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Día del orgullo gay

Por el Dr. Francisco Viola.

- 12:09 Opinión

El pasado 28 de junio se celebró el día que se conoce como del orgullo recordando lo que se llama como “disturbios de Stonewall” (Nueva York) que sucedieron en 1969. Fue la primera vez que la comunidad se alzó contra una redada que la policía de Nueva York realizó en el bar Stonewall Inn, en Manhattan, un lugar de encuentro entre la comunidad homosexual. Este día hoy se conoce como día del orgullo LGBTIG+. Este es un acrónimo de las palabras Lesbianas, Gay, bisexuales, Transexuales e Intersexuales Queer y, donde el “+” sirve para incluir otras posibilidades no contempladas en las letras anteriores, lo que son no expresiones humanas a partir de una identidad personal.

Hay tres elementos transversales para pensar este día ya que son claves para toda nuestra humanidad. El primero señalar la importancia de lo que nos define como especie: la diversidad. Una diversidad que existe, aunque nos afanemos para no verla, despreciarla o ignorarla. Esta diversidad humana no sólo que no es un problema, sino que es una riqueza. Sin diversidad, podemos afirmar, no hay humanidad posible, ni crecimiento espiritual, ni desarrollo social, ni nada. Porque la piedra angular de la humanidad es el encuentro con alguien que es otra persona, la diferencia es inevitable, como que ella nos obliga, nos exige y nos da la maravillosa posibilidad de buscar consensos para construir puentes y espacios para encontrarnos.

La segunda cuestión elemental es que la eliminación de toda forma de violencia es una utopía (lamentablemente) que nos obliga a buscarla y, en ocasiones, concretar medidas concretas para disminuirla, limitarla, evitarla y controlarla. La violencia es el lado oscuro de la humanidad. Nuestro cotidiano lo muestra con tanto énfasis. Claramente la peor violencia es la que se hace contra el otro porque simplemente es otro, más cuando esa violencia se asienta en un odio que, como emoción, se funda en un sinsentido infernal, dado que el odio nunca es inocuo para quien lo tiene.

Lo tercero es uno de los recursos más brillantes que hemos logrado como comunidad, comprender que las personas tenemos derecho y por ello debemos perfeccionar nuestra forma de pensar, de observar el mundo, de escuchar al otro para dar una respuesta colectiva a favor de lo que es necesario. Otorgar derechos, permitirlos, legislar y actuar para ellos, no es otra cosa que una respuesta positiva de las personas para poder crear una sociedad que facilite el bien común que, lo subrayemos, debe evitar todo tipo de violencia.

Pero más allá de las utopías, sabemos que no todos comparten, sienten o ven esto como “normal” (las comillas se imponen, porque se trata de una palabra que la usamos no como reivindicación de una búsqueda necesaria que sería normal que toda persona tenga derecho a expresarse en libertad y que sufra ninguna violencia por ello, sino es utilizada como método coercitivo para marcar a las personas y generar discriminación).  Una sociedad que se empeña en eliminar la violencia, generar derechos y disfrutar la expresión de la diversidad estoy convencido que es una sociedad que busca realmente desarrollarse y aspirar a ser saludable. Los testigos de aquel día mencionan que los que se alzaron contra la redad entonaron la canción «We shall Over come» (En español, Venceremos), lo que nos recuerda una de las evidencias más intensas en nuestra cultura: la música (el arte), sigue siendo una de las formas más sensibles, fuertes, conmovedora y humana de cambiar el mundo. Porque, tal vez, como humanidad estamos llamados a hacerlo: el cambio siempre es ahora.


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