanentemente con una hija que se desvive por ayudar a su padre reacio a este afecto, un yerno infiel y que hace coaching y una nieta dispuesta a todo para ayudar a su abuelo. La relación que ellos establecen le da razón y fundamento al filme.

Ripoll también se embarca aquí en establecer el uso y abuso, a veces, que se puede hacer de las redes sociales, el despertar sexual en la adolescencia, la vejez y el amor en sus más variadas formas.


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Pero, la también directora del filme “Ahora o nunca”, basa su relato en esa convivencia de generaciones diferentes y los problemas que se suscitan cuando emprenden un viaje inesperado, de Valencia a Navarra, para buscar a Margarita, el amor eterno de Emilio.

Será un viaje de autodescubrimiento, de saber el “porqué” y el “para qué” toman o tomaron las decisiones que los llevarán a enfrentarse a los engaños sobre los que montaron sus vidas. El filme peca de previsible, pero es inmensamente bello observar cómo Ripoll pone énfasis en esa necesidad, reitero, de revalorizar los vínculos entre la familia. Ahí está la clave de esta película que nos lleva a un viaje hasta lo más profundo de los seres humanos para descubrir los “porqué” y “para qué”, como se plantea aquí, coaching de por medio, de nuestras existencias. Y es así como aparecen revelaciones increíbles y dolorosas.

Ripoll apela al humor para referirse al Alzhéimer a través de ese profesor de Matemáticas, “universitario”, como lo remarca Emilio, que maravillosamente interpreta el argentino Martínez, aunque aquí con tonada española por cuanto su personaje es de esa nacionalidad. Y también recurre al humor para referirse a Blanca, quien tiene una discapacidad motriz, y está muy bien interpretada por la ascendente Mafalda Carbonell. En tanto, la gran Inma Cuesta cumple, como siempre, con eficiencia su rol de la atribulada hija Julia.


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“La fe es un conocimiento dentro del corazón, más allá del alcance de la prueba”, dice el poeta libanés Khalil Gibrán Khali. O dicho en “Perfidia”, el bolero del compositor mejicano Alberto Domínguez (en el filme lo canta María Rodés), “te he buscado dondequiera que yo voy, y no te puedo hallar, para qué quiero otros besos si tus labios no me quieren ya besar”.


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