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Clara y Julio hace 65 años que se casaron y hoy viven su amor como el primer día

Contrajeron matrimonio un 12 de febrero. Ella, docente rural y él, empleado de Correos y futbolista. Mucho tiempo se amaron a la distancia. Hoy construyeron su propio mundo y lo celebran con mucho más amor.

- 23:08 Santiago

Clara Bóboli (88) y Julio Alejandro Gamietea (93) fueron bendecidos ayer en una misa de acción de gracias por sus 65 años de casados. Y frente al altar sintieron revivir aquel 12 de febrero de 1955 cuando dieron el “sí” ante Dios en la iglesia La Merced de nuestra ciudad.

Estas “Bodas de diamante” los sorprenden tan enamorados como el primer día, aunque el tiempo haya calado duro en la mente de Julio, que arrastra complicaciones neurológicas que lo obliga a disfrutar por momentos de su fiel amada.

Hoy, se sorprende Clara porque la celebración coincide con el Día de los Enamorados, porque cuando decidieron unir sus vidas (“después de siete años de noviazgo”, aclara), no se festejaba este día. “Más adelante los comercios impusieron la fecha”, comenta.

Y la relación que mantuvieron, tanto de novios como de recién casados, no fue fácil. Debió ser a la distancia, una prueba por demás dura para sus edades, ella 24 y él 28, lo que sin dudas fortaleció el amor que se tenían, y que mantienen.

Ella fue docente rural desde los 17 años, en el paraje Varas Cuchuna en el departamento Salavina. Él, empleado de Correos y jugador de fútbol nacido en el Club Mitre y que vistió las casacas de Platense y Ferro Carril Oeste de Buenos Aires. Al paraje donde ella trabajaba se llegaba en bote porque es zona de bañados. Venía dos veces al año, para vacaciones de invierno y de verano. Él iba a visitarla de vez en cuando, y al sacrificado viaje lo hacía incluso con sus dos hijas.

Prueba de amor

“Éramos novios a la distancia. Yo enseñaba en el campo, en el departamento Salavina, de Los Telares 40 kilómetros más adentro, en Varas Cuchuna. Allí me fui a trabajar de maestra cuando tenía 17 años, con muchas ganas y con mucho gusto. Yo tenía 24 y él 28 cuando nos casamos, después de estar siete años de novios. En esa época se llegaba en bote por los bañados. Me iba en marzo y volvía en julio, iba en julio y volvía en noviembre cuando terminaban las clases. Por lo general, él iba a verme de vez en cuando allá”, relata.

Cuando se le pide una fórmula del amor eterno, no duda en responder que “lo primero es el respeto del uno hacia el otro”.

“Entendernos, ponernos de acuerdo siempre fue lo que hicimos, y gracias a Dios nos llevamos bien toda la vida. No tuvimos problemas. Hemos tenido dos hijas y eso que vivíamos un amor a la distancia mucho tiempo, yo en el campo y él en la ciudad. Después de estar casi 20 años en Salavina me trasladaron a Loreto, y de ahí venía los fines de semana, y él quedaba con sus hijas aquí. Después vine a Los Cardozo, y allí sí viajaba todos los días. Fue ocho años antes de retirarme como directora”, rememora.

Ella es oriunda de El Zanjón, y recuerda con mucho cariño que “en esa época se estilaba que el novio pidiera la mano de la novia a su padre, y cuando él aceptó el noviazgo, le puso días y horarios de visitas: de siete de la tarde a diez menos cuarto de la noche, porque a esa hora pasaba el colectivo y se terminaba la visita”.

“Muchos podrán decir qué tontos que habían sido estos, pero para nosotros es una hermosa historia de amor”, enfatiza.

Anoche la celebración de acción de gracias fue en la capilla San Roque de El Zanjón, la ofició un sacerdote amigo de una de sus hijas que vino desde Salta, y fue un hermoso festejo del amor eterno entre Clara y José. 

La admiración de una de sus nietas

Mary no se cansa de ver cómo viven su amor sus abuelos. Él arrastra una enfermedad neurológica. Ella en su lucidez permanece a la par. La joven expresó en palabras el momento.

“Él carga con 93 y ella con 88, él no recuerda quién es ella, pero le llama ‘la vieja’, él se recuerda en alguna época de su niñez, allá lejos, en algún lugar donde quedó su memoria, anclada, perdida. Él la busca cada día, ella cada día despierta con la esperanza de verlo un poquito mejor, le peina sus blancas canas, se alegra en sus cortos y fugaces momentos de lucidez, ahí cuando con una sonrisa pícara le dice algún piropo, algún verso que le regaló en sus años mozos, como aquel ‘¿Qué es el beso?’. Y cuentan a pesar de vivir en universos distintos, en épocas mentales diferentes, 65 años de una vida juntos.

Quién pudiera tener un amor de estos, eternos en el tiempo y los universos en los que las miradas siguen guardando recuerdos intactos de quienes fueron. Él no la recuerda, sin embargo ella sabe exactamente quién es él. Y eso les basta para que sus manos sigan estrechándose fuertemente por el resto del tiempo que Dios les permita estar así, siempre a la par”.

¿Por qué San Valentín y los enamorados?

San Valentín es una festividad de origen cristiano que se celebra anualmente el 14 de febrero como conmemoración de las buenas obras realizadas por san Valentín de Roma, que están relacionadas con el concepto universal del amor y la afectividad.

Originado por la Iglesia católica como contrapeso de las festividades paganas que se realizaban en el imperio romano, también es una de las primeras fiestas que significaron la expansión del cristianismo en toda la Eurafrasia romana.

La fiesta en sí es conocida como un evento cultural significativo desde lo religioso por la gracia del día de San Valentín y desde lo laico por relacionarse con los sentimientos del amor y la amistad.

Desde el punto de vista popular, la fiesta de San Valentín es interpretada como una oportunidad de celebrar el amor y el cariño, independientemente de la religión que se profese o sin pertenecer a una necesariamente, sin importar igualmente la orientación sexual de sus participantes. l



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