Por David Gómez.
Una despensa de barrio y su rol silencioso en la comunidad santiagueña Una despensa de barrio y su rol silencioso en la comunidad santiagueña
Con casi 20 años de historia, una despensa de barrio sigue siendo un lugar de confianza, cercanía y ayuda mutua, donde la solidaridad aparece cuando hace falta y la realidad se enfrenta día a día.
Ubicada en la ciudad Capital, la Despensa Chicha es uno de esos comercios que forman parte de la vida cotidiana del barrio Sarmiento. Atendida por su dueño junto a su pareja desde hace casi dos décadas, el almacén fue testigo de innumerables cambios, tanto en la economía como en los hábitos de consumo, pero también de historias humanas que se repiten detrás del mostrador.
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Una de las prácticas más tradicionales de los comercios barriales fue, durante años, la libreta de fiado. Sin embargo, esa costumbre hoy casi no tiene lugar.
"Sí, la libreta se sigue usando de fiado, pero ya no hay más libretas. Creo que no somos los únicos que hemos dejado de usarla, por el simple hecho de que la economía, si bien se ha estabilizado en cuanto a la inflación, es una falsa estabilización, porque los precios siguen subiendo y no se pueden contener. Antes teníamos stock; ahora estamos comprando para el día y vendiendo la mercadería del día con el precio del día. Por eso no se puede usar la libreta".
Con el paso del tiempo, incluso los almacenes más tradicionales debieron adaptarse a nuevas formas de cobro. Las transferencias, billeteras virtuales se volvieron parte de la rutina diaria.
"El sistema de transferencias es una de las nuevas formas y modalidades de pago. Gradualmente, creo que todos los negocios van a tener que usarlo de una u otra forma, porque la bancarización hoy es, más que nada, electrónica. Si bien al usar billeteras virtuales o bancos uno queda expuesto ante la AFIP, los pagos de impuestos se tienen que hacer sí o sí de manera virtual. Por eso es necesario tener una cuenta. Tanto las billeteras virtuales, como los sistemas de transferencia, hoy son necesarios y prácticamente obligatorios en casi todos los negocios".
Después de 20 años atendiendo al público, los cambios en el consumo son evidentes. La forma de comprar se transformó y el ajuste se nota en cada operación.
"En comparación con años anteriores, uno mide el consumo según las compras que va haciendo la gente y el stock que tenemos. Antes había mayor stock porque el poder adquisitivo era un poco más alto. De un año al otro, el poder adquisitivo no subió y la gente se tuvo que ajustar, no tanto a la mercadería, sino al precio de la mercadería. Hoy ya no venís a comprar un kilo de algo, sino diez mil pesos de algo. Ese ajuste se ve reflejado claramente en la mercadería".
Más allá de las ventas, el almacén cumple un rol social que muchas veces pasa desapercibido. Al ser un comercio atendido por sus propios dueños, el vínculo con los vecinos es cercano y la solidaridad aparece cuando alguien lo necesita.
"Las donaciones o ese tipo de ayudas tienen más que ver con compartir con alguien que necesita, generalmente familiares. No solamente compran en tu negocio, también pueden hacerlo en otros lugares, como supermercados, híper o mayoristas. Entonces se junta todo, se hace fuerza entre todos y se comparte un poco. Sí, ha venido gente, parientes que necesitaban algo, y dentro de lo posible se trata de ayudar, cuidando también no entrar en un default".
Sostener un comercio durante tantos años no es sencillo y los costos varían según el movimiento diario y la clientela.
"El costo de mantener un negocio depende de lo que vendas y de la recurrencia de la clientela. Hoy podés invertir diez millones más y no necesariamente vas a vender diez millones más; vendés de acuerdo a la demanda de tu gente. Por eso, manejarse día a día es lo más conveniente: no queda remanente, no se vence mercadería, pero hay que ajustarse a las modalidades de pago, a los nuevos precios y a los cambios en la distribución. Mantener un negocio puede costar desde un millón de pesos mensuales hasta cien millones, dependiendo del volumen de venta".
Después de dos décadas de trabajo continuo, la conclusión es clara: se trabaja para cumplir y seguir adelante.
"Llegamos con lo justo para pagar lo justo y vivir justo. La idea es no endeudarse y ajustarse a las cuentas: pagar agua, gas, municipalidad, Ingresos Brutos, renta municipal, renta provincial y todos los impuestos que un negocio en regla debe pagar, que son muchos. Algunos que no los pagan tienen un poco más de libertad, pero tampoco es que se disfruta demasiado. No hay mucha ganancia; se trabaja con lo justo para sobrevivir. Esto les pasa tanto a los negocios grandes como a los chicos".
En ese equilibrio permanente entre ayudar y sostenerse, la Despensa Chicha sigue siendo mucho más que un comercio: un espacio de cercanía, escucha y solidaridad que refleja la vida diaria de un barrio.









