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Un conflicto de imprevisibles consecuencias

Por el Dr. Pedro José Basbus.

03/03/2026 10:14 Opinión
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La reciente operación conjunta entre los Estados Unidos de Norteamérica e Israel, sobre el territorio iraní, que costó la vida del líder iraní, el Ayatollah Alí Jameneí y otros integrantes del gobierno de la República Islámica de Irán, ha desatado un conflicto de imprevisibles consecuencias y que amenaza con prolongarse en el tiempo, desestabilizando Oriente Medio.

 Intentaré, en este artículo, desandar el camino por el cual las potencias antes citadas, desencadenaron las hostilidades y las consecuencias que podrían presentarse y las repercusiones para La República Argentina.

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 Para acercarnos en el tiempo se dirá que, durante la Primera Guerra Mundial, el país fue ocupado por los británicos, los otomanos y los rusos, pero Persia(hoy Irán) era un país neutral. En 1919, después de la Revolución de febrero de 1917 (por la cual se logra la abdicación en Rusia del Zar Nicolás II) y que fuera la antesala de la denominada revolución bolchevique, los británicos intentaron establecer un protectorado en Persia, pero no se consolidó. 

 Finalmente, el Movimiento Jangal y los vacíos de poder del gobierno terminaron por desestabilizar al gobierno de los Kayar (turcos) y permitió que, en 1925, se estableciera una nueva dinastía. En el año 1925, asume en el poder Riza Pahlavi, jefe militar de ideología nacionalista, pro germano. En 1941 este, abdicó en su hijo Mohammad Reza Pahlevi. 

 En este proceso, durante la Segunda Gran Guerra, los ejércitos soviético y británico invaden Irán. En el año 1943 tiene lugar en su capital, la Conferencia homónima y por la que se intensifica el frente aliado en contra de la Alemania nazi y sirve de antecedente de las Conferencias de Yalta y Potsdam. La ocupación extranjera acabó en 1946, y durante la posguerra se intensificó el movimiento nacionalista, contrario a las injerencias extranjeras.

Mohammad Mosaddeq fue el Primer Ministro electo democráticamente en la posguerra, mas soportó un golpe de estado orquestado por los EEUU y Gran Bretaña (con la excusa británica de que aquel era comunista) empero la intención velada era la posibilidad de nacionalizar la extracción de petróleo.

 En 1955 se firmó el Pacto de Bagdad. El Sah, con el apoyo de los Estados Unidos y el Reino Unido, emprendió la modernización de la industria del país, y al mismo tiempo, eliminó toda oposición a su régimen con la ayuda de la agencia de espionaje, la SAVAK. Su principal opositor fue el Ayatollah Ruhollah Jomein, luego arrestado, encarcelado y, en su libertad, exiliado en Turquía (acérrimo crítico de los EE.UU y Gran Bretaña). 

 Durante el gobierno de Pahlevi, se suscribe el acuerdo Átomos para la Paz, mediante el cual los EE.UU colaboran en el desarrollo del uranio para fines científicos, haciéndose entrega, cinco años después del primer reactor nuclear de 5 megavatios y uranio enriquecido.

 Tanto Irán como los EE.UU suscriben, en 1968, el Tratado de No Proliferación Nuclear, el cual entra en vigor en el año 1970 y constituye la base del régimen internacional para la limitar la expansión de armas nucleares.

 En el año 1972 comienza la provisión de armas a Irán (administración Nixon) aunque el descontento en las calles de Irán crecía a raíz de la corrupción y desigualdad social, todo lo cual desencadena, no sin antes de actos terroristas y de violenta represión, la denominada Revolución Islámica (1979) por la que es derrocado el Sha, obligado al exilio junto a su familia y retorna el Ayatollah Ruhollah Jomeini quién se convierte en el líder espiritual, político y militar y que gobernaría hasta su muerte en 1989.

 Las relaciones con los Estados Unidos de Norteamérica se volverían antagónicas, llegando a su momento culmine cuando estudiantes iraníes, azuzados por el gobierno del Ayatollah, ocupan en la embajada de los EE.UU en Teherán, capturan al personal y los acusan de haber conspirado en contra del régimen, crisis que duró 444 días y finaliza con un acuerdo de la administración Reagan con el régimen iraní. Nada volvería a ser igual.

 En 1984 los EE. UU incorporan a Irán en la lista de estados patrocinadores del terrorismo internacional tras el atentado contra un cuartel militar en Beirut que mató a 241 soldados estadounidenses.

