Con el arte ancestral del tejido, es sostén de la economía familiar con sus productos como lo son cientos de mujeres de Vila Atamisquí que desarrollan este oficio. Patrimonio auténtico de Santiago del Estero.
En las manos de Graciela Peralta la magia se hace presente al crear en su telar atamisqueño En las manos de Graciela Peralta la magia se hace presente al crear en su telar atamisqueño
El telar fue la cuna de Graciela Peralta, telera de Villa Atamisqui que, como la mayoría de las mujeres que desarrollan este oficio, es el sostén de la economía familiar en esta geografía histórica de Santiago del Estero, distante 121 kilómetros de la ciudad Capital.
La historia de Graciela es la historia de miles de mujeres de esta tierra resquebrajada por el sol que, día a día, en su telar generan su sustento diario haciéndole frente a cualquier crisis. Con su producción artesanal de tejidos reivindica su origen, su lugar, las costumbres y tradiciones de su tierra.
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"Llevo con orgullo lo que es trabajar con este oficio que empecé desde niña, siguiendo lo que hacía mi madre, Francisca Juárez de Peralta, mis abuelas y mis tías. Voy por todas las provincias para mostrar este arte ancestral. Voy a las ferias que me invitan para representar a Villa Atamisqui y a mi provincia", resaltó Graciela en diálogo con EL LIBERAL.
La herencia familiar es sinónimo de fortaleza para luchar y para que el sustento nunca falte. Ese mandato familiar es para Graciela una motivación para seguir adelante y hacer frente a las vicisitudes de la vida. Como lo fue para su familia, es también hoy para Graciela es también un medio de trabajo, que ella valora y pontifica.
El arte del tejido lo aprendió en su casa en forma natural. "Fui aprendiendo en mi casa porque mi madre tejía, Ayudábamos con mis hermanos. Eso lo fui aprendiendo y mi propia casa era mi propia escuela. Este saber no se lo aprende en un colegio", remarcó.
En cuanto a las técnicas, al igual que los tintes naturales, Graciela destacó que las fue "implementando sola. A las técnicas las traemos también de ver y de aprender o de explicarnos entre teleras como se hace tal o cual técnica".
La magia se presenta siempre a la hora de crear en las mujeres atamisqueñas. Y, particularmente, en el caso de Graciela, en el telar, valiéndose de sus conocimientos heredados y de elementos que la naturaleza le brinda, teje desde mantas hasta ponchos y desde hace poco ruanas, poncho de colores, ropa, caminos de mesa, "infinitas cosas".

Lo generado en su telar, ubicado en un sitio privilegiado de su hogar, le permitió a Graciela y su familia construir su casa. "Es un trabajo del que vivo y puedo aportar dinero en mi casa, mantener el hogar, criar y educar a mis hijos", puntualizó.
Graciela está orgullosa de ser continuadora de una tradición que es también sinónimo de identidad, de memoria y de supervivencia. "Este oficio lo llevo con orgullo. Me ha ayudado económicamente como también conocer otras mujeres teleras de otras provincias. Con esto sigo adelante y, a pesar mis 54 años, sigo trabajando", subrayó.
Graciela llevó sus trabajos a Bariloche, el Festival de la Vendimia (Mendoza), en Misiones, Entre Ríos y Tecnópolis (Buenos Aires). Es madre de Florencia Soledad y Paula Belén Ybarra quienes saben tejer en el telar, pero se dedican a otra cosa.
Custodia de una identidad y de un patrimonio que hace único a esta región de Santiago del Estero, para Graciela es un orgullo mantener viva esa identidad cultural El trabajo manual y el saber transmitido por generaciones cuentan en Graciela, y en miles de mujeres atamisqueñas, a bastiones inexpugnables que defienden una tradición ancestral que no muere sino que se revitaliza en estos tiempos modernos.








