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Murió Ernesto Cherquis Bialo: periodista de raza, polémico y frontal

Tenía 85 años y padecía leucemia. Su partida marca el final de una era del del periodismo deportivo gráfico.

20/03/2026 22:41 Espectáculos
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El gran y reconocido periodista Ernesto Cherquis Bialo escribió este viernes a las 21.56 el punto final de su página de vida. Tenía 85 años y padecía leucemia.

Ya el año pasado debió ser internado en el hospital Alemán de Buenos Aires a causa de ese mal. La gravedad de su cuadro motivó pedidos públicos de donantes de sangre y generó una ola de apoyos y oraciones entre colegas y seguidores.

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"Soy un contador de historias y las veces que me designaron para hablar con motivo de algún reconocimiento, el sujeto era el otro porque nuestra vida es el otro". Así se expresó un año atrás en la Legislatura porteña, al ser distinguido como un "ilustre" en el ámbito de la cultura. Y ya curtido por el paso de tantas batallas, recordando tantos años con las coberturas de lujo, como cronista -y confidente- de los más grandes deportistas de la historia (Muhammad Ali, Bobby Fischer, Pelé, Diego Maradona y tantos otros).

Cherquis Bialo había nacido el 30 de septiembre de 1940 en Montevideo, en una familia de inmigrantes polacos, que venían huyendo de los horrores en su país -los progromos antisemitas y luego la invasión nazi- y que tenían como propósito llegar hasta Buenos Aires. Al igual que tantos compatriotas. Y que lo concretaron al poco tiempo, con un Cherquis que pudo vivir su infancia en nuestra capital y que desde entonces siempre se reconoció un auténtico porteño.

Aquellos fueron años difíciles y de privaciones, en humildes casas de Almagro y con un Cherquis que hasta se atrevió a practicar boxeo en clubes de barrio, recordando que uno de sus profesores llegó a ser nada menos que Luis Ángel Firpo… Pero al mismo tiempo se había entusiasmado por la lectura, que sería la base fundamental para su desarrollo periodístico. Formó parte de la primera generación de egresados del Círculo de Periodistas Deportivos, a comienzos de los 60, y su primer trabajo fue una pasantía en Clarín.

Poco después tuvo la oportunidad en El Gráfico, la revista deportiva más importante del país, fundada en 1919 y que, a partir de los años 60 y por largo tiempo, sería la marca por excelencia en ese género, inclusive a nivel mundial. "De aquella primera generación que llegamos como pasantes a El Gráfico, quedamos Héctor Vega Onesime y yo", contó Cherquis. Y en la década del 70, luego del período de Carlos Fontanarrosa (también creador de Gente), Vega Onesime asumió la dirección con Cherquis como co-editor general.

Del ambiente bohemio pero también de la tarea inicial como pasante de esos primeros tiempos, evocó el año pasado en una entrevista para La Nación: "La escuela empezaba en la redacción: primero tenías que clasificar fotos, ponerlas en sobres en los archivos, aprender a leer textos, quedarse de guardia, acompañar al profesional para ver cómo trabajaba. Los deportistas te recibían en su casa con las mejores pilchas, la casa impecable, te presentaban a la familia y el fotógrafo podía ir al lugar más recóndito. Era para El Gráfico. No había intermediarios ni agentes de prensa ni influencers, se arreglaba directamente en el vestuario el domingo para ir el lunes o el martes. Después te llegaría cubrir algo según tu especialidad, al deporte que eras más proclive. Pero tenías que tener cultura deportiva. Si te pedían el sobre de Roberto De Vicenzo y vos no sabías quién era, estabas listo".

En la misma entrevista consideró que "el juego más bello del mundo es el fútbol, pero nunca me interesó para comentarlo ni interpretarlo, sí para verlo y disfrutarlo. Cuando tuve que elegir sobre qué escribir, cuando me lo permitieron, dije que lo que más me importaba eran las historias, más que los hechos que están a la vista de todos. Las historias hay que descubrirlas y rescatarlas. 'Soy un escritor de historias o intentaré serlo', le dije a Fontanarrosa, nuestro director, un genio, un adelantado. El quedó muy impresionado de que me interesara eso más que lo técnico".

Cherquis -así como los miles de lectores que El Gráfico cosechó en aquellos tiempos- guardaron el recuerdo de sus grandes coberturas. Casi todas las peleas relevantes de aquellas décadas como la épica Ali-Foreman en el Zaire (1974) o Ali-Bonavena en el Madison Square Garden en 1970.