 Con el fallecimiento del Ayatollah Jomeini, en 1989, asume Alí Jamenei, con iguales características de su antecesor, enemigo de los EE.UU y lo que este país representaba. A partir de su gobierno, Irán busca crecer en su influencia política en medio Oriente, destinando su ayuda a sectores marginales que luego atentarían en contra de distintos gobiernos. Me refiero a Hezbollah en el Líbano, Hamás en Gaza, los Hutíes en Yemen. En 1995 el presidente Bill Clinton, amplía las sanciones logrando el embargo petrolero y la prohibición del comercio e inversión. George W. Bush, en el año 2002, incluye a Irán en el "Eje del Mal" y señala la presencia de instalaciones nucleares en Natanz y Arak.

 Si bien, Irán, con posterioridad, llega a un acuerdo con los EE.UU. y las potencias internacionales, de suspender el enriquecimiento de uranio, en el año 2009, Gran Bretaña y los EE.UU indicaron que Irán había desarrollado una instalación nuclear en Fordow.

 En el año 2013, durante la administración del presidente Obana, se suscribe, con el entonces presidente iraní Hassan Rouani, el Plan de Acción, por el cual Irán aceptó suspender el enriquecimiento de uranio a cambio del alivio de sanciones económicas que ya habían causado graves inconvenientes en la vida diaria del iraní.

 Conforme recibir sospechas del incumplimiento iraní de sus obligaciones, el presidente Trump retira a los EE.UU del acuerdo e impone, en el año 2008, mayores sanciones a Irán, lo que desencadena protestas en contra del régimen del Ayatollah, las que fueron soslayadas por una férrea represión.

 Desde allí y hasta nuestros días, las relaciones entre ambos estados discurrieron en un mayor aumento de sanciones, el atentado en contra del jefe de la Guardia revolucionaria de Irán en Badgad (Irak) por los EE.UU.; la respuesta iraní en Irak y el escalamiento de las tensiones entre ambos estados y un actor más, Israel.

 En este año, distintas protestas en contra del gobierno iraní por la depreciación de su moneda y el elevado costo de la vida, fueron reprimidas con violencia, lo que le sirvió a la actual administración estadounidense para intentar socavar la credibilidad del gobierno iraní con su pueblo.

 Mientras tanto, la presión internacional se endurecía sobre Irán ante la reticencia y luego negativa, de permitir que la Agencia Internacional de Energía Atómica, inspeccione sus centrales para verificar la suspensión o ralentización en el enriquecimiento de uranio (necesario para la construcción de armas nucleares de destrucción masiva). ¿El argumento? El uranio se enriquece para fines científicos.

 El resto es conocido. Ante el fracaso de las conversaciones en Omán y en el medio de la reunión de partes en Ginebra, el accionar conjunto de los EE.UU, Israel y(solapadamente Arabia Saudí) terminó con la vida de Alí Jamenei y descabezó a la cúpula de su gobierno, lo que provocara la reacción de Irán hacia Arabia Saudí, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Israel y Chipre.

 ¿Qué esperar?

 En primer lugar, necesario es decir que Irán se encuentra en una posición solitaria frente al mundo árabe y luego de sus ataques.

 Si bien dicho país ha cultivado durante décadas un "eje de resistencia" para contrarrestar la influencia de Estados Unidos e Israel en Medio Oriente y convertirse en un gran líder regional (con Hezbollah, los Hutíes, Hamas entre otros) y que en el mundo se ha dedicado a trazar alianzas con países cuyos gobernantes compartían su ideología antiestadounidense (vgr. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, y los expresidentes Bashar al Assad, de Siria, y Nicolás Maduro, de Venezuela), dichas alianzas están muy debilitadas, pues muchos de sus simpatizantes, a los que Irán ha financiado y formado, se encuentran debilitados, algunos han caído y otros están al borde del colapso.

 El problema que enfrenta Irán es sobrevivir ante el ataque armado de los EE.UU. y el posible ingreso de la Unión Europea y Gran Bretaña. No se ha elegido el sucesor del Ayatollah, más allá de la Junta provisional de gobierno formada.

 A pesar de la pérdida de liderazgo, Irán conserva capacidades operativas y tiene la voluntad de utilizarlas. La perspectiva de una mayor escalada regional se cierne ahora sobre la crisis. Desde el punto de vista de los líderes iraníes, si el conflicto se extiende y sus grupos militantes aliados en Oriente Medio se unen a la lucha, Teherán podría obtener cierta influencia para presionar por un alto el fuego o, al menos, evitar una rendición total en los términos que dictan Estados Unidos e Israel. A modo de ejemplo, en el año 2020 Irán destinaba USD 700 millones anuales a Hezbolá y otros USD 100 millones a grupos palestinos, en especial, Hamas.

