Por Andrés Pallaro.
El año de la aceleración del futuro El año de la aceleración del futuro
Todos estamos hablando de lo mismo: el impacto de la ola de cambio y transformación que supone el avance desaforado de la IA y que vemos cada vez más cerca de nuestro metro cuadrado.
Nos preguntamos, con creciente ansiedad: ¿cuánto de lo que hoy hacemos será barrido sin mayor contemplación por artefactos que razonan? ¿Cómo organizaremos nuestras vidas y comunidades bajo este nuevo paradigma de humanos y máquinas bajo modelos de co-inteligencia? ¿Qué será "ser humanos" en una nueva era en la que dejamos de tener el monopolio de las capacidades cognitivas? ¿Superar la escasez que impulsaba el motor de la economía capitalista e ir hacia un estándar de abundancia será el portal de ingreso al cielo o al infierno? ¿Abrir masivamente nuestros trabajos, oficios y profesiones a algoritmos y robots será una nueva oportunidad de vivir y trabajar mejor o será una nueva palanca hacia sociedades quebradas y mayorías irrelevantes?
También te puede interesar:
Una reciente reflexión de Matt Shumer, tecnólogo y fundador de la compañía de IA HiperwriteAI, se hizo viral al reflejar el estado de ánimo colectivo de estos días: "Algo Grande está Sucediendo", publicó en su Blog el 9 de Febrero pasado. Para el autor, llegó el momento de hablar en otros términos de la incursión de la IA en los asuntos humanos. Se terminó el tiempo de las especulaciones y las conversaciones edulcoradas sobre lo que podría suceder. El cambio de era está sucediendo hoy, y si no somos capaces de comprenderlo y actuar en consecuencia, pagaremos un precio muy alto, individual y colectivamente.
Para Shumer, cada vez más personas sentíamos cómo la ola de la IA venía subiendo a nuestro alrededor, pero el 5 de Febrero, con el lanzamiento de las nuevas versiones de modelos de IA de Anthropic (Opus 4.6) y Open AI (GPT-5.3 Codex), el "agua nos ha llegado al pecho". Este párrafo es elocuente: "Ya no me necesitan para el trabajo técnico de mi trabajo. Describo lo que quiero construir, en un lenguaje sencillo, y simplemente aparece. No es un borrador que tenga que corregir. Es el resultado final. Le digo a la IA lo que quiero, me alejo del ordenador durante cuatro horas y, al volver, encuentro el trabajo hecho".
En otra parte de su relato barre con aquel límite que se creía más resistente frente al avance de la IA: "Al probar el nuevo modelo GPT, vi que no solo ejecutaba mis instrucciones. Tomaba decisiones inteligentes. Tenía algo que, por primera vez, parecía juicio. Como buen gusto. La inexplicable sensación de saber cuál es la decisión correcta que la gente siempre decía que la IA nunca tendría. Este modelo lo tiene, o algo tan parecido que la distinción empieza a ser irrelevante".
En la misma línea, un empresario tecnológico muy respetado en Silicon Valley y el mundo entero, como el fundador de Twitter (hoy X) y actual CEO de la compañía Fintech Block, Jack Dorsey, acaba de tomar una decisión estratégica en su empresa, presentada bajo un aura de responsabilidad de acuerdo a lo que se viene inexorablemente.
Dorsey acaba de anunciar la reducción de su fuerza laboral en 4 mil personas, casi la mitad del total. ¿La razón? Inapelable: no se necesitan tantas personas para hacer todo lo que la empresa requiere para organizar y fabricar sus productos y servicios. Nuestra capacidad para afrontar decisiones duras y lúcidas hoy, definirá buena parte de las posibilidades para el futuro humano, según el empresario tecnológico.
No hay situación de crisis comercial o financiera en Block. Y menos aún después de esta decisión que el mercado convalida haciendo subir el valor de sus acciones más de un 25%. Sólo se trata de un sinceramiento que parece brutal, pero que para Dorsey es parte de la honestidad y el coraje para afrontar ahora mismo el trade-off entre dotación de empleados y sustentabilidad empresarial, antes que la ola nos tape y debamos hacerlo de forma más brutal. Es hora de llamar la atención en serio de líderes públicos y privados, buscando preparar los amortiguadores para semejante impacto.
Hasta ahora, las evidencias que distintos estudios van produciendo coincidían en moderar las alarmas: el nivel de exposición de todos los trabajos a la IA es alto, pero no había motivos aún para anunciar una reducción masiva de trabajos humanos. Nuevas tareas humanas, liberación de tiempo para tareas más relevantes para las personas y capa creciente de supervisión cognitiva de las tareas en cabeza de la IA vienen siendo argumentos sólidos a partir de los cuales defender, repensar y potenciar el desempeño humano.
Algo comenzó a cambiar hace algunos meses. Quizás un punto de inflexión pueda ubicarse hace pocos meses en el estudio de uno de los principales expertos sobre estos temas en el mundo, Erik Brynjolfsson (Universidad de Stanford), titulado "Canarios en la Mina de Carbón", que recorrió el mundo entero al demostrar que la penetración de la IA en las empresas norteamericanas era la causa central de la reducción de un 13% en la demanda laboral de profesionales de reciente graduación (entry level workers).
