Por Javier Alberici, Licenciado en Nutrición, en Seguridad Alimentaria y director del Departamento de Salud de UADE
Cuando el sabor se vuelve tendencia: el caso de los alimentos picantes Cuando el sabor se vuelve tendencia: el caso de los alimentos picantes
Durante el último año, la industria alimentaria argentina sorprendió con una oleada de productos ultraprocesados que incorporaron sabores picantes en categorías cada vez más diversas. Lo que hasta hace poco estaba asociado a salsas o platos específicos comenzó a filtrarse en espacios impensados, desde snacks y alfajores hasta chocolates, bebidas alcohólicas y tragos. Ese fenómeno, que marcó una tendencia clara en 2025, hoy invita a una pregunta más amplia: ¿fue una moda pasajera o una señal de cambios más profundos en la forma en que las marcas buscan captar la atención de los consumidores?
No es casualidad que los más jóvenes hayan liderado este fenómeno. Para muchos, el picante funciona como un desafío, un juego sensorial que pone a prueba la resistencia. En redes sociales, proliferaron videos de personas probando alimentos con niveles extremos de picante, impulsados por la capsaicina, el compuesto responsable de la sensación de ardor. La escala Scoville, que mide la pungencia de los alimentos, se volvió un código popular para clasificar la "valentía" gastronómica. Por ejemplo, un pimiento morrón, también conocido como pimiento dulce, tiene 0 unidades Scoville, mientras que un pimiento habanero puede alcanzar hasta 350.000. Esta escala permite clasificar los alimentos según su nivel de picante y orientar su elección de acuerdo con la tolerancia individual.
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La capsaicina es el ingrediente clave de esta fiebre del picante. Presente de forma natural en los pimientos, activa receptores específicos en la lengua que generan una sensación de calor. Lo que en la naturaleza funciona como un mecanismo de defensa para ciertas plantas, en los humanos se transforma en una experiencia sensorial particular que, para muchos, resulta placentera. Desde el punto de vista fisiológico, este estímulo puede generar una leve liberación de endorfinas, lo que explica en parte su atractivo y su capacidad para reforzar la percepción del sabor.

El interés por el picante no se explica únicamente por la búsqueda de nuevas experiencias gastronómicas, sino también por cambios en la lógica de desarrollo de los productos industriales. En los alimentos ultraprocesados, el sabor picante suele lograrse mediante la adición de extractos de ajíes, especias como pimienta o ají molido, e incluso saborizantes artificiales que imitan la pungencia natural. Su incorporación no solo intensifica el perfil sensorial del producto, sino que también puede enmascarar el alto contenido de sodio, azúcares y grasas saturadas característico de muchos de estos alimentos.
Desde una perspectiva nutricional, el consumo de picante abre un debate necesario. En cantidades moderadas, la capsaicina puede aportar algunos efectos positivos, como la estimulación del metabolismo o un leve efecto analgésico. Sin embargo, su consumo excesivo puede generar molestias gastrointestinales y agravar cuadros como gastritis, reflujo o irritación intestinal. La respuesta varía según cada organismo, por lo que resulta fundamental respetar la tolerancia individual y evitar la incorporación indiscriminada de estos productos a la dieta diaria.
La presencia del picante en alimentos considerados "atípicos" invita, entonces, a una reflexión más amplia sobre los hábitos de consumo actuales. Si bien la curiosidad, los retos (con ese tinte humorístico) y la búsqueda de nuevas sensaciones pueden enriquecer la experiencia gastronómica, estas elecciones deberían equilibrarse con una alimentación que priorice alimentos frescos y mínimamente procesados, capaces de sostener la salud y el bienestar a largo plazo.
La expansión del picante en la industria alimentaria deja una enseñanza que va más allá de este sabor en particular. Las tendencias alimentarias son dinámicas, se aceleran y se transforman, y muchas veces funcionan como un laboratorio donde las marcas ensayan nuevos estímulos y estrategias de diferenciación. Algunas se consolidan, otras se diluyen y dan lugar a nuevas búsquedas.
En ese contexto, el desafío para los consumidores sigue siendo el mismo: disfrutar de la exploración gastronómica sin perder de vista la calidad de la alimentación cotidiana. Más allá de cuál sea la próxima moda que gane protagonismo, el equilibrio entre innovación, placer y elecciones conscientes continúa siendo un criterio central para construir una relación saludable con los alimentos.








