El desgaste por los malos resultados, las diferencias en el vestuario y una despedida cargada de emociones marcaron el adiós del entrenador más exitoso de la historia del club.
Gallardo cerró su ciclo en River en medio de tensiones internas Gallardo cerró su ciclo en River en medio de tensiones internas
La etapa de Marcelo Gallardo en River Plate llegó a su final atravesada por un contexto complejo, en el que los resultados adversos y un clima interno cada vez más tenso terminaron de acelerar una decisión que se venía gestando puertas adentro.
El regreso del Muñeco, que había despertado enormes expectativas, se fue diluyendo con el correr de los partidos y encontró su desenlace tras una serie de situaciones que desgastaron la relación entre el cuerpo técnico y parte del plantel.
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Uno de los golpes más fuertes fue la dura derrota frente a Tigre en el Monumental, un resultado que expuso falencias futbolísticas y profundizó las diferencias internas. A partir de ese encuentro, el clima en el vestuario se volvió más espeso, con cuestionamientos al funcionamiento del equipo y a algunas decisiones tácticas que no lograban encontrar respuesta en el campo de juego. El bajo nivel colectivo y la falta de reacción ante la adversidad fueron minando la confianza en la continuidad del proyecto.
Con el paso de los días, Gallardo entendió que su mensaje ya no impactaba de la misma manera en el grupo y que el margen para revertir la situación era cada vez más reducido. El desgaste acumulado, sumado a un inicio de temporada irregular, terminó por convencerlo de que lo mejor era dar un paso al costado, aun sabiendo el peso simbólico que tiene su figura dentro de la institución.
La despedida se dio en un escenario cargado de emociones. River logró una victoria ante Banfield, un resultado que sirvió para cerrar el ciclo con una sonrisa desde lo numérico, aunque no logró ocultar las señales de desgaste previas. Gallardo fue ovacionado por la mayoría del estadio, en reconocimiento a una historia que quedará marcada por títulos, identidad y protagonismo internacional, mientras que algunos jugadores recibieron reproches desde las tribunas, reflejo del malestar acumulado en los últimos meses.
Así se cerró una etapa que dejó una huella profunda en el club, pero que también expuso la necesidad de iniciar una nueva reconstrucción. Con la salida del Muñeco, River deberá enfocarse en recomponer el clima interno, recuperar regularidad futbolística y definir un nuevo rumbo que le permita volver a ser competitivo en todos los frentes.








