Washington ha ordenado un refuerzo masivo de tropas, buques y aeronaves en la región mientras las conversaciones con Teherán por su programa nuclear avanzan con dificultad, despertando inquietud internacional por una posible escalada del conflicto.
Estados Unidos concentra la mayor fuerza militar en Medio Oriente en más de dos décadas Estados Unidos concentra la mayor fuerza militar en Medio Oriente en más de dos décadas
La administración del presidente de los Estados Unidos ha concentrado un gran contingente militar en países de Medio Oriente en medio de un clima cada vez más tenso con Irán, en lo que se describe como el mayor despliegue de ese tipo desde la invasión de Irak a principios de siglo.
La movilización incluye portaaviones, aviones de combate y unidades de apoyo estratégico, con el objetivo de presionar a Teherán en las negociaciones y estar preparados ante cualquier eventualidad.
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El refuerzo de fuerzas está ocurriendo en paralelo a rondas diplomáticas indirectas sobre el programa nuclear iraní, que no han logrado acuerdos decisivos. El presidente estadounidense ha dejado la opción de usar fuerza limitada sobre la mesa si no se logra un pacto sustancial con las autoridades iraníes, agregando más presión al ya delicado equilibrio político en la región.
Funcionarios del Pentágono han reubicado tropas en varias bases clave en el Golfo Pérsico y en otros puntos estratégicos, en medio de informes que señalan que entre decenas de miles de efectivos podrían estar disponibles para actuar rápidamente si la situación se deteriora. Este despliegue masivo incluye también sistemas defensivos y apoyo aéreo avanzado, reforzando la presencia estadounidense mucho más allá de lo visto en los últimos 20 años.
La reacción internacional no se ha hecho esperar: aliados como Israel han llevado a sus fuerzas a niveles más altos de preparación y varias potencias han llamado a evitar una escalada militar abierta que podría desestabilizar aún más toda la región. Por su parte, analistas en defensa consideran que la concentración actual de tropas y recursos es "sin precedentes" desde los conflictos mayores de principios del siglo XXI, reflejando la gravedad de la ruptura entre Washington y Teherán.
Mientras tanto, el gobierno iraní ha respondido con ejercicios militares y pruebas de misiles de largo alcance, lo que indica que Teherán también se posiciona en clave defensiva frente al aumento de fuerzas estadounidenses en su entorno geográfico. Este contexto ha elevado el riesgo de que cualquier incidente aislado pueda derivar en un enfrentamiento directo.