Los mensajes del puñado de grandes actores que moldean la IA global en las últimas semanas (especialmente en el epicentro del debate global que es Davos) completan este panorama de amenaza creciente de la IA para la relevancia de las personas y la sustentabilidad de las organizaciones. Elon Musk, Sam Altman, Sundar Pichai, Mustafá Suleyman, Jensen Huang y Darío Amodei coinciden en profundizar sus predicciones acerca de pronta superación de las capacidades humanas agregadas por parte de la IA.
Es Amodei, CEO de Antropic, quizás el más escuchado por su bagaje científico e intelectual. Afirma que la proyección de la IA generativa podría poner en riesgo el modelo virtuoso de humanos y máquinas trabajando juntos (conocida como "fase centauro" de este proceso) y abrir una instancia donde las máquinas inteligentes puedan trabajar solas, con algún nivel mínimo de supervisión humana, en la gran mayoría de procesos e industrias. Es decir, las máquinas alcanzarían las destrezas para prescindir de sus "jinetes humanos".
Quienes seguimos creyendo que es posible que la Humanidad construya una nueva síntesis virtuosa en medio de semejante vendaval, debemos aceptar, cuanto menos, que lo que llamábamos transición hacia la nueva era hoy tiene un nuevo horizonte: el año 2026 es la ventana que disponemos para delinear respuestas innovadoras y eficaces en los distintos planos donde impacta el fenómeno de la IA. La complejidad es que esto debe hacerse en medio de la alquimia de miradas, intereses, iniciativas y hallazgos que vamos logrando en cada región y a nivel global, sin un Plan rector o entidad global que marque los pasos y bajo una escalada de tensión geopolítica en el juego competitivo de los países más poderosos.
Todo lo que hoy estamos haciendo, sencillamente no alcanza. Pero no se trata de la cantidad de iniciativas de adaptación al cambio que estamos tratando de desentrañar. La gran tarea de este año decisivo que se está comiendo a la transición mas larga que creíamos disponer es calibrar y articular las mejores iniciativas y proyectos que la inteligencia colectiva de cada región, cada país y el mundo entero (aún bajo la convulsión actual) sea capaz de motorizar para lograr, al menos, tres objetivos que podrían dar forma al escenario posible de sociedades equilibradas bajo el paradigma del Tecnohumanismo (tecnología avanzada al servicio de un mayor humanismo) y las economías de sabiduría (basadas en el valor económico de nuevas capacidades humanas apalancadas en el poder polímata de la IA):
Diseñar y probar nuevos modelos económicos y de negocios que funcionen a partir del patrón de la abundancia y no ya de la escasez. Los costos marginales decrecientes avanzan sin parar y la IA avanzada terminará de cambiar las reglas de juego de los negocios en las distintas versiones de sistemas capitalistas. Seguir produciendo, ofertando, vendiendo y cobrando requerirá nuevos modelos de valor, venciendo la habitual carrera por la productividad (quizás ya no tenga sentido) y el push de marketing para vender todo lo que se produce. Hacer negocios en el paradigma de la abundancia será un enorme desafío.
Reinventar el trabajo humano, en todas las industrias, profesiones y oficios. No podemos esperar que suceda espontáneamente, como en anteriores revoluciones tecnológicas de la historia. Esta vez es más transversal, profundo y veloz. El trabajo humano será otra cosa respecto a lo que ha sido en los últimos siglos. Será más contingente, cambiante, hibridado con tecnologías inteligentes, independiente, enfocado más en supervisión que en ejecución. Organizar, regular y remunerar esta nueva naturaleza del trabajo humano requiere hallazgos urgentes, dado que está en juego el sustento y el reskilling de millones de personas.
Recrear los sistemas de cobertura que las sociedades, en general a través del Estado, necesitan para acompañar y apuntalar a los más necesitados, a los que no logran desarrollar o reconvertir habilidades a tiempo o a quienes necesitan segundas oportunidades frente a las reglas de la meritocracia.
Contrariamente a lo que pregonan algunos dogmas relanzados en estos tiempos (sobre todo en Argentina), este cambio de era que transitamos clama por líderes capaces de llevar al Estado (o lo que venga en evolución) a un nuevo lugar: articulador de la inteligencia colectiva, generador de incentivos para que personas y empresas tomen buenas decisiones y catalizador de los excedentes de la productividad tecnológica (cómo vamos a distribuir ingresos si casi todo se fabrica con robots y deja de haber sueldos como ingreso central de las personas).
Puede haber otros desafíos. De hecho, los hay. Pero en estos tres se juega buena parte del futuro que se acelera. 2026 no es un año más en medio de esta revolución digital que lleva tres décadas. Es el año de la aceleración implacable para construir respuestas efectivas a esas preguntas de futuro que nos aturden un poco más cada día.
Para Infobae.