 Desde otra perspectiva, la presión militar sostenida, combinada con la reanudación de las protestas a gran escala, podría llevar a la República Islámica a un colapso sistémico.

 Si elementos de las fuerzas de seguridad se fragmentan o rechazan órdenes, cualquier proceso formal de transición constitucional podría volverse rápidamente irrelevante, superado por los acontecimientos sobre el terreno.

 Los próximos días revelarán si la Guardia Revolucionaria y otros elementos del aparato coercitivo del país pueden mantener la cohesión en ausencia del veterano líder supremo, prolongando el conflicto más allá de su ya regionalización.

 El Rial (moneda iraní) alcanzó el mínimo histórico el año pasado y la inflación se disparó más del 40%, lo que provocó aumentos exorbitantes en productos básicos. Las sanciones impuestas a Irán por su programa nuclear, agravaron una economía debilitada, que sufrirá aún más las consecuencias de esta crisis militar.

 China y Rusia se encuentran expectantes. El primer país, cuya inversión económica en Irán supera los USD 5 mil millones, ha apoyado a Irán en la defensa de su soberanía. Resta saber si ese apoyo se hace efectivo. China, al igual que Rusia, necesitan del petróleo iraní a precios relativamente cómodos. El cierre del estrecho de Ormuz, por parte de Irán, conspira en contra del libre suministro del crudo hacia esos países, más allá de encarecer el precio del mismo y sus derivados.

 Francia y Gran Bretaña han autorizado el uso de sus bases aéreas en Bahrein. Alemania, por su parte, apoya la decisión tomada. España, por ahora, no se ha plegado a la conducta de sus pares europeos.

 Mientras tanto observamos como la Organización de Las Naciones Unidas aún no han emitido alguna recomendación o se han interesado (a través de sus órganos y organismos especializados) en un cese de las hostilidades pues no es ocioso suponer que, el desarrollo de los acontecimientos, más allá de la precisión quirúrgica de los bombardeos, causarán una crisis humanitaria de importantes proporciones.

 El cierre (temporario o no) del estrecho de Ormuz, por donde circula más del veinte por ciento del petróleo del mundo, supone un problema para el propio Irán, para China y Rusia.

 Por obvias razones, el precio del crudo podría dispararse y con ello el precio de combustibles y derivados en el mundo, lo que conspira contra cualquier gobierno. El interrogante es si Irán mantendrá este cierre (lo que podría favorecerlo en el corto plazo en una hipotética negociación) o si, a contrario sensu, cederá a las presiones de sus aliados zonales.

 Arabia Saudita, aliado estadounidense, en las sombras, es gestor de este conflicto pues su gobierno no ha disimulado en encontrarse en una posición antagónica con Irán. Recuérdese que Arabia Saudita es mayormente musulmán sunnita e Irán chiita). Irán atacó instalaciones de Arabia Saudita. Habrá que esperar la represalia a través de EEUU.

 La República Argentina ha sufrido, en la década de los años 90, dos atentados provocados por la inteligencia iraní. El Jefe de la Guardia Revolucionaria, recientemente nombrado, Ahmad Vahidi, está sindicado como el autor intelectual de ambos atentados y soporta el pedido de la justicia argentina un pedido de captura internacional.

 Como se puede apreciar, la crisis es compleja y se corre el riesgo de que el conflicto se perpetúe en el tiempo. Los EE.UU. buscan otra cosa. Un rápido cambio de régimen, pro occidental y restaurar el comercio en la zona.

 Entiendo que un cambio de gobierno podría ser posible, no obstante, deponer un régimen que lleva más de cuarenta años, no es sencillo. Se necesita mucha inversión y desarrollo, algo que los consumidores estadounidenses no verían con agrado más si ello debilita la economía de este país.

 En noviembre de este año, la administración Trump enfrenta elecciones legislativas. Un dato no menor a tener presente para el supuesto caso (espero que ello no suceda) de prolongarse el conflicto}.

 La ONU debe intervenir. Es el único organismo internacional que podría lograr (mediante el consenso en el Consejo de Seguridad) una salida diplomática a esta crisis, evitando una escalada humanitaria de impensables consecuencias.

 Finalmente, la crisis podría representar una oportunidad para nuestro país. Ello sería así pues, luego que las relaciones se normalicen, podrían las grandes potencias buscar mercados de gas y petróleo que presenten menos conflictos y, en este sentido, Vaca Muerta es una oportunidad que no debe desecharse.

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