Cherquis recordó hasta el final cada detalle de la aventura de Ringo -había acompañado desde las gestiones para conseguir esa pelea- y contó sobre el desenlace, después de la conmovedora entrega del argentino hasta el último round: "Recuerdo que después de una hora y media en la que Ringo tuvo las manos dentro de un balde colmado de hielo, salimos a la calle para regresar al hotel. Había que cruzar la 7.ª Avenida. Nevaba en Nueva York y 20 argentinos con su banderita lo esperaban para felicitarlo, para sacarse una foto o pedirle un autógrafo. Detrás de unos lentes negros quedaba un rostro congestionado, lleno de heridas y hematomas. Costó muchísimo cruzar esa avenida llevándolo en vilo entre 4 que nos alternábamos pues su cuerpo, exhausto, pesaba más. Subir los escalones hasta la puerta del Statler Hilton Hotel fue realmente una proeza. Al llegar por fin al lobby y arrastrarlo hasta el ascensor logramos abrir la puerta de su habitación. Se tiró en la cama sin quitarse los lentes repitiendo una y otra vez. "Guapié, ¿no?". Todo cuanto le interesaba luego de haber tenido en vilo a la Argentina era el esdrújulo consuelo de la dignidad. Hoy, al evocarlo retomo la fina copa de champagne, la elevo, vuelvo a mirarlo a los ojos y brindo: salud Ringo, aquella noche fuiste más grande que nunca…"

Aun cuando el boxeo o el fútbol requerían las coberturas más amplias, Cherquis estuvo en los grandes acontecimientos de casi todas disciplinas, como los Juegos Olímpicos de Montreal 76 o Los Angeles 84. Y un capítulo especial fue "el match del siglo" del ajedrez, entre Bobby Fischer y Boris Spassky en Islandia, en 1972.

Así describió el comienzo de la serie de partidas que cautivaron la atención mundial como ningún otro match de ajedrez en la historia: "Fue como si me hubiera despertado de un largo sueño. O como si aún estuviera soñando. Me vi en una sala inmensa, silenciosa y expectante. Alrededor, unas dos mil quinientas personas ubicadas en butacas y sillas; arriba, un techo con pentágonos blancos y negros cubriendo la forma cupular; en el piso una gruesa alfombra para amortiguar el sonido del -tránsito humano; al frente, un escenario con imponente cortinado blanco, cinco adornos florales de pie, un escritorio para el árbitro aislado por un biombo, un tapiz verde cubriendo todo el piso y una alfombra blanca en la superficie ocupada por la mesa de juego y los dos sillones, reclinables y movibles. Eran las 5 y 2 minutos de la tarde. Bobby Fischer y Boris Spassky ya tendrían que estar allí. Allí, frente a mí. ¿No es un sueño? (…)."

Con las coberturas de los grandes acontecimientos, con un plantel de grandes profesionales -desde sus editores hasta sus cronistas, fotógrafos y diseñadores- El Gráfico se convirtió en una potencia propia del deporte argentino, con ventas de centenares de miles de ejemplares cada semana (que llegaron a picos de medio millón o aún más con la coronación en los mundiales de fútbol del 78 y 86). También, para los deportistas, alcanzar la tapa de El Gráfico era coronar un sueño.

Sobre su seudónimo Robinson -que testimoniaba su admiración por el notable Sugar Ray- reveló: "Fue una propuesta de Vega Onesime para mi segunda etapa en El Gráfico. En 1968, me fui para trabajar en la radio y volví en 1971. El Gráfico no admitía que volvieran los que se habían ido. Como una excepción, me lo permitieron pero sin firmar con mi nombre. Constancio C. Vigil, para quien guardo toda mi gratitud, me lo permitió. Y Vega agregó el seudónimo Robinson (por mi admiración a Sugar Ray Robinson) y así quedó hasta que asumí como director en 1982, cuando volví a usar mi nombre".

Su retiro de El Gráfico se produjo el último día 1990. Fue docente en la UCA y ejerció como profesor titular en "Fuentes de información y nuevas tecnologías". Ocupó puestos gerenciales en Telefé, Torneos y Competencias y en Radio Rivadavia (aquí en uno de los revival de su clásico La Oral Deportiva) durante los años 90. En los últimos tiempos, se desempeñó como columnista en Infobae: uno de sus exalumnos de la UCA, Daniel Hadad, ahora propietario de Infobae, lo había convocado.

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