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Por Malvinas: el día que un periodista santiagueño hizo una pregunta incómoda a Bignone y fue preso

La memoria viva de Emilio Marcelo Jozami, recuerda un hecho que con el paso del tiempo cobra más relevancia.

Jozami y sus años como soldado del Ejército Argentino

Jozami, y sus años como soldado del Ejército Argentino.

02/04/2026 18:36 Santiago
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Por Neri Casazola

1982, Salta. El salón estaba en silencio, cargado de ese aire espeso que tienen los lugares donde se toman decisiones importantes. Uniformes, miradas tensas y un murmullo contenido. Emilio Marcelo Jozami, con apenas 18 años, se acomodó entre periodistas y funcionarios sin saber que ese momento quedaría tatuado para siempre en su memoria. Afuera, el país todavía respiraba el eco reciente de la guerra. Adentro, la historia caminaba con nombre y apellido.

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En ese mismo contexto, el 2 de abril de 1982 a Jozami lo había sorprendido cumpliendo el Servicio Militar Obligatorio en el Hospital Militar de Salta. Como tantos otros jóvenes, vivió días de incertidumbre, con la posibilidad latente de ser enviado al sur. No ocurrió. Pero la guerra, aunque lejana en geografía, se le metió igual bajo la piel. A esa edad ya ejercía el periodismo: era corresponsal del diario NORTE de Chaco en Taco Pozo, donde vivía junto a sus padres, Emilio Jozami y Laila Nassif, y su hermana Marcela. También colaboraba con medios salteños, como El Intransigente y El Tribuno.

La caída del general Leopoldo Fortunato Galtieri y la llegada de Reynaldo Benito Antonio Bignone marcaron el cierre de una etapa oscura. Jozami no era ajeno a esos nombres: años antes, en 1978, había entrevistado a Galtieri en Fuerte Esperanza. Pero sería otro encuentro el que lo marcaría profundamente. El 30 de septiembre de 1982, en Salta, durante una reunión de gobernadores encabezada por Bignone, le tocó vivir un episodio que aún hoy, 44 años después, vuelve con fuerza cada vez que el calendario señala el 2 de abril. Una pregunta que Jozami hizo incomodó a Bignone; y al regresar al Hospital Militar quedó detenido unos días, hasta que lo trasladan a San Antonio de los Cobres y finalmente le otorgaron destino al sur de Córdoba.

El tiempo pasó, pero la memoria no negocia. En 1983, en Santiago del Estero, Jozami volvió a ver a Bignone. Fue en una conferencia de prensa en Casa de Gobierno. Se sentó en primera fila, en silencio, sin preguntar. Cuando todo terminó y ya se retiraba, una voz lo detuvo: "El general quiere saludarte". Era el vocero presidencial, Eduardo Maschwitz. Se acercó. Hubo un apretón de manos, un abrazo inesperado, y una charla breve, distendida, muy distinta a la rigidez de aquel encuentro en Salta. Bignone sonreía. Recordaba.

"Final feliz para una historia que hoy todos recuerdan, gracias a Dios", dice el "Bedu" Jozami, a quien todos queremos y admiramos. Y en esa frase hay algo más que alivio: hay memoria, hay juventud atravesada por la historia, y hay un periodista que, incluso sin saberlo, ya estaba donde tenía que estar. En esta charla amena y profunda, recuerda aquel acontecimiento histórico:

-¿Cuánto tiempo has pasado cómo conscripto después de aquél episodio?

Un años más sume a mi etapa de conscripto tras aquél episodio. Había ingresado en septiembre de 1981 y me dieron la baja en octubre de 1983 tras haber pasado por dos destinos más al lugar original en el que inicié el Servicio Militar Obligatorio. Lo había iniciado en el Hospital Militar de Salta y lo terminé en el entonces Grupo de Artillería 141 (GA 141) en San José de la Quintana, Córdoba, Antes había pasado por San Antonio de los Cobres (ciudad situada a 164 km al noroeste de la ciudad de Salta y a una altitud de casi 4.000 msnm), Una vez que me dieron la baja definitiva, regresé –cuando vivíamos con mis padres en esa época- a mi casa en Taco Pozo (Chaco). 

- ¿Tienes algún recuerdo puntual de su mirada, algo que te haya interpelado?

