Por Eduardo Lazzari.
Bernardino Rivadavia: su genio y acción (1 parte) Bernardino Rivadavia: su genio y acción (1 parte)
Hoy se cumplen doscientos años de la asunción del primer presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, don Bernardino Rivadavia, hecho producido en el recinto del Congreso General reunido en lo que desde entonces se conoce como la Manzana de las Luces, durante el miércoles 8 de febrero de 1826, lo que iba a consolidar la tradición republicana argentina, que alcanzaría su cumbre recién un cuarto de siglo después al sancionarse la Constitución Federal de 1853 se produce la definitiva organización nacional.
La figura de Bernardino Rivadavia ha atravesado, sobre todo en el siglo XX, por los avatares de la discusión política que toma a la historia de rehén y comete injusticias extemporáneas y descontextualizadas, muchas sufridas por la memoria del prócer. Somos testigos en estos días de las polémicas alrededor de la ubicación museográfica del sable del Libertador José de San Martín, hecho que merecerá un próximo artículo por parte de quien esto escribe, pero que sobre todo pone de manifiesto la ausencia de una política de estado para la preserva.
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En recordación del hombre que dio nombre al sitial desde el cual los argentinos somos gobernados por quienes resultan electos por su voluntad, ubicado en el mismo lugar desde el cual Rivadavia condujo los destinos de la Nación, transitaremos por la vida, la obra y el genio del primer presidente argentino. ción de la historia y del patrimonio para las generaciones que nos sucedan en el camino de la vida argentina.
El ciudadano
Don Bernardino de la Trinidad nace en Buenos Aires en el hogar formado por don Benito González Rivadavia y su prima doña Josefa Rivadavia el 20 de mayo de 1780, mientras gobernaba el virreinato del Río de la Plata don Juan José de Vértiz. Eran siete hermanos y Bernardino era el primogénito varón, por lo que tuvo que hacerse cargo de los negocios familiares cuando su padre enfrentó un juicio que lo inhabilitó. No pudo el joven Bernardino seguir sus estudios de filosofía en el Real Convictorio de San Carlos (hoy Colegio Nacional de Buenos Aires) y eso evitó su llegada a la Universidad.
En 1786 muere su madre a los 31 años, cuando Bernardino tiene sólo cinco. El padre vuelve a casarse en 1788 con Ana María Salvadora de Otárola, que se dedica muy cordialmente a criar a los niños de su marido. Es notable que doña Ana María fuera hermana de Saturnina Bárbara, quien iba a convertirse en la segunda esposa de Cornelio de Saavedra, lo que hace a Rivadavia sobrino del presidente de la Junta Gubernativa del 25 de mayo de 1810. Hoy sus bustos comparten uno al lado del otro el Hall de Honor, siendo quienes miran de frente a todos los que ingresan en la Casa Rosada.
Participó como miliciano en la Reconquista de 1806 y en la Defensa de 1807 durante las invasiones británicas. De esos tiempos quedaron notas prolijas relatando los acontecimientos, que fueron recuperadas y publicadas por Florencio Varela. Llegó a ser alférez real nombrado por Santiago de Liniers. El 14 de diciembre de 1809 don Bernardino se casa con Juana Josefa Joaquina, hija del virrey Joaquín del Pino.
Este matrimonio convertirá a la madre de la joven, la santafesina Rafaela de Vera y Mujica en la única virreina que fue madre de una primera dama.
La nueva familia dará a Bernardino un lustre social del que carecía debido a las enojosas derivaciones de los problemas paternos. Tendrán cuatro hijos, de los que sólo los tres varones llegarían a edad adulta: José Joaquín, Bernardino y Martín, siendo este último con el tiempo el padre del comodoro Martín Rivadavia, primer ministro de marina de la Argentina en 1898. En ese entonces, las principales dedicaciones de don Bernardino fueron, en el ámbito privado, la procuración y el oficio de martillero.

