Por Lic. Manuel Enrique Landsman
Therianos: cuando el alma siente que pertenece al reino animal Therianos: cuando el alma siente que pertenece al reino animal
En la era de los algoritmos y la hiperconexión digital, una pregunta tan antigua como la humanidad reaparece con nueva fuerza: ¿Quiénes somos, en verdad? Para la mayoría de las personas esa pregunta tiene respuesta en el espejo, en el documento de identidad, en la trama de los afectos. Pero para una comunidad que crece silenciosamente en foros, redes sociales y grupos de encuentro presencial, la respuesta incluye algo más: un animal. O mejor dicho, el alma de un animal atrapada o quizás expresada en un cuerpo humano.
¿Qué es un theriano?
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El término theriano proviene del griego therion ('bestia' o 'animal salvaje') y se aplica a quienes sienten que su identidad psicológica o espiritual está vinculada, de forma total o parcial, con una especie animal no humana. Esta identidad no es elegida como un disfraz ni adoptada por capricho; quienes se reconocen como therianos afirman que la sensación existe desde la infancia, muchas veces antes de conocer la palabra que la nombra.
Los animales con los que se identifican llamados phenotypes o 'tipos animales' son muy variados: lobos, zorros, felinos, cuervos, águilas, dragones (en una variante llamada otherkind). No obstante, los cánidos y los felinos salvajes suelen ser los más frecuentes, en particular entre la comunidad juvenil hispanohablante.
Una historia que empieza en los noventa
Aunque el fenómeno se popularizó en las redes sociales durante la pandemia y el período pospandémico, sus raíces son anteriores. La comunidad theriana organizada surgió en los años noventa en grupos de discusión de Internet, especialmente en el foro Alt.horror.werewolves, donde personas que se sentían conectadas con la figura del hombre lobo comenzaron a explorar esa identidad más allá de la ficción. Con el tiempo, el fenómeno se extendió, se diversificó y encontró en plataformas como TikTok, Discord y YouTube el terreno ideal para masificarse entre las nuevas generaciones. En Argentina, y particularmente en provincias del interior como Santiago del Estero, la visibilidad de esta comunidad llegó más tarde, impulsada por adolescentes que, a través de sus teléfonos, descubrieron que aquella sensación de 'ser diferente' tenía nombre y tenía pares en el mundo.
"No soy un animal, soy humano con identidad animal"
La aclaración es casi un axioma dentro de la comunidad: los therianos no creen literalmente ser animales ni pretenden dejar de ser humanos. La distinción es importante y suelen repetirla con paciencia frente a las preguntas a veces burlescas del entorno. Se trata, explican, de una identidad psicológica profunda, comparable en cierta medida a cómo otras comunidades describen aspectos de su identidad de género, cultural o espiritual.
"Siempre me moví diferente, pensé diferente. Cuando era chico quería correr en cuatro patas, gruñía cuando me molestaban, tenía esa sensación de que había algo en mí que no encajaba con lo que se supone que eres. Mucho después encontré la palabra: theriano"
Testimonio de un joven de 19 años (identidad reservada)
Dentro de la comunidad existe toda una terminología propia. Los shifts o 'cambios' refieren a momentos en que el individuo siente que la faceta animal de su identidad se vuelve más intensa: puede ser mental (pensar o percibir de manera más instintiva), sensorial (sentir que el olfato o el oído se agudizan perceptualmente) o incluso espiritual. Son experiencias subjetivas que no implican ningún cambio físico real, pero que resultan significativas y a veces difíciles de gestionar.
La mirada de la psicología
La identidad theriana no figura en los manuales diagnósticos internacionales como el DSM-5 ni la CIE-11, aunque esto no equivale a que sea ignorada por la clínica. Los especialistas en salud mental que trabajan con adolescentes señalan que el fenómeno merece ser abordado con seriedad y sin prejuicio. En general, los consensos en la literatura especializada indican que la identidad theriana, por sí misma, no constituye un trastorno.
Sí puede ser señal de alerta cuando aparece asociada a otras dificultades: aislamiento severo, conductas autolíticas, dificultades importantes de socialización o un rechazo activo de la realidad compartida. En esos casos, la intervención profesional es deseable. Pero muchos therianos llevan vidas plenas y funcionales.
Algunos investigadores vinculan la experiencia theriana con el concepto de identidad periférica o con formas de disociación creativa que permiten a ciertos individuos procesar experiencias difíciles, diferencia o neurodivergencias. La comunidad theriana tiene, de hecho, una proporción elevada de personas que se identifican dentro del espectro autista, aunque la relación causal dista de estar establecida.
Familias, escuelas y la pregunta inevitable
El debate ingresó con fuerza a las aulas. Docentes de nivel secundario reportan situaciones en las que algún estudiante pide ser tratado con un nombre animal, recurre a gestos asociados a su identidad theriana en el aula o tiene roces con compañeros que no comprenden o se burlan. Las escuelas, muchas veces sin protocolos específicos, navegan estas situaciones como pueden.
Los expertos recomiendan que padres y educadores eviten tanto la patologización inmediata como la minimización. Escuchar, explorar sin ridiculizar y derivar a profesionales cuando corresponda parecen ser las claves. El mayor riesgo, señalan los especialistas, no está en la identidad en sí misma sino en los contextos de rechazo: un joven que se siente incomprendido y juzgado puede agravar cuadros de ansiedad o depresión que existían de modo independiente.
TikTok, el gran amplificador
Ningún análisis del fenómeno theriano contemporáneo puede ignorar el rol de las redes sociales. TikTok, en particular, funcionó como una cámara de amplificación: videos con etiquetas como #therian o #theriantok acumulan cientos de millones de visualizaciones. Allí conviven adolescentes que exploran su identidad con genuina angustia, creadores que producen contenido estético alrededor del mundo animal y, en un extremo que la propia comunidad rechaza, personas que practican el quadrobics una disciplina acrobática que imita el movimiento en cuatro patas a veces con máscaras o trajes animales. Esta visibilidad tiene dos caras. Por un lado, permite a jóvenes aislados encontrar comunidad y vocabulario para entenderse. Por otro, genera una mediatización que puede banalizar una experiencia que muchos therianos consideran íntima y a veces dolorosa. La ironía y el meme conviven en las redes con el relato auténtico, y no siempre es fácil distinguirlos.
Identidad en el siglo XXI: ¿nuevas preguntas o viejas respuestas?
Hay quienes ven en el fenómeno theriano un síntoma de época: la hiperindividualización, el agotamiento de las categorías identitarias tradicionales, la búsqueda de pertenencia en un mundo que promete conexión y entrega fragmentación. Otros señalan que las culturas humanas tienen una larga historia de vínculos totémicos con el reino animal piénsese en las cosmovisiones de los pueblos originarios, en el chamanismo, en los mismos carnavales medievales y que quizás la novedad no está en la experiencia sino en la etiqueta. Lo que parece claro, más allá de los debates, es que los therianos existen, que sus experiencias son reales para ellos y que la respuesta social familiar, educativa, clínica determinará en buena medida si esa existencia transcurre con dignidad o con estigma. En ese sentido, la pregunta no es si debemos creerles o no. La pregunta es cómo acompañamos a los jóvenes que, en nuestras propias ciudades y provincias, están buscando la manera de decir: esto es lo que soy.








