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Autonomía y caudillismo (1ª parte)

Canal Feijóo, puesto a desmenuzar el pasado histórico provincial, pone el foco en la figura y el rol de los caudillos que configuraron el origen de Santiago del Estero como entidad política. Los ubica como protagonistas centrales.

- 07:54 Opinión

Por Clemente Di Lullo. Profesor – Analista.

A bordamos el tema a partir del pensamiento crítico analítico de Bernardo Canal Feijóo, quien sintetizó magistralmente la historia santiagueña en la frase: “La historia de Santiago del Estero se resume en tres anécdotas: Ibarra, los Taboada y la explotación forestal”. Para quienes deseen, por curiosidad intelectual, profundizar, los remitimos al título “Nivel de Historia” del citado autor.

Es decir, el reconocido ensayista, puesto a desmenuzar el pasado histórico provincial pone el foco en la figura y el rol de los caudillos que configuraron el origen de Santiago del Estero como entidad política. Los ubica como protagonistas centrales.

Mucho se ha escrito sobre ellos, a tal punto que abrió una polémica histórica y literaria que los reprueba o los ensalza con igual pasión.

“La figura de los caudillos puebla la historia, la leyenda y el imaginario político latinoamericano (...) el siglo XIX fue pródigo en este tipo de dirigentes”, afirma el doctor en Sociología Pedro Castro en su trabajo “El caudillismo en América Latina, ayer y hoy” (1917).

¿Por qué decimos que es propio del siglo XIX?

Porque es consenso entre los historiadores que el fenómeno del caudillismo es consecuencia propia de la guerra de la independencia de las colonias de América del Sur, que justamente se expandió por todo el territorio en el transcurso del siglo XIX.

¿Cómo surge el caudillismo en el actual territorio argentino?

Para algunos investigadores, el origen histórico del caudillismo argentino se encuentra en la vieja institución colonial que sobrevivió a la revolución. Hablamos de los cabildos provinciales, pues a su pedido, los caudillos levantaron a sus gauchos y a la campaña. Tarea nada complicada para una sociedad militarizada como era la de entonces. Otros, sostienen que su aparición es posterior al movimiento revolucionario de Mayo.

En las Provincias Unidas del Río de la Plata, su presencia y acción cobra fuerza entre 1820 y 1852, porque la ausencia de autoridades nacionales después de la Batalla de Cepeda (1820) los puso como la única expresión de poder real.

Entonces, ¿cuál fue el rol de los caudillos en la primera mitad del siglo XIX?

Los caudillos, personajes denostados y descalificados por la historiografía mitrista y sus seguidores, son revalorados por los historiadores del siglo XX, al señalar que su rol histórico fue convertir a la ciudad colonial preexistente a la condición de ciudad autónoma. Si la metodología de su gestión ofrece ciertos aspectos autoritarios y no exentos de violencia, esquivaríamos la verdad si obviáramos el contexto de enfrentamiento armado que caracteriza ese momento histórico. Auténtica guerra civil entre unitarios y federales.

Por lo tanto, dígase lo que se diga de Artigas, Ramírez, López, Quiroga, Ibarra y Rosas, no se puede ignorar, al día de hoy, que fueron legítimos instrumentos del sentir colectivo de los pueblos provinciales, colocándose al frente de la resistencia al centralismo de Buenos Aires, facilitando el desarrollo de la personalidad histórica y constitucional de las provincias.

Muchos historiadores, de liviana crítica, exponen el autonomismo que defendían los caudillos, como una ideología divisionista y separatista. Elementos disolventes de la nacionalidad, se les decía. Se niega y esconde que, contrariamente a esa afirmación, el real propósito de aquellos caudillos fue asegurar la unidad territorial y política de la Nación naciente. Desde su concepción, los tratados interprovinciales firmados entonces tenían ese objetivo explícito. Una perspectiva histórica, racional y equilibrada, orienta para dar a ellos un justo juicio. El idealismo y convicción de principios definen esencialmente su personalidad; su pensamiento y acción dio dos grandes frutos: el derecho que corresponde a las provincias a elegir sus gobernantes y establecer sus propias leyes para la convivencia social y la instalación definitiva de la república federal como garante de aquél.

Con intención reivindicatoria, el Dr. Orestes Di Lullo preguntaba y se preguntaba: ¿Y sin Ibarra, qué hubiéramos tenido?

Por eso son válidas las palabras del mismo Canal Feijóo: “Ibarra, sin leyes ni instituciones, tenía una bandera: Santiago. Los Taboada tenían leyes y un principio. La Nación. Los hombres de la tercera anécdota tenían eso ya concluido, la realidad formal de la provincia estaba lograda”.

¿Cuál fue su compromiso con ese presente histórico? Trataremos de dilucidarlo en una próxima nota.


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