Por Sergio Sinay
Convivir o sobrevivir Convivir o sobrevivir
Hay sociedades de sobrevivientes y sociedades de convivientes. En una sociedad de convivientes las personas aprenden en el quehacer cotidiano a armonizar sus diferencias, a generar proyectos comunes, a fecundar visiones compartidas. Trascienden la mera vida vegetativa, hacen de sus tareas algo más que la simple acumulación de ganancias, ventajas o poder, celebran la diversidad. Es un espacio común en el que cada uno comprende que el otro (el semejante, el prójimo, el vecino y el distante) es siempre necesario para la propia existencia. Que el otro, al mirarme, al nombrarme, al registrarme, al escucharme, dé realidad a mi identidad. Y eso ocurre cuando, a mi vez, soy el otro del otro. En una sociedad de convivientes, el otro es un fin en sí mismo (imperativo moral que proponía Kant) y no un instrumento manipulable o un obstáculo descartable. En una sociedad así, las personas pueden realizar sus potencialidades y descubrir, en ese proceso, el sentido de sus vidas.
Sobreviviente, en cambio, es quien sigue vivo después de la muerte de otros o después de determinados sucesos que lo afectaron. Si el objetivo de los convivientes es trascender, elevar sus vidas a través del sentido de cada una de ellas, el de los sobrevivientes es, puestos a perdurar, mantener activas sus funciones vegetativas: comer, respirar, reproducirse, en un ciclo sin fin. Para esto, a menudo el sobreviviente se desentiende de la suerte de los demás, prioriza sus urgencias, se vale de sus semejantes si eso garantiza su supervivencia, puede o suele postergar u olvidar los valores de la convivencia, y, dado a sobrevivir, llega a usar en beneficio propio lo que es de todos. Según cómo se logre el objetivo, sobrevivir puede llevar a una existencia vacía de sentido y trascendencia.
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Es posible convivir o sobrevivir en la política, en los negocios, en la familia, en la pareja, en la vida social, en la escuela, en el deporte, en todos los ámbitos de la existencia humana. Y es siempre una cuestión de elección, no de azar. Según eligen sus miembros, hay sociedades de convivientes y sociedades de sobrevivientes. ¿Cuál es la nuestra?








