Franco Albornoz lloró y pidió perdón a la madre de la víctima, Christian Carrizo. Bromas, cero cuidado con el arma y muerte.
"Jamás tuve la intención de apretar el gatillo", declaró el expolicía que mató a Carrizo en la 2da "Jamás tuve la intención de apretar el gatillo", declaró el expolicía que mató a Carrizo en la 2da
Franco Albornoz señaló ayer en el juicio: "... Jamás tuve la intención de apretar el gatillo", al dar su versión sobre aquel 3 de febrero del 2016 en que mató de un tiro a su compañero, Christian Carrizo, en la seccional Segunda.
El imputado hizo una clara diferencia entre su vínculo con Carrizo y el suceso por el cual desde este jueves, el tribunal escuchará los alegatos de las partes.
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Albornoz indicó que eran muy amigos con Carrizo, a quien llamaba "Gordito". También que él trabajaba en el D-6 (Investigaciones) y que la víctima solía pedirle que lo llevase a trabajar a ese organismo policial. Ahondó que tras su triste fin, en varias ocasiones asistió al cementerio a rezar por él.
"Ese 6 de febrero nos encontrábamos de servicio, en la calle, trabajando de civil" junto a dos compañeros, de apellidos Guzmán y Melín. "Recorríamos la jurisdicción en un automóvil".
En el Bº Tarapaya, dijo, observó al maleante "Chichí Núñez", con un frondoso prontuario. "Remonté mi arma reglamentaria, pero luego lo perdimos de vista", acotó. Contextualizado, Albornoz no llevaba cartuchera, sino que transportaba el arma en la cintura del pantalón, o en su mano.
De regreso a la base en la Seccional Segunda, empezaron a hacer bromas con Carrizo. "El Gordo me hizo señas con la mano", como apuntándole, y simulando su dedo, a su arma. Albornoz apuntó con su pistola (las que sostenía en una axila). "Se me escapó", subrayó. Escuchó un fuerte estampido "y tiré mi arma al piso y fui a ayudarlo", agregó.
Piezas faltantes
Dentro de un escenario con ciertas lagunas, de la versión de Albornoz (más la del perito experto de Gendarmería) se desprendería que el imputado abrió fuego con el cargador puesto. Vale subrayar que los expertos hallaron luego una bala y las dos armas en el piso: la de Albornoz en el pasillo y la de Carrizo, en la cocina.
Es decir, que Carrizo recibió el proyectil cargado al momento de interceptar a "Chichí" Núñez en la calle. Ya en la base, Albornoz olvidó que tenía ese plomo en la recámara. Se hizo el disparo y, porque llevaba el cargador, en forma automática subió otra bala a la recámara que es la rescatada por el gendarme en el piso.
Emocional, post luto
Después, Albornoz destinó unos minutos para pedirle perdón a la madre de Carrizo, Sandra del Valle Aguilar, quien solicitó autorización para responder, pero el tribunal optó por el no. Quizá dedujo que difícilmente el dolor de la mujer fuese receptivo a una disculpa en boca de quien lo provocó, al segar la vida de su hijo.
Homicidio simple versus culposo: la condena que viene
A la Justicia no le conmueven las lágrimas, aun cuando la administración de Justicia es potestad de los hombres. Este jueves, el tribunal escuchará los alegatos, que se intuyen intensos.
La fiscal, Érika Leguizamón y el querellante, Francisco Palau, irán por una condena por "homicidio simple", reprimida con penas mínimas de 8 y máximas de 25 años de prisión.
Enfrente, la defensa, a cargo de Francisco Cavallotti y Pedro Orieta instarán a que Albornoz sea condenado por "homicidio culposo", con una máxima de 5 años de prisión.
Ya todo fue dicho y lo que viene es la interpretación de las partes, obvio desde su posición y criterio, diametralmente opuestos. La misión crucial descansará en los vocales. Después de los alegatos, pasarán a deliberar y puede, o no, haber un veredicto ese día.
El veredicto será construido desde la autopsia, las pericias balísticas, la reconstrucción y tal vez la teatralización del horror, en la escena.
Condena, de seguro, habrá una. Sea cual fuere, no traerá paz a la madre ya sin su hijo, mucho menos a quien lo provocó.









