Duilio Angarita sembró la danza venezolana en el corazón de La Banda Duilio Angarita sembró la danza venezolana en el corazón de La Banda
La Banda, particularmente
quienes disfrutan de la danza, se
beneficiaron y aún lo hacen de la
experiencia y los conocimientos
del profesor venezolano Duilio
Angarita, que a lo largo de los últimos
cinco años ha volcado toda
su experiencia sobre las danzas
típicas de su país en la Escuela de
Danzas de Rosina Baumann, colaborando
en la formación dancística
de decenas de jóvenes y
adultos de esta ciudad y de Santiago
del Estero.
“Yo nací el 4 de abril del 65;
soy de Venezuela, estado Zulia,
cuya capital es Maracaibo”, responde
el profesor Duilio Angarita,
quien además de docente, lógicamente
es bailarín, pero también
es coreógrafo, además se
confecciona su propio vestuario
y por si faltara algo, en otra línea
de saberes, es barbero, oficio que
gustó de aprender desde muy niño
a la par de su tío.
La danza
Allí comenzó su historia: “Desde
muy muchachito me gustó
mucho la danza. Desde temprana
edad formé parte de una escuela y
después de una compañía de danzas,
una de las mejores que hay en
Venezuela que se llama La Típica
Maracaibo. Yo desde los 16 años
pertenecía a la Compañía de Danzas
Típicas Maracaibo y antes a la
Escuela de Danzas de la Universidad
de Zulia”.
Luego algo pasó: “Toda mi
carrera fue como bailarín, luego
en la misma compañía pasé
a formar parte del profesorado,
como coreógrafo; y yo tenía
también una compañía de danzas
yo, que se llamaba Danzas
Mirandinas, ya que es del municipio
de Miranda, estado de Zulia.
Con ella conocí al grupo de
danzas de Rosina Baumann, en
un Festival Internacional que yo
hacía allá en Venezuela”.
Entonces hicieron intercambios:
“Así fue como invité un año
a la profesora ‘Mechi’ Mesad, de
Danzas Latinoamericanas, y al
año siguiente (2016) la invitación
fue para Rosina Baumann,
de aquí de La Banda. Luego ellos
me invitaron para acá a reforzar
la parte venezolana de la enseñanza
de las danzas, y me quedé.
Eso fue hace 5 años”.
Además de estar trabajando
en la academia bandeña, por sus
“saberes en peluquería” también
está trabajando “en alta capacitación
profesional, dando clases de
peluquería masculina”.
Allí completó el paréntesis:
“Lo de la barbería siempre me
gustó, porque tenía un tío que era
barbero y cuando mi mamá trabajaba
y mi papá también, entonces
él, que me quería mucho,
decía ‘yo me lo llevo a la barbería’.
Yo lloraba porque le decía
‘este cliente es mío, tío, este cliente
es mío’; él me contestaba que
no, que tenía que empezar desde
abajo, y empecé barriendo el piso.
Así empecé siendo muy changuito,
tenía como 7 años, me gustó
muchísimo la parte de peluquería
masculina”.
Retomando lo de la danza, siguió:
“Pero mi pasión desde pequeñito
fue la danza y toda mi carrera
fue como bailarín; cursé peluquería;
la cuestión de la costura
es porque en verdad muchas
veces uno no consigue artesanos
que le puedan hacer el trabajo
que uno quiere, entonces decidí
aprender costura y fabricar los
vestuarios (también aquí le hice
vestuarios a Rosina, por ejemplo).
Aparte, usted sabe que las
agrupaciones de danza manejan
poco dinero como presupuesto,
no solamente aquí en la Argentina
sino también en Venezuela
y en Latinoamérica. Por eso también
fue el hecho de aprender a
coser, a confeccionar los trajes.
Con eso reducimos costos”.








