Tierra de inmigrantes y paisanos trabajadores Tierra de inmigrantes y paisanos trabajadores
Nadie se olvida de don Largión Ríos, quien mientras realizaba sus trabajos de herrería improvisaba algunas canciones y poesías que le brotaban del alma.
También sigue vivo en la memoria colectiva don Heriberto Guzmán, aquel hombre que cada jornada repartía el agua en su zorra en los vecinos la comunidad. O don Isaac Campos y don Segundo Báez, infaltables músicos en las tocadas y fiestas donde todos bailaban y se divertían.
Otro de los personajes de la villa es el popular “Mistol”, el primer canillita del pueblo, que cada mañana entregaba los pocos diarios que llegaban a la comunidad.
Y cómo no nombrar a don Federico Saire, un hombre que luchó denodadamente para reivindicar las tradiciones criollas y era un orgullo verlo desfilar en las fiestas patrias.
Quién no recuerda una anécdota de las ocurrencias de “Peyaya”, “Moscada”, “Rolo Sosa” que hacían divertir sanamente a niños y grandes por la calles del pueblo.
Pero también están aquellas familias que hicieron grande a la comunidad de Villa Ojo de Agua, quienes decidieron aquerenciarse en este suelo del sur santiagueño para criar a sus hijos y trabajar por la comunidad.
En la ciudad tampoco se olvida de pioneros como don Antonio Bitar, quien llegó cuando sólo tenía 18 años, vendedor ambulante que con el tiempo conoció a doña Haula Miana, con quien se casó y se radicaron en la comunidad para seguir trabajando y construir una hermosa familia.
Don Luis Bautista Dreosti, comerciante que se radicó en 1927 y se casó con doña Matilde Carolina Morandi, formó una hermosa familia que actualmente continúa con sus hijos trabajando con sus casas de comercio.
Don Eduardo Crespín y doña Pastora Patiño Olaechea, y todas aquellas familias de pioneros que se destacaron en los primeros años de Villa Ojo de Agua como los Arabia, Navarro, Teleña, Cantizano, entre otros que se dedicaron especialmente a las actividades comerciales en aquellas épocas difíciles, cuando había que sortear dificultades, sin caminos, ni medios de transportes, cuando todos se hacía a pulmón, ellos apostaron por esta comunidad que hoy a sus 128 años los recuerdan con gran nostalgia y agradecimiento. l











