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Eduardo Feinmann llamó a seguir cuidándose del Covid-19

El periodista contrajo la enfermedad hace un mes. Recién pudo regresar a su trabajo en la radio. Admitió que vivió una situación horrible.

- 21:03 Pura Vida

Mientras muchos siguen dudando sobre el peligro mortal al que puede exponer el contagio del coronavirus, son más los famosos que salen a contar sus experiencias personales para sembrar conciencia sobre la necesidad de respetar los cuidado preventivos.

Esta vez fue el periodista Eduardo Feinmann, quien en su regreso a la radio, tras la recuperación de su cuadro de Covid-19 admitió que “pasó un momento horrible”.

“Soy lo que queda de mí después de que me hayan pasado 10 aplanadoras por encima”, dijo en Alguien tiene que decirlo, su programa de Radio Rivadavia (AM 630), un mes después de contraer coronavirus y de haber estado internado en el Sanatorio Otamendi durante una semana por presentar fiebre.

“Mirá que tuve muchas enfermedades. De chico me las pescaba todas: paperas, hepatitis, todo bicho que volaba. Pero nunca pasé una situación similar. Nunca en mi vida”, agregó.

Y se explayó: “Es una enfermedad tremendamente inhumana. Un día resulta que te internan, te tiran en una cama y ahí quedás. No podés ver a nadie. No le ves la cara a los médicos, a las enfermeras. No le conozco la cara a nadie. Solo los ojos”.

Más tarde se detuvo en los detalles del día a día. “Los primeros dos días fueron dramáticos porque volaba de fiebre. Es una enfermedad que no tiene cura. Los médicos te dicen ‘vamos a ver cómo evolucionás. Hoy te hago una placa radiográfica y veo tus pulmones y mañana te hago otra. Y esperemos que no avance’”, recordó lo que le decía el profesional que lo atendió.

Así como puso el acento en el estado físico que acompaña la recuperación o no, Feinmann también apunto al papel fundamental de “la mente”. “Ahí la cabeza juega un papel muy fuerte donde vos tenés que estar luchando el virus, pero no hay nada que haga que el virus no avance. No hay un medicamento. Todos los días me pinchaban, me volvían loco. Me sacaban sangre, me lo ponían... Tremendo”, sostuvo.

Feinmann completó un tratamiento de una semana y durante todo ese tiempo la incertidumbre se apoderó de él, porque si bien necesitó una máscara de oxígeno durante 24 horas, y en ningún momento se planteó la posibilidad de un respirador, los médicos siempre le repetían: “Bueno, vamos viendo”.

Y la enfermedad no sólo te aplasta con los síntomas, sino que la confirmación del diagnóstico ya genera sensaciones desconcertantes.

Por otro lado, indicó sus primeras sensaciones cuando le confirmaron que había dado positivo. “Es como si se me hubiera caído un edifico encima. Porque lo primero que te pasa por la cabeza es que sos un paria a partir de ese momento. Un infectado. Yo pasé a ser un apestado y un posible peligro para el resto. Y a partir de ese momento yo me sentía también un asesino de mis propios compañeros”, dijo en referencia a sus vecinos y a sus colegas.


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