Por la Lic. Florencia Lavandeira.
La digestión depende del contexto, no solo del plato La digestión depende del contexto, no solo del plato
La digestión depende del contexto, no solo del plato
Un día como cualquier otro. Te escapás del trabajo un minuto para comprar una ensalada que promete ser saludable. La comés con hambre, mientras seguís trabajando, y al rato te cayó fatal. ¿Cómo puede ser? Te cambio el escenario. Enero. Estás de vacaciones y te pedís una milanesa a caballo con gaseosa y helado de postre. Terminás de comer, vas a dormir la siesta y cuando te despertás con ganas de merendar, te acordás de aquella ensalada que te había caído mal. Algo no cierra: lo que se supone que "hace bien" te cae mal, y lo que "hace mal" te cae bien. ¿Será la ensalada la culpable? ¿Será que la comida grasosa y abundante no hace tanto daño como dicen?
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No es raro escuchar que alguien evita tomar agua porque le da "náuseas", o que no come carne en la cena porque le hace dormir "pesado". Muchas veces se concluye que el problema está en el alimento sin detenerse a pensar que el cómo y el cuándo se come pueden influir tanto o más que el qué. Comer, digerir, absorber. La digestión es el proceso mediante el cual los alimentos se descomponen en moléculas más simples, es decir, en nutrientes. Luego ocurre la absorción: esos nutrientes atraviesan la pared del tubo digestivo, ingresan al torrente sanguíneo y se distribuyen por el organismo para ser utilizados. Para que estos procesos sucedan de manera adecuada, hormonas y señales nerviosas coordinan mecanismos complejos, adaptados tanto al tipo de alimento como al contexto en el que se ingiere.
Comer bajo estrés o mirando una pantalla altera estas señales y puede generar una digestión incompleta, con nutrientes mal procesados que causan malestar. Esto también impacta en la saciedad: cuando no registramos lo que comemos, las señales de plenitud llegan tarde y tendemos a seguir comiendo más de lo necesario. No todo momento es buen momento para comer. Comemos para obtener energía, pero sin una buena digestión esa energía no está disponible. Pensemos en la cena: es la última comida del día y luego vamos a dormir. ¿Necesitamos la misma energía que en el desayuno o el almuerzo? Claramente no se gasta lo mismo durmiendo que trabajando o estudiando.
Además, la digestión no funciona igual con el estómago vacío que con uno que viene trabajando todo el día. Podemos pensarlo como la cocina de un restaurante: al comenzar el servicio está ordenada y lista para funcionar; al cierre, el espacio es menor, hay platos acumulados y el personal está cansado. En nuestro cuerpo ocurre algo similar. Por eso existen recomendaciones distintas para el desayuno y la cena: el contexto no es el mismo. No se trata de que un alimento sea "bueno" o "malo", sino de que, en ciertas condiciones, puede no digerirse bien y generar malestar.
Darle al cuerpo las condiciones para hacer su trabajo implica reconocer que los hábitos no cambian de un día para el otro y que la alimentación suele quedar relegada entre las exigencias del día a día. Si esto te resuena, el mensaje es claro: calma. Pequeños cambios sostenidos en el tiempo hacen la diferencia. Un primer paso es volver al cuerpo: atender cuándo tiene hambre, sed o sueño. Evitar comer por aburrimiento o nervios. A medida que estas necesidades básicas se atienden, las señales internas hormonales y nerviosas comienzan a ordenarse. Regular el estrés, especialmente en los horarios de comida, también mejora la digestión. No se trata solo de elegir alimentos saludables, sino de respetar tiempos, necesidades y crear espacios donde cada comida pueda ser registrada.
Siempre es válido recurrir a asistencia profesional. Un especialista puede ayudarte no solo a planificar comidas, sino también a diseñar estrategias para que el acto de comer sea placentero y sostenible. "Comer bien no es sólo elegir alimentos saludables: es darle al cuerpo el tiempo, el espacio y la atención que necesita para hacer su trabajo".
Por la Lic. Florencia Lavandeira, docente de la Licenciatura en Nutrición de UADE.








