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EL LIBERAL . Santiago

¿Por qué debemos perdonar?

27/03/2016 00:00 Santiago
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¿Por qué debemos perdonar? ¿Por qué debemos perdonar?

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En la vida cotidiana, todos sufrimos pequeñas o grandes desilusiones. Ya sea a nivel de pareja o en entre nuestras amistades, en las que suelen acontecer algunas mentiras, e incluso traiciones que hieren a la persona. El problema reside en cómo enfrentar estas situaciones y en perdonar esa falta o equivocación. No es fácil perdonar cuando uno ha sido herido o difamado, amenazado, atacado o engañado. Pero ¿por qué deberíamos hacerlo? "Se habla mucho del perdón, una palabra que para entenderla debemos remitirnos a su etimología. Perdonar viene del prefijo ‘per’ (indica acción y completa y total) y ‘donare’ (regalar). Así que el perdón es ‘para dar’, o sea un acto de completa dádiva o generosidad por parte del que perdona. Realmente en el origen el verbo perdonar significaba definitivamente ‘regalar un acreedor al deudor aquello que le debía’", contó la psicóloga Carolina Munar. Asimismo, dijo que "de todos modos el uso de la palabra no se restringe a un acto dadivoso, por lo que hay que recurrir al otro significado del prefijo ‘per-‘, a saber, el de continuar o persistir en una acción hasta el fin, completamente, a través o a pesar de los obstáculos. Así resulta que el significado de ‘perdonar’ es el de ‘seguir dando’, lo cual alude implícitamente a la experiencia, tan esencial para los humanos, de no tomar en cuenta el mal recibido ni buscar venganza, porque todos cometemos faltas y necesitamos indulgencia". "Perdonar, en suma, es seguir dando o no dejar de darnos lo que todos necesitamos para seguir disfrutando del don de la vida, a pesar de las ofensas recibidas o los fallos que cometemos unos con otros", agregó Munar. Tal como canta Elton John, el perdón parece ser uno de los conceptos más difíciles de experimentar. Además, los expertos aseguran que es un término mal entendido. "Muchas veces no perdonamos porque creemos que el perdón contribuye a la injusticia. ‘Quienes hicieron daño no merecen mi perdón’, pensamos. Creemos que si perdonamos nos volverán a herir y que se aprovecharán de ‘nuestra nobleza’. El enojo por los daños y ofensas a veces no se ve mermado ni siquiera por el tiempo. Por ejemplo, se puede estar enfurecido con los propios padres por sus errores durante la crianza, con quienes abusaron alguna vez de nuestra buena fe, y con esa persona que nos dijo algo que no dolió hace diez años", explicó la psicóloga. Esto se complica, cuando "no perdonamos a nadie. Ni siquiera a nosotros mismos". En este sentido, Munar dijo: "Guardamos la herida en el alma como un tesoro filoso, la sacamos en el recuerdo de vez en cuando y la miramos absortos como si fuera un álbum de fotos, una joya de exposición. Y, en ese momento, proyectamos otra vez en nuestra mente la película triste del episodio imperdonable y revivimos todo. El enojo del pasado se alimenta con grandes bocados del presente. Eso es el rencor". Pero, realmente ¿por qué motivos valdría la pena perdonar? ¿Sólo por una cuestión religiosa, por puro altruismo? En un mundo que en muchas ocasiones es sumamente cruel, ¿hay algún asunto que sea imposible de disculpar? Algunos expertos se han dedicado a estudiar el perdón como una ciencia y han descubierto algunas cuestiones realmente sorprendentes. Aviones sin descanso Fred Luskin es consejero, psicólogo de la salud y director del Proyecto del Perdón de la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos. En su guía "Perdonar es sanar", que recoge casos y estudios de ese programa, Luskin explicó que las aflicciones sin solucionar son como aviones que vuelan días y semanas sin parar ni aterrizar, congestionando recursos que se pueden necesitar en caso de emergencia. "Los aviones del rencor se convierten en fuente de estrés, y frecuentemente el resultado es un choque. "Perdonar es la tranquilidad que se siente cuando aterrizan los aviones", afirmó Luskin. El especialista aclaró que el perdón no es aceptar la crueldad, olvidar que algo doloroso ha sucedido ni excusar el mal comportamiento. Tampoco implica la reconciliación con el ofensor. "El perdón es para usted y no para quien lo ofendió", dijo Luskin. "Se aprende a perdonar como se aprende a patear una pelota. Mi investigación sobre el perdón demuestra que las personas reservan su capacidad para molestarse pero la usan sabiamente. No desperdician su valiosa energía atrapados en furia y dolor por cosas sobre las que nada pueden hacer. Al perdonar, reconocemos que nada se puede hacer por el pasado, pero permite liberarnos de él. Perdonar ayuda a bajar los aviones para hacerles los ajustes necesarios". Según Luskin, el perdón sirve para descansar y no implica que el ofensor "se saldrá con la suya" ni aceptar algo injusto. Significa, en cambio, no sufrir eternamente por esa ofensa o agresión..

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