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Consentimiento

- 22:54 Opinión

Por Francisco Viola

Dr. en Psicología

Especial para EL LIBERAL

 

En sexualidad la palabra clave sigue siendo “consentimiento”. Sobre ella se erigen todas las posibilidades y, a través de ella, la salud sexual es una realidad factible para cada uno. Pero el consentimiento es todo un tema que aún nos cuesta mucho comprenderlo y desarrollarlo. He sostenido que la causa de eso es porque se ha privilegiado el aspecto legal. Un juez debe determinar si hubo consentimiento o no lo hubo, frente a la agresión. Como si fuese una fotografía. Pero lo cierto es que el consentimiento real de las personas es más una película en la que, en ocasiones, pasamos por distintas situaciones y decisiones. No es lineal ni mucho menos. Pero volvamos a la cuestión esencial.

Imagínate que alguien te pregunta si “¿consientes a esto?” sería genial si lo hiciese y así tú puedas decidir, con tu libertad el consentir o no. Pero este enunciado simple ya implica dos cuestiones axiales: “saber exactamente lo que es “esto” y, en segundo lugar, sentir que tu decisión surge de tu libertad. A lo que agregamos dos cuestione subsidiarias. De lo primero, quien te ofrece “eso”, ¿comprende lo mismo que tú sobre eso? (en esto recordemos que la venta de productos por televisión es un claro ejemplo que se aprovecha que yo entiendo una cosa y el vendedor no la está diciendo en esos términos ni en ese sentido). De lo segundo, tu libertad, la cuestión subsidiaria sería cómo medirla en términos reales, sabemos que no alcanza el mencionarla. El concepto de libertad y su vivencia es algo fácil de mencionar, pero difícil de experimentar realmente.

O sea, consentir no es decir “sí”, aunque los jueces puedan aceptar esta hipótesis, porque están atrapados en sus propios códigos. Es hasta entendible. Sin embargo, es necesario ver con claridad que el consentimiento como acción privada y personal necesita más elementos para ser juzgado, evaluado y considerado. Simplificarlo a eso es una limitación que impide el crecimiento.

Sugiero por lo tanto los siguientes elementos:

1- Conciencia del consentimiento: debemos ocupar un tiempo para comprender a qué consentimos y, valga decirlo, a qué no. Esta diferencia nos permite tener claro cuando lo que aceptamos ya no es lo que deseamos y, por lo tanto, lo que exige un nuevo consentimiento o no.

2- Comunicación del consentimiento: en esto vuelvo, antes que nada, al concepto de asertividad. La misma se define como “la habilidad para ser claros, francos y directos, diciendo lo que se quiere decir, sin herir los sentimientos de los demás, ni menospreciar la valía de los otros, sólo defendiendo sus derechos como personas”. Consentir implica ser asertivos, pero también es una exigencia para serlo.

3- Autoridad del consentimiento: cuando uno consiente es la autoridad total del consentimiento, esto implica que consentimos nosotros, valga la redundancia. El otro es depositario de nuestro consentimiento. Es decir, en ese momento, él se rige por nuestra comprensión de lo que consentimos en relación a nosotros. Esto exige saber que nosotros, también, somos el otro para él, para ella.

4- Límites del consentimiento: aunque parezca una tontera sepamos que el límite del consentimiento es lo que no consentimos. Aun cuando esté al lado de lo consentido. Un paso más allá de lo consentido exige un nuevo consentimiento.

5- Lenguaje del consentimiento: el lenguaje del consentimiento es muchas veces confuso para el otro. Pero debemos saber que quien lo recibe tiene una obligación mayor de aprenderlo. Dicho en otros términos, si yo, ante el consentimiento del otro no entiendo claramente lo que ha consentido debo aclararlo específicamente. Esto excluye la suposición como mediador del consentimiento.

6- La renovación del consentimiento: ningún consentimiento es eterno, aunque pueda durar toda la vida. Es decir, siempre consentimos a lo que queremos “aquí y ahora”. Esto es, si lo piensan, maravilloso. Nos permite la dicha de renovar compromiso, intimidad y pasión de un modo creativo e intenso.

Nada más importante que el consentimiento para una vida mejor. Pero recordemos que el consentimiento no es algo simple, necesita nuestro compromiso y trabajo todos los días. De allí se desprende una de las cuestiones más urgentes de nuestro presente: ¿estamos enseñando “el consentir”? Para mí, eso depende principalmente de la educación sexual que nos debemos y de la que estamos dando. No por el sexo, aunque lo incluye, sino porque la verdadera educación sexual es una herramienta fundamental para el autoconocimiento, la autoestima, el auto respeto, la comunicación, la gestión de los conflictos, las habilidades sociales, entre otras cosas (deberíamos entenderlo de una buena vez.).

Promover el consentimiento, desarrollarlo como expresión humana, definirlo como determinación de la persona, reconocerlo como derecho insustituible es una de las formas que tenemos de combatir la peor plaga que la humanidad tiene, la violencia interpersonal.

Consentir, definitivamente, es una pieza elemental para la humanidad. Porque en ella radica su fuerza que no es otra que la que permite expresar nuestras mejores virtudes. Consentir es garantizar el amor, la esperanza, el bienestar, la paz. l


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