El estadista
La llegada de los tiempos de la Revolución de Mayo de 1810 lo encuentran participando del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, asamblea donde pasa desapercibido allí al igual que Mariano Moreno, de quien se convertiría en seguidor y colaborador. Al constituirse el Primer Triunvirato, fue nombrado secretario de guerra sin voto.
La llegada a Buenos Aires desde Londres de José de San Martín, Carlos de Alvear y José Zapiola, quienes rápidamente fundaron la logia Lautaro, y la presencia de Bernardo de Monteagudo como líder de la Sociedad Patriótica, significaron la creación de un polo opositor al Triunvirato.
Ese primer Triunvirato tomo decisiones durísimas, como la represión del "Motín de las Trenzas" en el regimiento de Patricios y la ejecución de Martín de Álzaga como jefe de una supuesta conspiración realista, aún discutida en la academia. Sin embargo y a pesar de los problemas políticos derivados de la guerra de la Independencia y los conflictos internos, Rivadavia fundó el Museo de Historia Natural e instaló la Biblioteca Pública, dictándose también los decretos de fomento de la inmigración y de la industria. Estos hechos evidencias su condición de hombre de la Ilustración. Fue destituido por la revolución de octubre de 1812 y desterrado. Ante el infortunio dirá: "que así como he dado ejemplo de sostener la dignidad y justificación de la autoridad, lo haré mucho más en obedecerle sin abatirme".
En 1814 vuelve a la actividad pública como enviado diplomático, junto a Manuel Belgrano y a Manuel de Sarratea ante las cortes europeas para solicitar ayuda en la lucha contra los realistas. Ya en el viejo continente estos hombres se separaron y Rivadavia fue solo a París donde recibió la noticia de la declaración de la Independencia en San Miguel del Tucumán, y el nombramiento de su amigo Juan Martín de Pueyrredón como Director Supremo. Permaneció en Europa hasta 1821, cuando regresa al país. Es entonces que comienza su destacada gestión como ministro de gobierno de la recién creada provincia de Buenos Aires, bajo el mando del general Martín Rodríguez.
Su gestión fue conocida por la historiografía liberal como la "era feliz". Se crearon la Universidad de Buenos Aires, el Archivo General, el Registro Oficial y el Banco de Descuentos, antecesor del Banco de la Provincia de Buenos Aires.
Se fundó la Sociedad de Beneficencia, bajo cuya potestad quedaron el manejo de los hospitales y de las escuelas de mujeres. Produjo la reforma militar y la eclesiástica, siendo esta última la medida más polémica de su tiempo, ya que significó el cierre de todos los conventos regulares porteños, salvo el de los franciscanos. Se construyó la fachada de la Catedral de Buenos Aires y se comenzó el edificio de la Sala de Representantes en la que sería llamada desde entonces "Manzana de las Luces. Se fomentó la prensa. Se realizó la segunda Campaña del Desierto (la primera fue encabezada por Juan José de Vértiz en 1779), que tendrá como consecuencia la fundación de Tandil, Junín y Bahía Blanca. También sancionó la ley de enfiteusis, que intentó establecer un régimen de propiedad de la tierra similar al británico.

La obtención de un préstamo contraído con la firma inglesa Baring Brotherses la decisión económica más cuestionada a Rivadavia, aunque las precauciones de los prestamistas no fueron desacertadas. Se tardaron ochenta años en cancelar la deuda. El objeto principal del dinero obtenido era la construcción del puerto de Buenos Aires, pero la guerra contra el Brasil iba a absorber todos los recursos y allí se disiparon los fondos del préstamo. Hay que destacar que su relación con José de San Martín nunca fue buena, aunque a pesar de lo que suele decirse, siempre se respetaron.

El Presidente
La convocatoria a un Congreso General Constituyente en 1824 para organizar al país, las elecciones en todas las provincias que significaron el predominio de los que fomentaban un régimen de unidad, es decir que las provincias se fusionaran en un gobierno central nacional, y la elección como diputado porteño de Rivadavia lo pusieron en el camino del liderazgo político nacional. Cuando todo hacía suponer que el camino estaba despejado, la gesta de los 33 orientales que buscaba la independencia de la Banda Oriental respecto del imperio del Brasil para reintegrase a las Provincias Unidas significó la declaración de guerra por parte del gobierno carioca contra la Argentina. Eso hizo necesario centralizar el gobierno en una presidencial fuerte y fue elegido para ello el líder político del momento: don Bernardino Rivadavia.
El Congreso General sancionó varias leyes de emergencia como producto de la guerra iniciada a fines de 1825, entre ellas la ley de presidencia sancionada el 6 de febrero de 1826, que derivó en la elección como presidente de Bernardino Rivadavia al día siguiente, y el 8 de febrero de 1826 juró el cargo de Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Luego se disolvió la provincia de Buenos Aires y su territorio se convirtió en capital de la nación. Los nombramientos de Alvear a cargo del ejército argentino y de Brown a cargo de la escuadra de guerra permitieron el logro de grandes victorias militares y navales que pusieron la guerra a favor del país. Sin embargo, las difíciles condiciones internas y el envío de una gestión diplomática para negociar la paz en Río de Janeiro terminaron en un desastre por la gestión de un hombre de confianza de Rivadavia, Manuel José García.
Según la convención preliminar de paz, el territorio en disputa, la Banda Oriental, quedaba para el imperio del Brasil. Rivadavia repudió lo acordado asumiendo la responsabilidad política de lo actuado y presentó su renuncia al cargo el 27 de junio de 1827, siendo sucedido por Vicente López y Planes, que dos meses después aniquilaría el gobierno nacional, disolvería el Congreso General y restauraría la provincia de Buenos Aires. Para don Bernardino fue un retiro doloroso pero digno. Sobre los tiempos que vendrían y su penoso declinar, esperamos encontrarnos aquí, en las queridas páginas de "El Liberal" el próximo domingo.