El visible enojo por el tenor de la pregunta, la firmeza de su voz, la mirada penetrante y la elegancia para no responder lo que le había preguntado. De todos modos, esa voz tronitosa, esa mirada firme, serenidad y la diplomacia para responder sin decir nada es la que mantuvo durante toda la conferencia de prensa que se realizó el 30 de septiembre de 1982, en el salón principal de un barroco edificio donde hoy funciona la sede del gobierno salteño. La guerra de las Malvinas, que había comenzado el 2 de abril de 1982, había concluido el 14 de junio de ese año. Tres meses después, Bignone llegaba a Salta para el cierre de la reunión de gobernadores que allí se realizó en ese mes y año.

-¿Algún gesto de algún compañero del Servicio Militar, de algún colega tras lo ocurrido?

Siempre he recibido, hasta el día de hoy aún, a 44 años de aquél hecho, gestos de apoyo de excompañeros del Servicio Militar Obligatorio y de colegas de Salta y del país pues el impacto que tuvo el hecho trascendió las fronteras. Uno de mis colegas me dijo: "Huevos, eh". Otro de ellos me remarco: "Debes cuidarte". Mis excompañeros, con quiénes hoy sigo teniendo contacto, destacaron el valor de la pregunta en un contexto ominoso. Cuando salí de la conferencia de prensa, aquél 30 de septiembre de 1982, lo hice tranquilo y me dirigí a la parada del colectivo de transporte urbano para regresar al Hospital Militar Salta. Cuando llegué a la unidad militar, el jefe de la misma me preguntó qué pasó. Le expliqué. Seguí desempeñando mis tareas sin ningún problema. En ese contexto, en reiteradas oportunidades, fui indagado por autoridades militares. Al comprobar que no había intencionalidades algunas en la pregunta, no volvieron a interrogarme. Más allá de los traslados de destinos, gracias a Dios, no me pasó nada. 

- ¿Qué ha significado todo ese acontecimiento para vos siendo tan joven y del interior? 

El tema Malvinas siempre me preocupó (aún hoy y siempre). No entendía porque se mandaba a la guerra a bisoños que ni siquiera habían tenido una instrucción militar acorde. Meses después de concluir la conflagración con el Reino Unido de Gran Bretaña, su principal impulsor, Leopoldo Fortunato Galtieri, reconocía que la pérdida de la batalla en las Malvinas se debía a un error de cálculo. Quería que le explicasen a la gente la razón de esa pelea de David contra Goliat, del más débil contra el más fuerte. Bignone no respondió absolutamente nada de lo que yo imaginaba que iba a dar una explicación concreta, y sincera de lo que sucedió en ese enfrentamiento bélico cuyas heridas abiertas aún no han cicatrizado. Hay una frase de él que reflejó fielmente de que no iba a tener la respuesta: "Comprendo su juventud, su entusiasmo, valoro sus inquietudes, pero discúlpeme su condición de soldado me inhibe a mí como presidente y General contestársela", me dijo Bignone. Síntesis perfecta de que en el tema Malvinas valía el silencio por sobre la explicación. Un silencio que hoy, aunque se hace mucho ruido y pocas nueces en las altas esferas, continúa. 

Nunca me intimidó la respuesta del general Bignone, donde hizo prevalecer la jerarquía y obediencia militar, que no está mal porque al ser soldado, tal como me presenté, es lo que correspondía, pero agregué mi condición de periodista y eso desencadenó una respuesta amorfa. Nunca tuve miedo por lo que hice. Estoy orgulloso de ello. Nunca me asusté. Me mantuve firme en el lugar donde estaba con la convicción de que en algún momento iba a dejar de lado la verticalidad de sus palabras para contestar lo que le había requerido. Jamás tuve miedo de nada. A la hora de formular la pregunta lo hice con tranquilidad que me da una conciencia limpia, pura. 

-¿Cuál es tu mensaje?

Hasta el día de hoy sigo pensando si qué bueno hubiera sido que el general Bignone hablara sobre Malvinas, que pusiera luz ante tanta oscuridad reinante sobre un tema tan caro a los sentimientos de los argentinos. Pero, nada de eso sucedió. El lenguaje de las armas no soluciona nada. Debe primar el entendimiento con el diálogo. Aún recuerdo las palabras del general Martín Antonio Balza, veterano de Malvinas y ex jefe del Estado Mayor del Ejército (1991-1999) cuando, en una entrevista que le hice en Mar del Plata y yo ya como periodista de EL LIBERAL. En aquella oportunidad, enero de 2013, el general Balza remarcó lo que siempre vino diciendo sobre la guerra con Inglaterra: "Yo siempre digo que Malvinas fue una causa justa en manos bastardas, se jugó con esa causa; posteriormente los veteranos de guerra son reconocidos porque se peleó por una causa nacional y se peleó por un sentimiento; porque Malvinas fue, es y será un sentimiento de todos los argentinos".

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