Antes de tomar el colectivo que lo llevaría hacia sus sueños en Buenos Aires, Radamel se despidió de sus compañeros de colegio en Suncho Corral.
Radamel armó su valija y se fue tras sus sueños Radamel armó su valija y se fue tras sus sueños
Hay decisiones que marcan un antes y un después. Para Radamel "Rada" para los suyos, ese momento llegó ayer cuando subió al colectivo que lo llevó desde Suncho Corral hacia Buenos Aires. No es un viaje más: es el primer paso concreto en la construcción de un sueño que empezó en su pueblo, siguió en las redes y terminó con un encuentro inesperado de Milo J, el artista que lo descubrió y lo puso en el radar de la nueva generación musical.
El adolescente santiagueño, que hasta hace poco dividía sus días entre la escuela y las juntadas con amigos, se muda a Morón junto con su madre, Marcia Coria. Allí continuará la secundaria y, en paralelo, iniciará estudios formales en un conservatorio de música. La apuesta es clara: formación, disciplina y crecimiento artístico.
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"Ya tiene colegio, va a estudiar en un conservatorio también, música, así que va chocho, feliz", contó ayer Marcia, con la voz atravesada por la emoción y la responsabilidad de acompañar a su hijo en esta etapa decisiva.
El origen de una oportunidad
La historia de Radamel no se entiende sin su raíz. Criado en Suncho Corral, en el interior santiagueño, creció en un entorno donde la música era refugio.
El espaldarazo llegó cuando Milo J reparó en su talento mientras grababa los videos para su disco "La vida era más corta". Desde entonces, la vida de este adolescente dio un giro impensado: nuevas oportunidades, contactos y la posibilidad concreta de pensar la música como proyecto de vida.
No solo fue parte de los videoclips de Milo J, sino que lo acompañó en sus presentaciones en el Movistar Arena y luego en Vélez Sarfield. También hizo su debut en el escenario Atahualpa Yupangui, en el Festival Nacional de Cosquín, con Zamba para un Bohemio Guitarrero.
Sin embargo, detrás del brillo hay una decisión profunda: profesionalizarse. Por eso la mudanza no es un salto al vacío, sino un movimiento con propósito.
Radamel viaja contento, aunque con la ansiedad lógica de quien deja atrás su casa, sus afectos y su paisaje cotidiano. "Él no manifiesta, no dice nada, pero calculo que sí se le debe hacer difícil", admitió su madre. La familia tanto del lado materno como paterno acompaña y respalda la decisión, sabiendo que el desarraigo es parte del crecimiento.
"Va a estudiar, a perfeccionarse. Y bueno, hay muchas expectativas, muchos proyectos que en el transcurso de los meses voy a poder ir contando", anticipó Marcia.








