Dura mirada de Olivera al cine local Dura mirada de Olivera al cine local
Como productor y director de más de
100 filmes, Héctor Olivera es uno de los
nombres propios de la industria audiovi?
sual local, pero ya retirado de ella y al filo
de los 90 años, asegura que “en Argenti?
na el cine como actividad comercial no
existe”.
“En el país se producen obras de bajo
costo financiadas por el Instituto de Cine
y Artes Audiovisuales (Incaa). Segura?
mente entre estas debe haber algunas
películas sobresalientes”, señala a Télam
el director de filmes como “La Patagonia
Rebelde”, “La noche de los lápices”, “El
caso María Soledad” y “Ay, Juancito”.
El cineasta que junto con Fernando
Ayala sostuvo durante casi medio siglo la
productora Aries, usina de filmes y series
televisivas, publicó recientemente su au?
tobiografía “Fabricante de sueños”.
En el epílogo de “Fabricante
de sueños” dice que escribió
estas memorias como ser humano, ciudadano y profesional.
¿Hay alguno de esos tres aspectos de la existencia que le
hubiera gustado desarrollar
más?
Sí, mi vida laboral, pero estuvo ligada
a una actividad dependiente del apoyo del
público y a través de un impuesto a las
localidades regulado por funcionarios que
muchas veces se transformaron en cen?
sores. En “Fabricante de sueños” quizá
haya limitado mi actividad profesional,
para no aburrir al lector con detalles.
¿Cree que los hacedores
culturales como usted deben
mantenerse a distancia de
esos vaivenes políticos y concentrarse en sus obras y proyectos?
Sin duda y en nuestra vida profesio?
nal tanto Fernando Ayala como yo trata?
mos de superar alguna posible presión
política. Por ejemplo cuando discutimos si
era el momento apropiado para filmar
“No habrá más penas ni olvido”. Por un
lado, en las encuestas el peronismo tri?
plicaba al radicalismo, pero si no hacía?
mos la película antes de las elecciones,
quizás la película no podría estrenarse y
si ganaba el radicalismo, el filme hubiera
tenido un tonito oficialista. Por eso, la
produjimos y estrenamos antes de las
elecciones. Esta historia por un lado rea?
firma que quienes hacemos cultura de?
bemos mantenernos al margen de las
presiones políticas para hacer nuestro
cine, pero no podemos ser ingenuos y no
considerar en absoluto el contexto políti?
co cuando ponemos en marcha un pro?
yecto. En una industria con un subsidio
del espectador administrado por el go?
bierno de turno, la influencia política es
una realidad.








