Por Germán José Montiel.
Reyes Magos: ¿Habrá triunfado el demonio? Reyes Magos: ¿Habrá triunfado el demonio?
En un tiempo que no tiene tiempo, indefinible, espacial único, inentendible para la mente humana, donde el viento corre silbando y a veces con mucha fuerza, levantando tormentas que duran también un tiempo indefinible, de una especie de arena que ciega los ojos, obligando a encerrarse en uno mismo envuelto en el thawb cuando se está a la intemperie formando una especie de hongo y sobreviven a través de la meditación. Mayor comodidad la tienen cuando están en las carpas. La solitaria vida es llevada en soledad con uno mismo. La meditación es esencial, para sobrellevar los apetitos humanos, porque ellos son humanos o lo fueron. Se encuentran en un estado especial de la existencia. No saben aún por qué fueron elegidos, ¿lo sabrán en algún tiempo? Una fuerza universal indescriptible los llamó y desde hace siglos cumplen con la misión encomendada.
Un buen día, no determinado aún, Melchor, Gaspar y Baltazar, salieron de la antigua Babilonia con sus camellos y lo indispensable para lo que sería una travesía eterna. En silencio, atravesaron desiertos hasta que una tormenta de una especie de arena los atrapó y encegueció. Cuando esta pasó se encontraron al lado de una montaña, en un lugar jamás visto, con un sol por demás de brillante. Con el correr del tiempo se dieron cuenta de que no había lluvias, pero sí el mismo clima y tormentas, como recordándoles de dónde vinieron. Las noches eran de una paz inimaginable. Las estrellas brillaban tanto que no hacía falta luz. Cerca de allí había un pequeño oasis que los abastecía de agua y alimentos. Armaron sus tiendas entre dos salientes de la montaña y otra más para los camellos.
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La mayor parte del tiempo pasaban meditando cada uno en su tienda. Solo al atardecer oraban juntos. Al hacerlo, una suave luz compuesta de millones de estrellitas descendía sobre ellos en un silencio absoluto. Por las mañanas, bien temprano, salían a caminar con sus camellos para fortalecer los músculos, ya que debían tener preparados también sus cuerpos y el de los animales porque se acercaba el tiempo que se les había dicho.
Una noche, notaron que las estrellas brillaban más que nunca. Comenzaron a orar y la luz, con estrellitas que siempre bajaba sobre ellos, la notaron más intensa. Pronto cayeron en un sopor y estuvieron allí hasta los primeros rayos del sol. Era el tiempo. Había nacido Él. Rápidamente, prepararon lo poco que tenían y se pusieron en marcha. Era lo que habían esperado toda la vida mirando las estrellas, tratando de descifrar en ellas el camino a la Divinidad. ¿Habrán sido elegidos por ello? Sorprendidos notaron que aquellas tenían más luz a medida que avanzaban, como indicándoles el camino y las que quedaban atrás volvían al brillo habitual.
Ante la cuna de paja del Recién Nacido se prosternaron. Sintieron en sus cabezas una mano que transmitía paz. Entregaron las manufacturas que habían hecho para obsequiarle y se retiraron caminando hacia atrás en señal de respeto.
En el largo camino de regreso, cada uno fue gestando cómo realizar el mandato que habían recibido. La misma luz con estrellas que los había guiado los traía de vuelta.
Durante todo el tiempo que habían estado en sus tiendas prepararon una enorme cantidad de cintillos para ser puestos en todos los niños de la cristiandad como señal del Amor Divino para que a través de ellos lograr una vida en Paz. A la hora de la oración en común, pusieron delante de ellos los obsequios y nuevamente la luz brillante los iluminó bendiciéndolos. Enseguida partieron.
Debían dejar los regalos durante la noche sin que los vieran, porque ellos no podían ser adorados, solo eran mensajeros de la Divinidad. La inexplicable y no menos entendible situación temporo espacial en la que se encontraban, les permitiría llegar en pocas horas con los regalos a todos los niños.
Pasaron los siglos y siguieron cumpliendo fielmente su misión. Pero se los veía, no cansados, pero sí abatidos. Porque la Fe se había vuelto un comercio. Las expectativas del comienzo menguaron. No obstante ello, durante todo un año se preparaban como desde el inicio para cumplir lo encomendado. ¿Habrá triunfado el Demonio? Muchas veces preguntaron a la Divinidad sobre sus dudas. No recibieron respuestas. Hasta los niños y también sus padres ya no les interesaba lo espiritual de la llegada de los Magos de la Antigua Babilonia. Sólo querían regalos.
Hoy les da pena leer mentalmente todas las cartas que les hacen llegar. Demasiado materialismo. Con melancolía miran la enorme biblioteca enclavada en la montaña llena de telarañas. Ya no se piden libros como en algún momento lo hicieron. Nada que se relacione con lo espiritual. A pesar de sus pensamientos humanos, continúan. No logran ascender un poco más para entender el Universo en que habitan. El Maligno siempre está dispuesto a dar respuestas, por supuesto, a su conveniencia. Pero ellos esperan las de otro tipo que no llegan. Quizás no se dará en el tiempo humano. Ellos no se dan cuenta de que cuando se encuentran abatidos una fuerza superior los mueve a seguir y así sucesivamente por los siglos de los siglos.
En esa cosmovisión distinta, inexplicable, compleja, seguramente otros van cumpliendo misiones. A ellos les tocó ser parte de la tradición cristiana. ¿Será así hasta el Final de los tiempos?









